Russian Red, la estrella fugaz brilla de nuevo en Madrid

Fiel a su promesa de «actuar solo cuando el acto artístico permanece puro», Russian Red da ya muy pocos conciertos en España. En esta ocasión le ha dado la exclusividad al festival Las Noches del Botánico, al parecer el único que le ha ofrecido las condiciones adecuadas para desarrollar su propuesta en directo. Su idea, presentada con el shakesperiano título de «Un sueño de verano», era recrear un mundo onírico fusionando pop con danza contemporánea, videoarte e instrumentos clásicos.

Aún caían algunas gotas y se veían rayos en el horizonte cuando Lourdes Hernández salió al escenario. Con casi tres cuartos de hora de retraso, debido precisamente a un chaparrón que obligó a detener durante unos minutos el concierto telonero. Con la atmósfera fresca y el público expectante, la madrileña subió a las tablas decidida y confiada, a pesar de que una afonía de última hora le había tenido de los nervios durante los últimos dos días. Nos lo contó su abuela Juliana (aunque a ella le gusta que le llamen Julia), mientras esperaba la actuación de su nieta en las gradas. «Está muy ilusionada con este concierto, pero le han tenido que poner hasta una inyección. Espero que esté recuperada, que seguro porque menuda es ella».

Vaya si lo estaba. Las proyecciones mostraban imágenes de ella en la playa, recogiendo el sonido de las olas con un micrófono, mientras el sonido de una pequeña orquesta de estética angelical y su banda comenzaba a empapar el recinto. Dos bailarinas añadían plasticidad al escenario cuando Lourdes emergió con un vestido de fantasía para hacer volar su voz con «Neruda».

Algunos recordamos en ese instante sus primeros conciertos en Madrid, cuando esa garganta iba epatando de local en local prometiendo grandes cosas para su dueña. Ella decidió ser una estrella fugaz, pero si viene de vez en cuando a ofrecernos conciertos como el de anoche, aunque solo sea el inicio que desplegó ayer, seremos afortunados.

El público enmudeció ante el «I want to break free» que arrancó casi a capela, acompañada de un bajo al que luego se fue sumando el resto de músicos. Ella, flanqueada por sus bailarinas-performers, empezó a soltarse y a ejecutar una sabia reducción de solemnidad. La comunión con sus viejos fans, aquellos «indies» de la añada 2008, había empezado.

«Llevo un montón de tiempo soñando con esta noche», dijo antes de ponerse cursi para presentar «Conquer the world»: «Si soñamos todos lo mismo, conquistaremos el mundo». Pero esas cosas dan lo mismo cuando el talento sigue ahí, con esa dulzura y fuerza de tesitura intacta en «Everyday, everynight», «Fuerteventura», «Michael P», «Casper» y «Mi canción 7». Tras una segunda pieza visual y la entrada de un atrezzo de esferas metálicas (se esperaba algo más en ese aspecto, ciertamente), Lourdes volvió al escenario para rematar con joyitas como «A hat», «Loving strangers», «I hate but i love you», «The sun, the trees» o «Cigarrettes» todas con nuevos arreglos, trazando un repertorio que puso el broche de oro a una noche que ya había empezado con muy bien pie. Y es que antes de que Lourdes Hernández tomara al escenario, los brillantes Rufus T. Firefly ofrecieron un recital con once versiones de once canciones de diferentes artistas que les cambiaron la vida, como Radiohead o Tame Impala (la interpretación de «Elephant» fue calcada: se nota que la neopsicodelia es lo suyo). Que al final invitaran al escenario a su amigo Jero Romero para tocar «Copenhague» de Vetusta Morla redondeó la velada de cierre de un festival consolidado, siempre elegante en cartel y cada vez mejor organizado, sin el que ya no se entienden los veranos en Madrid.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!