Rosario Porto, la madre depresiva que defiende su «dignidad»

La personalidad de Rosario Porto ha estado en el punto de mira desde que el cuerpo de su única hija apareció en una cuneta en septiembre de 2013. Su primera reacción tras denunciar la desaparición fue relatada en el juicio por los agentes que acompañaron a los padres durante esa larga madrugada. Porque ya en esos primeros impases, el comportamiento de la abogada y sus declaraciones la delataron como sospechosa. Algo no les cuadraba a los policías que se encargaron de las pesquisas, y que revelaron que la noche del crimen «la madre dormía mientras se buscaba a su hija».

Durante el dilatado proceso por el asesinato de la menor, Rosario Porto, nacida en una familia compostelana de renombre, negó en todo momento la autoría del crimen. Nunca encontró una explicación lógica para lo ocurrido, pero tampoco reconoció ninguno de los hechos que se le imputaban. Sobre la relación con su hija, una niña sobredotada que acudía a clases de ballet, violín y chino, Rosario Porto siempre ha manifestado su amor incondicional por Asunta, a la que sigue obsequiando con una esquela en prensa en cada aniversario de su muerte. La solicita y la abona desde prisión a través de su abogado.

Ella y Alfonso Basterra adoptaron a Asunta para cumplir su deseo de ser padres (Porto padece lupus y no se le recomienda un embarazo), pero con el paso de los años la crianza de la niña pudo con Porto. El último verano de la pequeña lo pasó distanciada de su madre, que se recuperaba de una depresión grave. Un episodio que no era nuevo para ella y que incluso obligó a su internamiento en un centro psiquiátrico de la ciudad años atrás, tiempo durante el que el padre cuidó de Asunta. Sobre los problemas psicológicos de la abogada, una de las claves del caso, los forenses que se entrevistaron con Porto reconocieron que presenta «rasgos de personalidad de tipo obsesivo-compulsivo» con «síntomas aislados de depresión». También el psiquiatra de cabecera de Rosario explicó que la primera vez que ingresó en la clínica, a la santiaguesa le constaban «antecedentes de un intento de autoeliminación», fruto de un grave episodio depresivo.

Sobredosis de pastillas

Entre rejas, esta tendencia a la depresión parece no haber menguado. Rosario Porto pasó los primeros meses de su condena -18 años por asesinato- en la cárcel coruñesa de Teixeiro, donde llegó a coincidir con su marido e incluso a intercambiarse correspondencia. Después fue movida a A Lama, en Pontevedra. Pero para evitarlo, el día antes de su traslado, la madre de Asunta se atiborró de pastillas. El incidente no pilló por sorpresa a los funcionarios, que ya habían neutralizado dos sobredosis más de fármacos antes del juicio.

El de la pasada semana fue el último intento de Porto por atentar contra su vida, aunque no está del todo clara su finalidad teniendo en cuenta que fue ella la que avisó a su presa de compañía. Entre rejas, Porto pasa el día leyendo y escribiendo y no recibe apenas visitas de su círculo, que le dio la espalda en cuanto la autoría del crimen empezó a aclararse. Cumplida la cuarta parte de la condena, es posible que la primera salida de Rosario a la calle no esté lejos, aunque su situación es poco halagueña. La casa familiar de Teo donde se cree que murió Asunta lleva años en venta sin que por el momento encuentre comprador y la abogada no cuenta con respaldo económico ni familiar alguno.

La soledad también acompaña a Porto intramuros de A Lama, donde en un primer momento fue muy mal recibida por las internas, que llegaron a insultarla y arrinconarla, al igual que había sucedido en Teixeiro. De ahí que el protocolo que obliga a una presa de compañía se mantengan cinco años después de su primer ingreso en la cárcel, al igual que su tratamiento médico. Sobre su futuro, el abogado de la madre de Asunta llegó a reconocer en declaraciones a ABC que «Rosario Porto no gozará de permisos porque no va a reconocer el crimen. Y no lo va a hacer porque, como ella dice, solo le queda su dignidad».

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