Puigdemont afila «la Crida» mientras decide si dinamita el PDECat

La sucesión de citas electorales y las discrepancias entre supuestos aliados en el seno del gobierno de Quim Torra han hundido al independentismo en una fase de competición por la supervivencia. Así, mientras Carles Puigdemont y Oriol Junqueras dan consignas cada vez más opuestas a sus subalternos, estos tratan de prepararse para una travesía del desierto que se anticipa larga y cuyo inicio podría estar marcada por la sentencia del juicio al «procés», prevista para otoño. En este sentido, ERC explora nuevas alianzas en el entorno de los Comunes y Ada Colau, mientras la dupla Puigdemont- Torra lo apuesta todo a la «confrontación» con el Estado. Para ello, los «presidents» necesitan hacer un proyecto a su medida, alejado de cualquier atisbo de distensión y que no ponga «peros» a las ideas que salen de Waterloo.

Con un horizonte marcado por la más que probable caída del gobierno de la Generalitat tras la sentencia del Supremo trabaja, desde enero, un dispar grupo formado por 15 dirigentes independentistas que se reúne cada lunes en Barcelona para diseñar el nuevo artefacto político de Puigdemont y Jordi Sànchez: «la Crida». Según sus impulsores, este partido tiene el cometido de convertirse en el instrumento que reunifique todo el espacio independentista. En el caso que no sea posible, no descartan formar una alternativa más en el marasmo de siglas secesionista.

Malestar en CDC

Entre quienes trabajan para conformar este proyecto hay desde consejeros del PDECat a alcaldes de ERC. La carta de navegación de este grupo pasa, en primer lugar, por asaltar un debilitado PDECat, paso imprescindible para hacerse con el control del espacio político antaño capitaneado por la desaparecida Convergència. «Si queremos hacer presión debemos tener músculo, si no no nos van a creer», confiesan desde el entorno del expresidente. En «la Crida» no amagan su interés por deshacerse de la antigua CDC. La semana pasada, el secretario general del partido llegó a sugerir la disolución de los neoconvergentes, propuesta que sentó muy mal en el PDECat. «Que hartos estamos algunos de aguantar a gente que no tiene más objetivo que destruir aquello que son incapaces de crear», apuntó recientemente un dirigente local del partido.

No obstante, la meta final de un Puigdemont que ve como su fuga a Bruselas le hace perder foco de manera progresiva va más allá: hacerse con el mando del independentismo a través de un partido de «personalidad múltiple» capaz de acoger en su seno «del carlismo a las ideologías más libertarias», tal y como ayer mismo apuntaba a Ep Jordi Sànchez.

Según Sànchez, el ciclo electoral de este año ha obligado a la Crida «a ser especialmente discreta para evitar confusiones, pero, pese a ello, va tejiendo en todas las comarcas el crecimiento de un proyecto político que cree que la máxima transversalidad es la mejor manera de defender, después del 1-O, que Cataluña ejerza de manera eficaz el derecho a la autodeterminación».

Pese a la «discreción» a la que aludía Sànchez, «la Crida» prepara para mediados de septiembre un congreso en el que activarán sus «corrientes de opinión» para erguir una formación que congregue las tres de las ramas ideológicas más comunes en el independentismo: izquierdistas, socialdemócratas y liberales, un sistema pensado para vaciar de cuadros y asociados a los partidos de la competencia. Guerra abierta.

Paralelamente, «la Crida» se prepara para despegar como partido independiente. Es por ello que el entorno del expresidente trabaja a destajo para implantar el invento por todo el territorio. ¿El objetivo? Estar preparados por si Puigdemont decide bajarse definitivamente del barco del PDECat y emprender un nuevo camino solo, rodeado únicamente de sus más fieles. «No sabemos aún qué quiere el ‘president’. Estamos expectantes. Aún no lo ha decidido», confiesan a ABC fuentes de «la Crida».

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