¬ŅQui√©n ser√° Robert Rojas? – LA NACION

El paraguayo Robert Rojas, en el Monumental, frente a San Martín de Tucumán. Fuente: Télam

Para encontrar un disparador que mantuviera alta la tensi√≥n competitiva de su plantel, Pep Guardiola utilizaba en Barcelona un recurso directo: la renovaci√≥n de estrellas. Un a√Īo lleg√≥ Ibrahimovic, otro David Villa, despu√©s Cesc F√°bregas… Ese equipo acostumbraba a ganar la mayor√≠a de los t√≠tulos que disputaba, al punto de llevarse ¬°los seis! que tuvo a su alcance en el comienzo de la era Pep; entonces, el acopio de nombres de peso generaba el prop√≥sito que buscaba el entrenador en aquellos gloriosos cuatro a√Īos -entre 2008 y 2012-: incomodar a los que se sent√≠an seguros, aguijonearlos, obligarlos a ganarse otra vez el puesto. La chequera del club hac√≠a su parte, por supuesto, pero el origen de la jugada estaba en la inexpugnable oficina del catal√°n, all√≠ donde el t√©cnico m√°s influyente de la era moderna se encerraba a crear.

Al otro lado de esa manera de gestionar una transferencia, su ant√≠tesis, puede ejemplificarse en un caso actual. Robert Rojas, que cumplir√° 23 a√Īos el 30 de abril y todav√≠a no debut√≥ en la selecci√≥n paraguaya, no fue comprado por River -en 1,2 mill√≥n de d√≥lares- para que produzca el efecto Ibrahimovic, qu√© duda cabe. ¬ŅA qui√©n iba a estorbar su presencia, si incluso Maidana, el mariscal de la √©poca, acababa de irse? Incluso sus compa√Īeros tuvieron que googlear su nombre para descubrir qui√©n era… River no es Barcelona ni Gallardo, Guardiola, distancias que el ecosistema futbol√≠stico mundial establece naturalmente. Pero si la llegada callada de este an√≥nimo fue hija de la necesidad y no de la estrategia, lo que pase con √©l de ac√° en adelante ser√° la consecuci√≥n de sus virtudes. Esas que, una tarde tibiecita de domingo, los hinchas de River empezaron a validar.

Conviene no encandilarse con los primeros episodios y esperar para establecer conclusiones cuando la trama avance, pero los 386 minutos que rod√≥ Rojas en la Superliga con su nueva camiseta fueron promisorios. Por ahora, es un casi desconocido defensor nacido en Peguahomi, un peque√Īo pueblo en el departamento de Concepci√≥n, a casi 500 kil√≥metros al norte de Asunci√≥n, que lleg√≥ hace 40 d√≠as a River. El casi desconocido, en este caso, se relaciona con lo que el Monumental pareci√≥ adivinar ayer desde la primera intervenci√≥n del zaguero. En apenas su tercer partido consecutivo como titular (debut√≥ contra Patronato, en la √ļltima derrota de su equipo), Rojas mostr√≥ un variado repertorio: lectura para anticiparse, un juego √°ereo consistente y, sobre todo, una velocidad tal que le permite recuperarse cuando comete un error. Por encima de eso, parece capaz de no desviar su concentraci√≥n: un cruce ante un remate de Bieler para tapar un remate fue la muestra de que sus antenas no se desactivan ni cuando el asunto parece resuelto. Todo en un envase esmirriado para un futbolista que se mueve en ese puesto: mide 1,76 metro y pesa 75 kilos.

El aplauso que acompa√Ī√≥ su salida moment√°nea para que lo atendieran los m√©dicos en tiempo de descuento despu√©s de que cuerpeara a Ramiro Costa, una mole tucumana que le dio bastante trabajo, son√≥ a inici√°tico: vendr√°n m√°s. Volvi√≥ a la cancha rengueante y protagoniz√≥ una m√°s, la jugada discutida de la tarde: su brazo derecho intercept√≥ un remate de Oliver Ben√≠tez que los tucumanos reclamaron como penal. √Čl no dijo nada entonces, claro, ni tampoco despu√©s: se fue de la cancha en silencio, un h√°bito que le va bien fuera de la cancha.

√Čl mismo cont√≥ que llor√≥ el d√≠a que se concret√≥ su pase desde el muy modesto Guaran√≠ de Asunci√≥n; fue jugando para ese equipo contra River, justamente, cuando impresion√≥ a Gallardo por sus atributos. En sus √ļltimas vacaciones, mientras sus futuros compa√Īeros saboreaban la Copa Libertadores ganada en Madrid, la pas√≥ en la chacra familiar, ayudando a su padre en las tareas que sostienen la econom√≠a familiar: el cultivo de mel√≥n, zapallo, mandioca y s√©samo y el engorde del ganado. “Colect√≠vo pe aikopor√£iterei”, respondi√≥ en lengua guaran√≠ en una entrevista a un medio de Asunci√≥n, cuando le preguntaron por qu√© no se compraba un auto: algo as√≠ como que “en colectivo ando bien”. Ya instalado en la primera segu√≠a viviendo en la pensi√≥n del club, de la que a veces sacaba el colch√≥n para dormir afuera porque el ventilador no daba abasto.

Esa reticencia a absorber las costumbres protot√≠picas del futbolista en ascenso no denotan timidez: ya contra Rosario Central, de visitante, hab√≠a mostrado confianza en s√≠ mismo para conducir la pelota desde el fondo y atravesar l√≠neas. Como contra San Mart√≠n ayer, cuando sobre el final encabez√≥ un contraataque con determinaci√≥n. En una defensa cambiante por la lesi√≥n que sufri√≥ Milton Casco, su protagonismo como primer central se tradujo en datos duros: complet√≥ 37/42 pases (88% de precisi√≥n), recibi√≥ dos faltas (m√°ximo de su equipo), bloque√≥ dos remates y realiz√≥ seis despejes, seg√ļn consignan las estad√≠sticas de OPTA. Pero es la suma de eso y lo intangible, la sensaci√≥n de seguridad que empieza a proyectar, lo que lo realz√≥ como la figura de la tarde.

Con Maidana viendo a River por TV desde Toluca y Mart√≠nez Quarta m√°s titubeante que aplomado, Rojas gan√≥ terreno r√°pido, como si el tiempo de adaptaci√≥n no fuera un elemento que necesite transitar: “No es f√°cil llegar y ponerse la camiseta de River para jugar enseguida”, intent√≥ calmar Marcelo Gallardo las ansiedades de los dem√°s cuando le preguntaron unos d√≠as atr√°s por ese morocho que llegaba de las tierras de Celso Ayala, el √ļltimo gran defensor paraguayo que tuvo el club.

Rojas trabaja en silencio: desde que llegó a River, todavía no dio entrevistas. Crédito: Prensa River Diego Haliasz

Cuando aterriz√≥ en la Argentina, la mayor√≠a lo present√≥ con un apodo poco feliz: Sicario, como le dijo un compa√Īero de Guaran√≠ una vez que se puso muy serio porque lo iban a rapar. Aqu√≠, parece, en los campos de Ezeiza por donde corre River lo nombran como lo hac√≠a su mam√°, aquella a la que le daba “toda la platita” que ganaba cuando empez√≥ a cobrar por jugar a la pelota: Robert, simplemente. Aunque ayer su entrenador se haya permitido hacer una broma con ese sobrenombre en la conferencia de prensa.

De aquella obediencia infantil conserva un rasgo: utiliza la camiseta n√ļmero 2 de River prolijamente acomodada debajo del pantal√≥n. Sale de la cancha como si Daniela lo obligara a la distancia a mantener a raya ese c√≥digo de vestimenta, as√≠ en el medio se haya revolcado varias veces.

¬ŅY aquello de Guardiola y las figuras? Si la progresi√≥n de Rojas mantiene una curva que empez√≥ a tomar altura muy pronto, ya tendr√° tiempo el muchacho de sonrisa dental para surcar esas latitudes europeas .

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