Reflexiones sobre el teatro familiar entre dos creativos del San Martín

Gabriela Marges y Emiliano Dionisi, en el escenario de la sala Casacuberta

Emiliano Dionisi, director de Recuerdos a la hora de la siesta, y Gabriela Marges, de Ulises y Penélope, hablan sobre sus propuestas para niños, con títeres y música

Sobre el mismo escenario en que María Elena Walsh estrenara hace más de medio siglo Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco se monta una escenografía que remite al imaginario creado por la gran poetisa. Es parte de la propuesta de Emiliano Dionisi para Recuerdos a la hora de la siesta, que se representa en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. Ese mismo escenario fue frecuentado también muchas veces por el Grupo de Titiriteros fundado por Ariel Bufano. Parte del mismo participa de la puesta de Dionisi, junto con otros actores, músicos y bailarines. La apuesta principal del Grupo de Titiriteros para estas vacaciones de invierno subió a escena sin embargo en el Teatro Regio, con la recreación de otro tema clásico, de orígenes más lejanos en el tiempo y el espacio: Ulises y Penélope, con dirección de Gabriela Marges.

Dionisi y Marges dialogan sobre ese escenario en torno a los procesos creativos en la escena infantil. Ambos abrevaron directamente de la generación fundacional del teatro para chicos. Dionisi, con Hugo Midón, cuya obra Huesito Caracú puso en escena a comienzos de esta temporada en otra sala. Marges, por su parte, perteneció a la primera camada formada en el Grupo de Titiriteros, después de haberse iniciado como actriz con Midón. Tras más de veinte años dirigiendo su propio elenco independiente -Babelteatro- vuelve al San Martín, un poco como Ulises a Itaca, sorteando escollos: “Trabajar de manera independiente te da posibilidades y límites, trabajar con el elenco estable dentro del Complejo Teatral también.” Reconoce que tuvo que invertir energía en poner en juego la experiencia y versatilidad de recursos del Grupo de Titiriteros en el marco de los procesos de gestión no siempre sencillos de una institución teatral de grandes dimensiones.

Marges tiene en su haber diversas aproximaciones a los clásicos para público familiar, como Galileo Galilei y La flauta mágica. Para Ulises y Penélope no se inspiró solamente en el poema de Homero, sino también en la versión operística del mismo compuesta por Claudio Monteverdi. “Ulises tiene que ver con el origen de los tiempos, la explicación de la cosmogonía, y también con el origen de la literatura. Es una historia sobre la guerra y el amor. Mi abordaje es cómo acercar estos materiales no sólo al niño, sino a toda la familia, hablar de ciertas obras que todo el mundo conoce de nombre, pero que pocos leyeron realmente. El títere se expresa en un lenguaje que permite otro contacto, te lleva a otro imaginario, en el que el texto está como sustrato de las imágenes.”

“A mí me pidieron trabajar sobre el universo de María Elena Walsh desde un enfoque no tradicional”, dice Dionisi. “Así que propuse una especie de precuela inventada que mantenga el espíritu de su poética, una biopic ficticia sobre la infancia de María Elena que recorre las circunstancias que podría haber llegado a vivir para inspirarle sus personajes, sus cuentos. Todas las escenas están inspiradas en una canción o en un relato, sin ser un abordaje específico de ninguna. Con música original, que no es de ella.”

Ese es el doble juego que el cocreador de Los monstruos (junto con Martín Rodríguez) tenía ganas de trabajar. “Quien conozca a María Elena y su obra la va a ver por todos lados. Y quien no, va a ver una obra nueva y probablemente tenga ganas después de descubrir algo de su poética. Tiene una idea del arte como concepción de la vida, María Elena entiende que el arte es la manera de ver a su sociedad, a sus compañeros, a su familia y a su infancia, y de pensarse en su vejez, todo está atravesado por esa poética entre simple y bella y, al mismo tiempo, melancólica, como si fuese artista por sobre todo, como si su primer impulso de vida fuese el arte. Hay cosas que tomo de ensayos y de entrevistas. Lo interesante en ella es su forma de mirar la vida y de concebir el mundo a través de su poesía. No solamente su creación específica, artística. Esa manera particular de ver las cosas es la protagonista del espectáculo.”

Marges asiente que María Elena es troncal en la concepción de una poética de la infancia. “La primera vez que tuve contacto con su obra, a los cinco años en el jardín de infantes, recuerdo que no entendía las letras, pero llegaba a casa cantando las canciones. No importa si no se entienden todas las palabras, la poesía va a entrar. Recortar el material para que el chico entienda todo es un falso concepto, es como decirle: ‘vení a conocer el mar, pero te lo muestro por esta ventanita, todavía no podés verlo todo’. Yo hago espectáculos en los que cada uno puede tomar algo. O reelaborarlo conversándolo con el adulto”, agrega la titiritera.

Dionisi coincide: “Me parece que se tiene el prejuicio del espacio para los pibes, que como adulto vas al teatro a acompañar al chico, en vez de tenerlo como un espacio de encuentro, que es por lo menos lo que yo me propongo siempre. Hacemos teatro familiar y no creo que simplemente sea una frase marketinera para vender más entradas. Hay un espacio que tiene que ser compartido, hay algo del espectáculo que tiene que estar dirigido para todos, no es un espectáculo para chicos que entretiene de pasada al adulto con guiños, o un espectáculo para adultos que puedan ver pibes. Sino realmente un espacio de compartir las emociones y la poética. Si el espectáculo es bueno atraviesa a todos.”

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