revitaliza al Fulham y gana en su debut

No cumplieron con las exigencias y no tendrán pizza, hamburguesas, ni demás bombas calóricas por cortesía de su nuevo entrenador, pero seguramente la alimenticia fuera, en la tarde del sábado, la última de las preocupaciones de los jugadores del Fulham. Casi dos meses después de su última y única victoria en Premier League (el 26 de agosto ante el Burnley), Craven Cottage volvió a festejar el pitido final, 3-2 ante uno de sus rivales directos en la pelea por sacar la cabeza del descenso, el Southampton. Y todo con Claudio Ranieri como eminente protagonista, debutante en el banquillo local con la ingrata misión de asfaltar un camino hacia la permanencia que cada vez se atisbaba más empedrado.

Con 31 goles concedidos en 12 partidos de Premier, ni uno solo con la portería a cero, la contratación del técnico que se tomó en serio las cuotas de 5.000 a 1 que se ofrecían por ver al Leicester campeón en 2016 olía a rito tribal, un grito al cielo a cambio de no se sabe muy bien qué que devino en la aparición mesiánica de un campeón de la Premier. El milagro que figura en su currículum, eso sí, había ocurrido en sentido contrario. El eje, colmar las expectativas de su grada, no varía, así que el hecho de que los polos sean opuestos es un detalle menor.

De entrada, Ranieri clarificó que su objetivo distaba mucho del perfilado por Slavisa Jokanovic, artífice del ascenso del Fulham la temporada pasada y su antecesor en el puesto. El serbio había armado un equipo donde la fluidez era el patrón fundamental a la hora de armar juego, algo perfectamente válido para un candidato a dominar la Championship pero falto de un sostén en forma de organización defensiva una vez que se ha dado el salto a la Premier. Por ahí tiró Ranieri: «Espero que podamos jugar bien, pero si jugamos bien y perdemos es un gran problema. El Fulham jugó muy bien contra el Manchester City y el Liverpool y perdió. Yo espero jugar mal y ganar». Y más le valdría cumplirlo, porque el Fulham es el segundo equipo con peor balance de goles de todo el fútbol británico, sólo superado por el Macclesfield de la League Two (cuarta división). Para lograrlo, un poco y broma y totalmente en serio, prometió que en lugar de invitar a pizza a sus jugadores cuando el equipo no recibiese goles –así lo hizo durante su etapa en Leicester– los llevaría al McDonalds.

El asunto, apuntó Ranieri en su presentación, es cuestión de actitud. Es lo que seguramente sea una llamada a filas de un entrenador de 67 años que tanto ha lucido en las portadas por levantar títulos de liga o internacionales (la UEFA del año 2005 en su segunda etapa en el Valencia) como por obrar milagros en el fango. El Parma, en 2007, recurrió al preparador romano cuando en febrero estaba desahuciado, en caída libre hacia la Serie B. Allí se plantó Ranieri, desoyendo a sus amigos, que le decían que estaba loco, que no sabía dónde se metía, un campeón de la UEFA. Que qué necesidad tenía. Diez partidos después, sumó 17 puntos que auparon al Parma a la zona de salvación y a Ranieri a la Juventus.

En el caso del Fulham, no será por mimbres. El equipo del sudoeste de Londres, propiedad del empresario paquistaní Shahid Khan, quien también lo es del Jacksonville Jaguars de la NFL, desembolsó en verano más de 100 millones de euros, más que los ascendidos de España, Italia, Alemania y Francia juntos. Con un contrato que se ha anunciado como «libre de responsabilidades» para Ranieri, y en descenso únicamente por diferencia de goles, no hay que descartar que McDonalds recibiera un generoso pedido a cuenta de un talludo italiano.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!