radiografía de poetas a través de la locura

¬ęEl pensamiento es estrictamente inseparable de una profunda e indestructible melancol√≠a¬Ľ, dec√≠a George Steiner (1929), fil√≥sofo y cr√≠tico literario franc√©s, en su libro ¬ęDiez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento¬Ľ. El autodenominado ¬ępoeta profundamente pesimista¬Ľ Diego Doncel se sit√ļa en el lado opuesto de la balanza y hace alusi√≥n al concepto ilustrado de felicidad: ¬ęTodo lo que hacemos lo hacemos para alcanzar la felicidad. La poes√≠a forma parte de la dignidad del hombre, que puede estar en la alegr√≠a o en la tristeza. No se puede quedar solo en la melancol√≠a. Creo que ese pensamiento es muy del siglo XX¬Ľ.

Puede que el ¬ęgenio¬Ľ sea un ¬ęestado de enfermedad mental¬Ľ, como dijo Poe o que la locura sea ¬ęlo m√°s sublime de la inteligencia¬Ľ. Puede que los poetas se parezcan a ese albatros de Baudelaire al que ¬ęsus alas de gigante le impiden volar¬Ľ. O puede que el √ļnico impedimento sea que el poeta, a veces, coquetea con la locura. ¬ęLa locura y el gran ingenio son casi aliados / y tenue es la frontera que marca sus condados¬Ľ, escrib√≠a John Dryden tras la restauraci√≥n inglesa. Un pareado que aplaude Michael Drayton al escribir esto sobre Kit Marlowe: ¬ęPues conservaba esa sutil demencia / Que es de un poeta id√≥nea pertenencia¬Ľ.

Estas ¬ęalmas salvajes¬Ľ, como las califica Doncel, nos escriben desde los ¬ęm√°rgenes¬Ľ y las ¬ęperiferias¬Ľ para advertirnos de que ¬ęno todo est√° tomado por la raz√≥n pr√°ctica o la econom√≠a sin alma. Nos representan de alguna manera¬Ľ y por eso los mitificamos. Los locos son ¬ęinadaptados¬Ľ, porque son el producto del romanticismo y llevan impreso el estigma de la no adaptaci√≥n. Ese hiato, como dec√≠a Cernuda, que se da entre nuestro deseo y la realidad. El poeta y cr√≠tico literario aparta al loco de la sociedad, para reintroducirlo en medio de un mar de versos: ¬ęEl loco es aquel que no es capaz de superar ese hiato¬Ľ, apunta Doncel. El loco es un poeta; el poeta, un loco.

Locura como salvación

Ezra Pound en su juventud – ABC

¬ęLa belleza no es locura / Aunque yo est√© rodeado por mis errores y mis ruinas¬Ľ. Quiz√° estos sean los versos que sintetizan la biograf√≠a de este pol√©mico poeta, que rechaz√≥ la locura durante toda su vida y, a la vez, se vio abocado a esta.

Nacido en Hailey, Idaho (Estados Unidos), su actividad poética se centró en el estudio de la poesía trovadoresca inglesa, además de la japonesa. Aparte, Pound (1885-1972) siempre tuvo la mirada puesta en el futuro. Era un vanguardista que quería desestabilizar las formas poéticas, revolucionar la poesía de la época, pero con el debido respeto a sus orígenes. Probablemente, Pound sea uno de los poetas más controvertidos de todos los tiempos y uno de los más denostados por el mundo cultural del siglo XX.

Su vida transcurre al mismo tiempo que hechos hist√≥ricos que marcaron su trayectoria y la de los miembros del grupo al que pertenec√≠a, el conocido como ¬ęGeneraci√≥n Perdida¬Ľ. Contrajo una profunda amistad con algunos coet√°neos, como T.S. Elliot o Hemingway. Este √ļltimo escribi√≥ en 1925 sobre √©l: ¬ęPound dedica una quinta parte de su tiempo a su poes√≠a y emplea el resto en tratar de mejorar la suerte de sus amigos. Los defiende cuando son atacados, hace que las revistas publiquen obras suyas y los saca de la c√°rcel. Les presta dinero. Vende sus cuadros. Les organiza conciertos. Escribe art√≠culos sobre ellos. Les presenta a mujeres ricas. Hace que los editores acepten sus libros. Los acompa√Īa toda la noche cuando aseguran que se est√°n muriendo y firma como testigo sus testamentos. Les adelanta los gastos del hospital y los disuade de suicidarse. Y al final algunos de ellos se contienen para no acuchillarse a la primera oportunidad¬Ľ.

Los problemas para Pound comenzaron cuando se mudó a Italia, antes de estallar la Segunda Guerra Mundial. El poeta manifestaba su parcial admiración por la Alemania de Hitler y el fascismo italiano de Mussolini. Además, alabó el gran poder estratégico de Stalin y consideró a Churchill y Roosevelt los culpables de que todo aquello hubiera pasado. Durante su residencia en Rapallo (Italia), Pound abrazó ideas antisemitas, las cuales expresaba a través de un programa radiofónico. Esto fue lo que le costó algunas amistades en el mundo cultural, que le dio la espalda inmediatamente.

Al t√©rmino de la Segunda Guerra Mundial, los aliados le internaron en un campo de concentraci√≥n en Pisa (Italia), donde escribi√≥ sus ¬ęCantos Paisanos¬Ľ, unas de las obras m√°s importantes de la poes√≠a del siglo XX. Pound, de casi 60 a√Īos, se aferr√≥ el tiempo que estuvo recluido a un libro de Confucio. No ten√≠a nada m√°s. Estados Unidos lo extradit√≥ y lo juzg√≥ por traici√≥n a su pa√≠s. Al poeta solo le quedaba un comod√≠n que lo salvara y este apareci√≥. Su amigo Hemingway y otras figuras del mundo de la cultura se presentaron en el juicio y declararon que Pound estaba ¬ęloco¬Ľ. Al tribunal no le qued√≥ otra opci√≥n que condenarlo a internamiento en una instituci√≥n mental, en lugar de la pena de muerte. De esta forma la locura, o su imposici√≥n, salv√≥ al poeta que no quer√≠a complacer de esta forma a nadie: ¬ęPor mucho tiempo ha sido costumbre aniquilar a los buenos escritores, / los hacen enloquecer, o desv√≠an la mirada ante sus suicidios, / o toleran sus drogas y luego discuten la relaci√≥n entre genio y locura, /pero yo no enloquecer√© para complacerlos¬Ľ.

Poesía como terapia

Anne Sexton, fotografiada en verano de 1974
Anne Sexton, fotografiada en verano de 1974 – ARTHUR FURST

Al igual que las parcas acabaron con la vida de Safo de Lesbos destinándola a saltar desde la roca de Léucade, las depresiones y el vodka hundieron a Anne Sexton (1928-1974). La poeta confesional es una de las figuras que ilustran mejor la relación entre creatividad y locura.

Hija de una familia burguesa de los mejores barrios del extrarradio de Massachusetts (Estados Unidos), Sexton contrajo matrimonio a los 19 a√Īos. Fruto de este nacieron sus dos hijos, el hecho que marc√≥ la vida de la poeta y todos sus versos. Educada en la elegancia y el ¬ęsaber estar¬Ľ de una mujer de clase alta, la maternidad le qued√≥ algo grande. Con el primer parto, Sexton cay√≥ en una profunda depresi√≥n, enfermedad que volvi√≥ a aparecer con el nacimiento de su segunda hija.

¬ęAhora que lo preguntas¬Ľ, comenzaba uno de sus poemas, ¬ęla mayor parte de los d√≠as no puedo recordar¬Ľ. Sexton se refugiaba en la bebida; los d√≠as pasaban como los fotogramas de cualquier cinta; no hab√≠a nada que la retuviese en este mundo, excepto la poes√≠a. Su amiga y poeta Sylvia Plath ya hab√≠a acabado su recorrido en este mundo y Sexton le escribi√≥: ¬ę¬°Ladrona! ¬ŅC√≥mo te has metido dentro, / te has metido abajo sola / en la muerte a la que dese√© tanto y tanto tiempo?¬Ľ.

La poes√≠a, como receta de su psiquiatra, fue la salvaci√≥n de Sexton. Su trastorno bipolar le provocaba ataques de ira inconscientes contra sus propias hijas. A esto hab√≠a que sumarle el maltrato que sufri√≥ por parte de su marido y la baja autoestima que la acompa√Ī√≥ durante toda su vida. Educada en las labores dom√©sticas, la poeta siempre pens√≥ que aquella no era su vida. As√≠ que, movida por las adversidades, junt√≥ su adicci√≥n al alcohol con la ingesta de medicamentos y a su propia enfermedad: un c√≥ctel fatal.

Para cuando su gran arma de evasi√≥n, el verso libre, la abandon√≥ Sexton ya no ten√≠a esperanzas en su propia redenci√≥n. Una noche, tras engalanarse y premeditar paso a paso su propio final, se tom√≥ tres vasos de vodka y cogi√≥ las llaves del coche. Se meti√≥ en este y encendi√≥ el motor dentro del garaje, con el prop√≥sito de no ver nunca otro amanecer. A√Īos atr√°s, ya se despidi√≥ de su hija en una carta: ¬ęLa vida no es f√°cil. Es terriblemente solitaria. Yo lo s√©. Ahora t√ļ tambi√©n lo sabes (…). S√© tu misma. Entr√©gate a los que amas. H√°blale a mis poemas y h√°blale a tu coraz√≥n -yo estoy en ambos: si me necesitas¬Ľ.

La poes√≠a como terapia ya hab√≠a sido probada con anterioridad por el poeta alem√°n Friedrich H√∂lderlin (1770-1843), uno de los primeros que tuvo que ser internado por lo que se cree que era una esquizofrenia. ¬ęLos poetas se sienten atra√≠dos a ese abismo, como dec√≠a Rafael Argullol¬Ľ, precisa Doncel. ¬ęQuiero ver esa poes√≠a como una b√ļsqueda de la gran esperanza, aunque sea una utop√≠a in√ļtil¬Ľ. Pizarnik, Plath, H√∂lderlin y dem√°s poetas que padecieron enfermedades mentales escrib√≠an desde su propia locura, para mostrarnos nuestro propio reflejo, el de una sociedad que se queda paulatinamente m√°s atrapada dentro de los muros de la normalidad y necesita de vez en cuando que los poetas locos les recuerden otras realidades. Necesitamos a la locura tanto como a la poes√≠a.

Con af√°n quijotesco, Miguel de Unamuno ya lo dijo en su momento: ¬ęLa locura, la verdadera locura, nos est√° haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido com√ļn que nos tiene a cada uno ahogado el propio¬Ľ.

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