«Quería irme así, sin odiar al tenis»

En Acapulco, con los pies a remojo en el Pacífico, David Ferrer apura sus últimos días como tenista profesional, una larga despedida que ya llega a su fin. México, en donde ha sido tan feliz, es la antepenúltima etapa de un viaje estupendo en el que, más allá de sus 27 títulos ATP y de sus tres Copas Davis, se ha ganado el cariño y el respeto de todo el vestuario y de toda la afición. Mientras charla con ABC en una plataforma situada sobre la playa, sin mirar el reloj y sin esquivar ningún tema, le saludan Frances Tiafoe, Alexander Zverev, Alex de Miñaur… Son jóvenes que veneran a este jugador insaciable al que, con 36 años (cumple 37 el 2 de abril), se le ha acabado la gasolina. Se ha querido ir jugando en los torneos que más le han dado y Acapulco, en donde se aloja en una coqueta villa del hotel Princess con su mujer y con su hijo Leo (en mayo hará un año), es uno de los más especiales. Luego jugará en Barcelona y en Madrid, y a partir de ahí pasará a ser un ciudadano más. Será David Ferrer Ern, fundamental para entender la era dorada del tenis español.

¿Se le está haciendo larga esta despedida?

No. Lo llevo bien, la verdad es que me ha sorprendido. Tenía dudas de cómo iría, pero mi etapa como tenista profesional ya ha pasado. Dudaba de cómo competiría estos últimos torneos y, sin embargo, me siento bien. Tenísticamente estoy bien, me veo competitivo… Es verdad que he tenido una pequeña lesión que me paró un poco, pero he competido. La verdad es que estoy muy contento con mi juego y ese era mi objetivo primordial, quería acabar con los torneos que más querido me he sentido. Y estoy feliz, en el fondo estoy muy feliz.

Debe de ser bonito decidir cuándo acaba uno su carrera y no irse de mala manera.

Es bonito, muchísimo, pero es más que eso. Irse así es un regalo, una suerte. Gracias a mi carrera he decidido en qué torneos puedo jugar y la forma en la que me voy. Eso me enorgullece mucho, me hace estar contento. Acabo de una manera muy cariñosa con el tenis, sin ningún tipo de odio hacia él. Y quería irme así, sin odiarlo.

En este trayecto, ha pasado por numerosas etapas. Usted ha tenido muchos episodios, algunos no muy buenos, algunos en donde estaba algo confuso y era demasiado vehemente… ¿En algún momento ha odiado el deporte?

Sí, sí, no negaré que he tenido momentos malos. Pero cuando pierdes, o cuando las cosas no te salen bien, cuando eres joven y tienes miedo, es algo lógico llegar a tenerle manía de manera puntual. Y eso también es lo bueno del tenis. Lo que he aprendido me vale para la vida, te enseña a caerte y tenerte que levantar, a ser resistente. Eso me lo ha dado el tenis. En una vida normal nunca lo habría aprendido, son emociones muy especiales. Admito que yo era un jugador muy impulsivo, iba por momentos, y con el paso de los años pude y quise mejorar eso. Por suerte, he podido conseguir esa constancia y regularidad.

¿Le ha serenado el tenis?

Sí, claro, sin duda. El tenis me ha dado pausa, me ha dado paz. Me ha enseñado a valorarme a mí mismo y también me ha dado tranquilidad cuando las cosas no van bien. Cuesta aprenderlo, pero no queda otra.

También debe de ser bonito el empacho de homenajes y el haber quedado bien con todo el mundo.

Lo que realmente me halaga es tener este cariño de mis compañeros. Son mis amigos, he vivido toda la vida con ellos, son mi segunda familia. Que me recuerden como una persona correcta es el mejor regalo que puedo tener. Pero tampoco he quedado bien con todo el mundo, yo soy como soy y habrá a quien caigo bien y a otros a los que no tanto, es imposible convencer a todos. No puedo gustar a todo el mundo por mi forma de jugar al tenis o por mi persona, pero eso es algo lógico.

Sí habrá percibido que ha generado simpatía, es un tenista querido.

Es verdad. Pero también he tenido momentos malos, ¿eh? No siempre he sido así. Que me valoren tan bien como persona es importantísimo, más allá de los resultados. La prensa y el público también me han tratado bien, con el paso del tiempo he aceptado la crítica, otras opiniones, y eso me ha ayudado a ser más tranquilo y a llevar una mejor vida. Es normal que en el deporte la gente hable y diga, que escriban cosas, pero lo que tienes que aceptar.

¿De qué se considera ejemplo?

Bufff, pues no lo sé. A ver, he sido constante, una persona muy trabajadora. Durante muchos años, mi prioridad ha sido el tenis y he tenido muchas rutinas que he cumplido siempre en el día a día. Mire, le puedo decir una cosa: me voy tranquilo, me voy en paz. He luchado hasta el último punto, me he vaciado. Ha habido momentos mejores y otros peores, pero, en global, he dado todo lo que tenía, no me queda nada.

Entonces, ¿no cambiaría nada?

Sí, sí, cambiaría muchísimas cosas. Por supuesto que sí. Pero las cosas que no he cambiado me han hecho ser como soy como persona, me han hecho madurar. He aceptado los errores, he aprendido de ellos, y he intentado no volverlos a cometer. Seguro que a partir de ahora cometeré otros y trataré de aprender. He sido quien soy por los errores que tuve antes.

¿Cuando echa la vista atrás, diez o quince años para recordar esa etapa más volcánica, en qué piensa?

Bueno… La persona no deja de ser David Ferrer. Lo que pasa es que ha sido un David Ferrer que se ha ido modificando y moldeando con el tiempo. Es cierto que era muy impulsivo y que iba por momentos. Por cómo estaba el día, por si tenía algo fuera de casa que me afectara mentalmente… No sabía afrontarlo en la pista, me castigaba mucho Era más sensible y se veía reflejado. Aprendí y supe diferenciar las cosas. He sabido aceptarme a mí mismo.

¿Tuvo algún punto de inflexión, algún momento en el que se dijo «hasta aquí»?

Sí hubo momentos, no solo uno. Es cierto que en 2008 pasaron ciertos episodios en los que no me gustó nada mi manera de comportarme, en donde decidí tomar mis propias decisiones. Luego, es cierto que a partir de 2016, a nivel personal, tengo ayuda psicológica que me ha ayudado a estar contento y feliz en mi vida personal.

¿Necesitaba trabajar la cabeza?

Sí, por supuesto. La cabeza es músculo, se trabaja igual que cualquier otra parte del cuerpo. Es fundamental y muchas veces no la puedes controlar. Con la ayuda de profesionales, te puede abrir ciertos caminos.

Siempre ha sido algo como tabú para un deportista, que depende tanto del talento o del trabajo, hablar de psicólogos, pero cada vez se le da más naturalidad.

No es solo a nivel profesional. Si tienes talento o reúnes todas las condiciones, pues mejor. Pero a nosotros nos preparan para ser campeones, para llegar a lo más alto del tenis. Pero no nos preparan para la vida. Estás en un mundo… Viajas sin parar, vives en una burbuja… Cuando acabas, cuando estás en casa, la vida cambia. Y es importante saberlo. Ojalá a nivel profesional hubiera tenido esa ayuda, me habría hecho mejor tenista seguro.

Y eso que ya ha sido un muy bueno.

No me quejo, me siento muy orgulloso de la carrera que he hecho, no le voy a decir que no.

Le queda la espinita del Godó, algún Masters 1.000 más…

Sí, el Godó es lo que más me ha dolido Con la carrera que he tenido y que no haya conseguido un Godó, haciendo cuatro finales, sí que me duele. Ya no le hablo de un Grand Slam, porque al final he conseguido una final, he hecho varias semifinales, pero los tres o cuatro jugadores que tenía por delante eran mejores que yo, no me puedo reprochar nada. Pero el Godó sí, quizá podía haberle metido mano, aunque también estaba Nadal. Rafa, del que me preguntan siempre, me ha hecho ser mejor.

Quedará para siempre la frase en la que dijo que era el peor top 10 de la historia.

Ja, ja. ¡Y más frases! Era impulsividad, pura negatividad. En ese caso, acabé el partido y estaba muy enfadado. Ahora he aprendido a no hablar o a esperar el momento después de un enfado por una derrota, hay que darse tiempo y margen.

De hecho, llegó a pasarse un buen rato, incluso un día entero, sin hablar ni con su mujer ni con nadie después de perder un partido.

Sí, sí, y de esto no hace tanto. Era 2013 y estaba tres del mundo. Pero sí, sí… Le voy a decir una cosa: si de algo me arrepiento es de no haber disfrutado más de las victorias. He estado tan centrado y he tenido tanta ambición que quizá me ha perjudicado más que otra cosa. Esos momentos de pausa me hubieran hecho mejor. El tenis va muy rápido. Ganas un torneo y al día siguiente estás jugando otra vez. Ganas al número uno y puedes perder contra quien sea el día después… En el tenis no te da tiempo a saborear las victorias. Pero he tenido mucha suerte, no me puedo quejar.

¿Con qué victorias se queda?

Me quedo con París-Bercy, sin duda (su único Masters 1.000), me quedo con las tres Davis, me quedo con Acapulco cuando gané en 2015 en rápida, me quedo con Viena… En 2012 me quedo con la final de la Davis de Praga, que, aunque perdimos, creo que hice dos de los mejores partidos de mi carrera… No sé, son muchos momentos. La final de Montecarlo, el partido de la Davis contra la República Checa en Barcelona, contra Del Potro en Sevilla… Tengo una sala de trofeos en mi casa y cuando veo todo lo que he conseguido, resoplo. Hasta me canso al pensar en todos los partidos que he jugado.

¿Se acuerda de todos?

De muchos sí, de casi todos, tengo buena memoria.

¿Qué hará el día después?

No lo he pensado. Quiero pasar tiempo con mi familia, sinceramente. He viajado muchísimo y mi carrera ha sido muy intensa, ahora quiero estar en casa, pasear. Me he ido a Jávea, a la costa, para estar con mi familia y mis amigos. Estuve en casa viendo el Abierto de Australia y lo miraba como fan, no echaba de menos estar en esa pista. Y eso me hace sentir bien conmigo mismo. Seguiré viendo tenis porque me encanta y seguro que seguiré vinculado al tenis. Quiero regenerarme, aprender temas de comunicación, formarme en cosas que no he podido hacer. Es el momento.

¿Le contará a su hijo quién fue su padre?

La mayor educación es el ejemplo y espero serlo para él.

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