Racismo en el calcio – LA NACION

Romelo Lukaku Fuente: AP

El goleador belga Romelu Lukaku (un fantasma que recorri√≥ el premio “The Best” de la FIFA) quer√≠a cumplir la promesa que hab√≠a hecho a su madre Adolphine cuando √©l ten√≠a apenas 6 a√Īos. Fue el d√≠a que la vio agreg√°ndole agua a la leche. “El momento exacto en el que supe que est√°bamos en quiebra”. La casa en las afueras de Amberes qued√≥ sin luz porque no hab√≠a c√≥mo pagar la electricidad. No m√°s agua caliente. Pan de fiado. Ratas. Con 12 a√Īos, y los botines 39 de su padre, exjugador en Congo, Romelu marc√≥ 76 goles en 34 partidos. Era grandote. Casi el √ļnico ni√Īo negro en esos partidos. Los rivales le exig√≠an el documento. Hasta prohibieron su inclusi√≥n. “Aprend√≠ a jugar con rabia”. Al entrenador que retrasaba su ascenso le apost√≥ m√°s goles a cambio de apoyo. Gan√≥. “Nunca apuestes contra un ni√Īo que tiene hambre”. Y a los 16 a√Īos y 11 d√≠as, como le hab√≠a prometido a su madre, Romelu debut√≥ en la primera de Anderlecht. Lukaku sigui√≥ haciendo goles. En la selecci√≥n belga y en Inglaterra. Hoy es la nueva gran figura del Inter, l√≠der en Italia. “Es tan potente -‘brome√≥’ d√≠as atr√°s un opinionista de TV- que s√≥lo pueden frenarlo si le tiran diez bananas”.

El panelista de la TV fue echado ese mismo d√≠a, pero Gianni Infantino, presidente de la FIFA, afirm√≥ con raz√≥n el lunes pasado en “The Best” que el problema del racismo en el f√ļtbol de Italia “es grave”. Antes de premiar en el teatro La Scala a Lionel Messi y compa√Ī√≠a, Infantino se refiri√≥ a los nuevos coros racistas (“buuu”, como si fueran monos) lanzados el domingo pasado por hinchas de Atalanta contra el brasile√Īo Dalbert, de Fiorentina. El √°rbitro par√≥ tres minutos el partido. “Hay que condenar, pero los coros fueron m√≠nimos y suceden en todos los estadios”, minimiz√≥ Giampiero Gasparini, DT de Atalanta.

Los “buuu” racistas se repiten todas las fechas. Y son minimizados. Los fan√°ticos de la Curva Norte de Inter quisieron explicarle a Lukaku que los “buuu” que ven√≠a de sufrir en cancha de Cagliari simplemente buscaban ponerlo nervioso, pero que no eran racismo, sino hasta “una forma de respeto” porque le tienen miedo a sus goles. “Lamentamos que hayas pensado que fue racismo. Tienes que entender -le dijeron los hinchas- que Italia no es como otros pa√≠ses del norte de Europa donde el racismo es un problema real”. El senegal√©s Demba Ba, hoy en Turqu√≠a, pidi√≥ a todos los jugadores negros que boicoteen la Liga italiana. “¬ŅA qu√© otra verg√ľenza deberemos asistir para que el calcio diga basta?”, se pregunt√≥ el periodista GB Olivero, de La Gazzetta dello Sport. “El primer paso -a√Īadi√≥- es rechazar esta normalidad absurda”.

“En 2019 no deber√≠a haber problemas para identificar y expulsar a los racistas. Lo lamento porque la gente ama Italia, su cultura, un pa√≠s que contribuy√≥ a la humanidad” (Gianni Infantino, presidente de la FIFA)

Infantino volvi√≥ ayer a la carga. “En 2019 no deber√≠a haber problemas para identificar y expulsar a los racistas. Lo lamento porque la gente ama Italia, su cultura, un pa√≠s que contribuy√≥ a la humanidad”, dijo el presidente FIFA. Pero basta repasar los diarios de las √ļltimas semanas. La estudiante que filma al en√©simo pasajero de transporte p√ļblico que, como si fuera un inspector, exige a los pasajeros negros que le muestren el boleto. Que los insulta y los escupe. El video del padre que patea con violencia a un ni√Īo negro de 3 a√Īos que se acerca a la cuna de su beb√©. El DJ due√Īo de radio que insulta al aire a los inmigrantes “can√≠bales y violadores”. El audio de la mujer que se niega a alquilarle su casa a una joven porque la joven es de Foggia, “meridional, y yo soy salviniana, racista al cien por ciento”. “Salviniana” por Matteo Salvini, el vicepremier hoy desplazado, l√≠der de Liga, ultraderecha y xen√≥foba. Meses atr√°s, la cantante Emma Marrone pidi√≥ en un concierto que “abran los puertos” a los inmigrantes. “Har√≠as bien abri√©ndote de piernas”, le respondi√≥ a Marrone un pol√≠tico de Liga. El f√ļtbol es apenas un espejo. Y, a veces, un espejo generoso.

Una investigaci√≥n reciente acus√≥ a los “ultras” del campe√≥n Juventus de extorsionar a los dirigentes. Amenazaban con cantar coros racistas s√≥lo para que multaran al club. Quer√≠an seguir recibiendo boletos para revender. La justicia encarcel√≥ a los capos. Por primera vez, el equipo de Juventus sali√≥ el √ļltimo s√°bado a su “Stadium” sin coreograf√≠a de los barras de “Drughi”, “Tradizione”, “Viking” y “N√ļcleo 1985”. Al d√≠a siguiente, domingo, los jugadores de Milan e Inter posaron en el medio del campo con un cartel que dec√≠a “basta de racismo”. All√≠ estaba, entre otros, el volante marfile√Īo de Milan Franck Kessi√©, insultado d√≠as atr√°s en la cancha de Hellas Verona. Y tambi√©n estaba Lukaku. Extra√Īando a su querido abuelo congole√Īo, nacido cuando el pa√≠s era colonia belga, vieja propiedad privada del rey Leopoldo II, cuyo general Leon Rom adornaba su cama con cabezas humanas, parte de la matanza de millones.

El lunes pasado, en la fiesta de la FIFA en Mil√°n, el discurso combativo fue de Megan Rapinoe. La capitana de Estados Unidos, premiada como mejor jugadora, cit√≥ diversas injusticias. Y mencion√≥ los ataques racistas que sufri√≥ tiempo atr√°s el zaguero senegal√©s del Napoli Kalidou Koulibaly. “Necesitamos implicarnos todos -pidi√≥ Rapinoe-. Tenemos una gran oportunidad, una plataforma incre√≠ble. Y es una oportunidad √ļnica para usar este hermoso deporte para cambiar el mundo. Haced algo. Haced lo que sea”.

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