Resistencias y hermetismo en el combate alos incendios en la Amazonia

Los brigadistas combaten las llamas en la Reserva Nacional de Jacundá, en el estado de Roraima Fuente: AP РCrédito: Eraldo Peres

Las brigadas de los militares, que prefieren guardar silencio sobre el operativo, enfrentan la oposición de los productores rurales en zonas afectadas por las llamas

PORTO VELHO.- Amanece en la Reserva Nacional de Jacund√°. Mientras un gigantesco coro de p√°jaros y monos saluda los primeros rayos del sol, la luz deja ver el motivo del fuerte olor a quemado: una densa humareda se cuela por la vegetaci√≥n de toda la selva y al fondo se escucha el amenazante crepitar de √°rboles quemados en los incendios que amenazan esta parte de la Amazonia brasile√Īa, unos 100 kil√≥metros al noreste de Porto Velho.

En el interior de la reserva se encuentra el campamento de la 17¬Ľ Brigada de Infanter√≠a de la Selva, que en esta zona dirige los esfuerzos de combate a las llamas como parte de la Operaci√≥n Verde Brasil, establecida por el presidente Jair Bolsonaro el viernes √ļltimo en un intento de apaciguar la crisis internacional generada por el descontrolado aumento de los incendios.

“El fuego ha disminuido bastante, pero a√ļn hay varios focos peligrosos fuera de la reserva que pueden propagarse hasta aqu√≠”, se√Īala el capit√°n Iv√°n Lucas al centenar de efectivos del Ej√©rcito, la Fuerza Nacional de Seguridad y del Cuerpo de Bomberos del estado de Rondonia, as√≠ como brigadistas del Instituto Brasile√Īo de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y del Instituto Chico Mendes de Conservaci√≥n de la Biodiversidad (ICMBio), que cuentan con al menos cinco camionetas, un cami√≥n-cisterna, un cami√≥n de transporte de tropas, dos helic√≥pteros y, de apoyo, dos aviones de la Fuerza A√©rea que operan desde Porto Velho.

A las 7 en punto comienza el operativo de cada d√≠a, tras recibir las coordenadas de las aeronaves sobre la ubicaci√≥n de los focos de fuego en este per√≠odo de sequ√≠a cr√≠tico. En la Amazonia, la temporada de sequ√≠a comienza en junio y se extiende hasta octubre. Es el momento en que muchos productores ganaderos y agricultores aprovechan para quemar pastizales, pero tambi√©n sectores de la mata amaz√≥nica para ampliar sus terrenos para cultivos o pasto para alimentar a las vacas. Este a√Īo, debido a las altas temperaturas, la baja humedad y los vientos fuertes, por un lado, y a la mayor acci√≥n criminal, por otro, el fuego se ha extendido mucho m√°s de lo normal.

En muchos casos, las llamas alcanzan los bordes de áreas naturales protegidas, como la Reserva Nacional de Jacundá, e incluso penetran en ellas, así como en tierras indígenas. Equipados con machetes, palas, motosierras, bombas de agua en mochilas y tanques con productos para apagar el fuego, los efectivos se suben a sus vehículos y, en convoy, parten a la lucha diaria.

Ganaderos

La primera parada, a casi una hora de distancia del campamento por polvorientos caminos de tierra roja, es una zona de peque√Īas estancias ganaderas entre los r√≠os Madeira y Jamari. La tarde anterior, un avi√≥n C-130 H√©rcules arroj√≥ miles de litros de agua, pero las columnas de humo a√ļn est√°n activas y, a entender de los brigadistas, hay nuevos focos. Es que los ruralistas locales suelen iniciar los incendios al final de la tarde porque saben que por la noche quemar√°n varias hect√°reas sin que las autoridades puedan intervenir sino hasta la ma√Īana.

Al llegar a una granja para acceder al lugar de donde provienen las mayores llamas, el due√Īo, un productor lechero de unos 60 a√Īos, se hace el desentendido del fuego. Asegura que no tiene idea de c√≥mo comenz√≥ y sigue llenando tambores de leche ayudado por su esposa, su hijo y otro hombre. A rega√Īadientes permite el paso de los efectivos antiincendios, pero cuando LA NACION se presenta como prensa y le hace algunas preguntas proh√≠be el acceso a este corresponsal.

“Es mi propiedad y yo decido qui√©n entra. La prensa extranjera no es bienvenida ac√°. ¬°V√°yase!”, ordena irritado. Ante un nuevo pedido de permiso para acompa√Īar a los brigadistas, el hombre se exaspera. “¬°Le dije que no! ¬ŅNo entiende portugu√©s? A ver si entiende el idioma de mi escopeta?”, amenaza ante la mirada de dos mujeres soldados que intentan calmarlo y aconsejan a LA NACION retirarse del otro lado de la tranquera de entrada.

All√≠, las militares cuentan que d√≠as atr√°s hab√≠a ocurrido otro episodio similar con periodistas holandeses y aclaran que no pueden hacer nada si el hombre -que varias veces vocifera el nombre de Bolsonaro y resalta que la Amazonia es de soberan√≠a brasile√Īa y el resto del mundo no tiene injerencia- no quiere dejar entrar a alguien.

Finalmente, LA NACION accede a la zona posterior del incendio a trav√©s de otra propiedad, la mayor parte de ella quemada. En el camino se ven varios otros focos de fuego menores, un vasto campo devastado, humeante y con palmeras chamuscadas a√ļn en pie.

A medida que el incendio mayor est√° m√°s cerca, se escucha con m√°s intensidad el crujido de las maderas y plantas. Cerca del alambrado que marca el inicio del terreno del hombre exasperado, la humareda apenas permite la visibilidad; el suelo est√° carbonizado, muy caliente, y se vuelve dif√≠cil respirar. Unos brigadistas hacen se√Īas de no avanzar y sugieren seguir a otro equipo, fuera de la propiedad. En esos momentos, un helic√≥ptero militar sobrevuela la zona y el humo se esparce entre la vegetaci√≥n como si fuera un pesticida.

Dentro de la mata más profunda, el otro equipo de la Fuerza Nacional de Seguridad, el Ibama y el ICMBio se aboca a una tarea primordial: limpiar la maleza y abrir con machetes y motosierras un cortafuego, una división de unos dos o tres metros que deje las llamas sin combustible y no permita que avancen más allá de la zona ya afectada.

“Nuestra misi√≥n es evitar que los incendios lleguen a la Reserva Nacional de Jacund√°”, explica luego un miembro civil del equipo que requiri√≥ el anonimato porque “las Fuerzas Armadas comandan toda la operaci√≥n y dieron √≥rdenes de que nadie hable con la prensa”.

M√°s tarde se anunci√≥ que una conferencia de prensa, prometida desde el fin de semana, ser√° hoy… en Manaos. Eso a pesar de que la mayor√≠a de los periodistas est√°n apostados en Porto Velho. Parece que el hombre furioso no est√° solo en su animadversi√≥n por la prensa.

Lee m√°s: lanacion.com.ar


Comparte con sus amigos!