Retorno a las raĂ­ces de la escritura

Hacía años que Margarita Carballeda, una vecina de Orense de 50 años y licenciada en filosofía, buscaba en internet cursos para ampliar sus conocimientos sobre una de sus grandes pasiones, el mundo egipcio. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que, sin salir de Galicia, podía no solo conocer más sobre la cultura de Egipto, sino aprender a descifrar el lenguaje de los jeroglíficos e incluso aproximarse a algunas de las primeras lenguas escritas de la humanidad como el sumerio, el acadio o el hebreo antiguo. Todo gracias a la oferta académica del Instituto Teológico Compostelano (ITC), que desde hace ocho años imparte en la capital gallega clases de las conocidas como lenguas del Oriente bíblico.

«Siempre me han despertado mucha curiosidad el mundo de las lenguas antiguas, saber cómo pensaban entonces. Hablamos de las primeras lenguas escritas de la humanidad, es algo que nos permite conocernos a nosotros mismos, de donde venimos», explica Carballeda, que desde hace cuatro años es alumna de egipcio y sumerio en el ITC. Esta orensana acudió a sus primeras clases pensando que al tratarse de lenguas de hasta cuatro mil años de antigüedad serían idiomas de un alcance limitado y sin apenas matices, todo lo contrario a lo que finalmente descubrió. «Tienen una complejidad que hoy desgraciadamente hemos perdido», confiesa.

Además de ella, las aulas se completan con otra decena de alumnos que acuden quincenalmente a Santiago para recibir las lecciones del elenco de profesores del ITC, todos con una amplia formación en lenguas antiguas. Entre ellos destaca Eugenia Muñoz, una experta egiptóloga formada en instituciones como la Universidad Católica de Lovaina o la Sorbona. Muñoz lamenta que, de momento, este tipo de cursos siguen siendo «muy minoritarios» pese a la calidad del profesorado. «En otros sitios hay personas que dan clases de egiptología sin tener formación, aquí la tenemos y contamos además con un espacio maravilloso en el centro de Santiago, quizás nos esperábamos una respuesta un poco más amplia», admite.

En sus aulas, los alumnos se acercan poco a poco a la cultura egipcia —analizando su vida cotidiana, su idea de la mujer, de la muerte, del más allá…— para adentrarse despuĂ©s en el jeroglĂ­fico, primero analizando su gramática y despuĂ©s abordando la traducciĂłn de textos simples. En este sentido, la docente insiste en la idea de que aprender este idioma no tiene por quĂ© ser difĂ­cil,«siempre y cuando se tenga interĂ©s». «Es una lengua, y como todas las lenguas lo que no podemos hacer es dedicarle un dĂ­a cuatro horas, es mejor dedicarle todos los dĂ­as diez o quince minutos, si no, no hacemos nada», explica Muñoz, al tiempo que matiza que en los cursos de lenguas antiguas los profesores se adaptan sin presiones al ritmo del aula.

Entender el contexto

El perfil de los asistentes a estas clases es, según apunta el director del ITC, José Antonio Castro, «un poco variado». Aunque durante los últimos años han tenido alumnos estudiantes o licenciados en Historia o en lenguas clásicas, Castro subraya que «paradójicamente» estos idiomas interesan más a personas de entre 45 y 50 años ajenas a este mundo. El responsable de este organismo aclara que, pese a que a las clases acude un número reducido de alumnos, para ellos es importante acercar y difundir la cultura de las sociedades antiguas. «Hoy en día las humanidades lo tienen difícil, no se comprende muchas veces su utilidad en una sociedad que busca lo inminente, el resultado. Parece que no está en boga atender a estas cuestiones que son del espíritu, humanas», lamenta Castro. Suya fue la idea hace ocho años de impartir este tipo de enseñanzas con el objetivo de entender la Biblia y la cultura occidental. Precisamente, según el director del ITC, para comprender los textos religiosos «es necesario acudir a las raíces» y el contexto cultural en el que se desarrolla el relato bíblico. «Eso nos lleva irremediablemente a Egipto y Mesopotamia. Todos los saberes comienzan allí», añade. El responsable de este organismo coincide en señalar que aunque a primera vista parece difícil llegar a dominar estos idiomas antiguos, «poco a poco es posible» ir asimilando su conocimiento. «Al final la lengua te acaba atrapando», concluye.

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