Rodríguez Larreta atenúa la intervención a los hospitales: no tendrán CEOs, sino vicedirectores

El jefe de Gobierno atenuó su idea inicial de disponer la virtual intervención de los 32 hospitales de la Capital Federal mediante la designación de gerentes Fuente: Archivo – Crédito: Rodrigo Néspolo / LA NACION

Horacio Rodríguez Larreta aceptó negociar. Casi dos meses después de disponer la virtual intervención de los 32 hospitales de la Capital Federal mediante la designación de gerentes, una decisión que provocó rechazo en los principales centros de salud, el jefe de Gobierno porteño atenuó su idea inicial: publicará en las próximas horas un nuevo decreto que indica que los “directores de Gestión Administrativa”, el cargo que desencadenó la controversia, estarán un escalón por debajo de los directores médicos tradicionales de cada hospital y no a la par, como estaba previsto originalmente.

Las protestas surtieron efecto: los médicos seguirán teniendo la última palabra. “Vamos a ver qué sale en el nuevo decreto, no podemos decir que aceptamos o no”, dijo a este diario el director de uno de los hospitales. La solución insumió largas conversaciones con ellos y con los gremios .

El gobierno porteño había resuelto el nuevo esquema para mejorar el desempeño de un sistema que es deficitario por definición y al que cree mal administrado: menos del 5% de la atención se cubre con fondos propios de cada establecimiento, que surgen de pagos de obras sociales y prepagas, y el resto viene de Rentas Generales de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo además de la adquisición de equipamiento.

La norma, publicada el 5 de diciembre en el decreto 409, disponía la designación de lo que en los hospitales llamaron con ironía “CEOs”: 20 directores generales, no necesariamente médicos, que actuarían como interventores de cada hospital con atribuciones superiores a las de los directores tradicionales. Según la norma, los 16 hospitales más importantes tendrían cada uno un director asignado, mientras que los restantes 16 quedarían en manos de los otros cuatro nuevos funcionarios.

La discusión es en realidad de fondo. Hace tiempo que el gobierno de Rodríguez Larreta busca mejorar la atención de los pacientes con un modelo de gestión que tiene nombre y apellido e irrita en algunos centros de salud: el del Hospital Italiano , una asociación sin fines de lucro fundada en 1853 por la Sociedad Italiana de Beneficencia, de histórica relación con empresarios de origen italiano en la Argentina, entre ellos, la familia Macri.

En el resto de los hospitales dice que la comparación es injusta. Y no sólo se oponen ideológicamente a criterios que atribuyen el universo de la medicina privada, sino que ven detrás de la idea la mano de Fernán González Bernaldo de Quirós, vicedirector del Italiano y asesor de Rodríguez Larreta. Quirós, también médico, estuvo en 2015 muy cerca de convertirse en el ministro de Salud porteño, pero su nombramiento se frustró principalmente por el rechazo de los gremios , que lo ven desde entonces como un “funcionario en las sombras” y de atribuciones que exceden a las de la ministra del área, Ana María Bou Pérez, una médica que llegó al cargo luego de desempeñarse como subdirectora del hospital Ramos Mejía.

“El que va a salir es un decreto consensuado”, adelantaron en el gobierno porteño, donde se aprestan ahora a la segunda etapa de negociación: el Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (Sutecba), en cuya conducción permanece desde hace 35 años Amadeo Genta, ha pedido tener participación en la designación de los gerentes. El otro gremio, Asociación de Médicos Municipales, que encabeza el obstetra Jorge Gilardi, bajó últimamente el perfil y parece haber aceptado las nuevas condiciones desde que se enteró de la modificación más sustancial del decreto: los nuevos gerentes tendrían rango de vicedirector, por debajo de los directores tradicionales. “Aceptamos todas las recomendaciones, pero los postulantes van a tener que cumplir con los requisitos de idoneidad que pretendemos”, dicen cerca de Rodríguez Larreta.

La relación venía tensa y no sólo por el fallido decreto. En los hospitales perciben, con razón, cierta desconfianza del gobierno en el modo en que administran. Dicen además que en diciembre se enteraron cinco días tarde del decreto y que María Florencia Piñero, la funcionaria que Rodríguez Larreta designó el 17 de enero al frente de la Unidad de Ejecución de Proyectos Especiales, dependencia que se ocupa de las obras de infraestructura en los hospitales, se mueve sin consultarlos. “Viene, habla con el gerente operativo y ni siquiera pasa por la dirección. Acá los pliegos nunca eran vistos por los funcionarios”, se quejaron en un centro de salud.

Rodríguez Larreta ha preferido manejarse hasta ahora con una estrategia silenciosa, aunque no exenta de rectificaciones. Hace unos días, por ejemplo, revocó otra decisión de diciembre, también resistida en el sector: le había dado a Nicolás Montovio, subsecretario de Administración del Ministerio, el manejo de los centros de salud de atención primaria que dependen históricamente de los hospitales.

Un clásico del jefe comunal: avanzar hasta donde pueda, sin confrontar en exceso, incluso con sectores a los que les cuestiona aspectos medulares. En este caso, injerencia gremial en áreas que requieren criterios médicos, gastos innecesarios en compras de medicamentos o prótesis y, no menos difícil de revertir, desidias administrativas de raíz cultural como la de no pedirles el carnet de la prepaga a pacientes que la tienen sólo porque el hospital es gratuito.

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