Robles se desmarca de Marlaska con otra ausencia en un acto solemne de la Benemérita

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Margarita Robles, ministra de Defensa, y Fernando Grande-Marlaska, de Interior, proceden del mismo ámbito, la judicatura, y su relación era cordial. Ambos, además, estaban condenados a entenderse, porque ambos departamentos trabajan muchas veces juntos –en el caso de la Guardia Civil es algo, obvio, por su carácter militar– y las relaciones entre sus cuadros son estrechas y, por lo general, cordiales. Sin embargo esa habitual sintonía entre ambas carteras ha saltado por los aires y en la actualidad Robles y Marlaska mantienen un enfrentamiento cada vez menos disimulado.

El último ejemplo de ello se produjo hace 48 horas, con motivo de la toma de posesión del nuevo director adjunto operativo del Instituto Armado, Pablo Salas, y del jefe del mando de operaciones, Félix Iglesias, a la que no asistió la ministra, a pesar de que ambos mandos tienen una dependencia orgánica de ella. Por supuesto, alegó problemas de agenda, eufemismo en el que cabe cualquier cosa y que podría ser aceptado si no fuera porque tampoco acudió a la toma de posesión de la primera mujer que se ponía al frente de la Guardia Civil, María Gámez, algo especialmente significativo en un gobierno como este. En ambos casos fue el Jemad el que representó a Defensa; ni siquiera estuvo el secretario de Estado.

Primer choque

¿Qué es lo que ha pasado para que se haya producido este distanciamiento? Las fuentes consultadas por ABC arrancan la historia en el nombramiento de Félix Azón como director general de la Guardia Civil, impuesto por Robles. Marlaska nunca lo sintió de su equipo, y en cuanto tuvo oportunidad, inmediatamente después de su toma de posesión tras las elecciones, lo destituyó y eligió sucesora al frente del Instituto Armado sin contar con la opinión de su compañera.

También en el relevo de Félix Sanz Roldán al frente del CNI hubo un enfrentamiento soterrado. Para ese cargo sonó con fuerza la que fuera secretaria de Estado de Seguridad en la primera etapa de Marlaska, Ana Botella, de la que también prescindió a la primera oportunidad. La dirección de los servicios de Inteligencia es uno de los cargos más sensibles que hay en el Estado y Robles dio la batalla, y la ganó, para nombrar a alguien de su máxima confianza; mujer, además, lo que era algo histórico. La elegida fue Paz Esteban, que ya ocupaba el cargo desde meses antes de forma interina y que tenía un encaje perfecto en Defensa. El ministro del Interior, que aspiraba a que ese cargo lo ocupara alguien más cercano, vio frustrados sus deseos.

Pero aún hay mucho más mar de fondo. En plena crisis del coronavirus, los dos ministros fueron incapaces de ponerse de acuerdo en la puesta en marcha de patrullas conjuntas entre militares y Fuerzas de Seguridad, anunciadas a bombo y platillo por el Gobierno. No solo eso, Interior se sintió invadido en sus competencias por esa reiterada presencia militar en las calles, que superaba con creces la lógica de la Unidad Militar de Emergencias y que incluso provocó problemas sobre el terreno, ya que los miembros de las Fuerzas Armadas no estaban autorizados, por ejemplo, a pedir la documentación a los ciudadanos y en ocasiones lo hacían. Alguna vez tuvo que intervenir la Policía y la Guardia Civil para arreglar el desaguisado.

Marlaska estaba muy molesto por esa forma de actuar del Ejército, hasta el punto de que en Interior se tenía la sensación de que Robles había ordenado desplegar una gigantesca operación publicitaria para ganar posiciones de cara a las partidas presupuestarias de su departamento.

Más experiencia

La ministra de Defensa, que ha demostrado ser mucho más hábil que el ministro del Interior en el manejo de los tiempos —le ayuda su larga experiencia política—, en momento alguno entró en discusiones y se dedicó a lo suyo. Eso sí, cuando se produjeron acontecimientos como la fulminante destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos como jefe de la Comandancia de Madrid evitó salir en defensa de su compañero de gabinete y alabó la «lealtad» de la Guardia Civil. Para desgracia de Grande- Marlaska, además, esa polémica enterró la aprobación de lo que era una de las propuestas estrellas del Ejecutivo: el Salario Mínimo Vital.

El pulso entre ambos se mantiene en todo lo alto. Una pista de cómo va el resultado serán los presupuestos generales y el tratamiento de cada ministerio.

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