Por qu√© el musical ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ es un √©xito en todo el mundo

El 13 de noviembre de 1997, la poderosa Disney pon√≠a los pies en Broadway. Lo hac√≠a reformando un viejo en la emblem√°tica y deteriorada Calle 42, el New Amsterdam Theatre; a cambio de la recuperaci√≥n de este edificio y de su entorno consigui√≥ que el entonces alcalde, Rudy Giuliani, se comprometiera a ¬ęlimpiar¬Ľ la zona, tradicional coraz√≥n del mundo del espect√°culo pero conquistada entonces por la droga y la prostituci√≥n. La primera incursi√≥n del gigante del cine de animaci√≥n en el teatro fue la adaptaci√≥n de una de sus m√°s taquilleras pel√≠culas, ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ.

Julie Taymor, una entonces desconocida directora con alguna experiencia en el mundo de la ópera y algo más en el del teatro de marionetas, fue la encargada de poner en pie, con seres humanos de carne y hueso, una historia protagonizada por animales y creada para ser contada por dibujos animados. El reto estaba planteado.

Hoy, casi veintid√≥s a√Īos despu√©s, el musical ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ es un fen√≥meno internacional. Se han presentado ya veinticinco producciones alrededor del mundo (el montaje es una franquicia; es decir, se presenta igual, clavo por clavo, en todas partes), y lo han visto m√°s de cien millones de personas, seg√ļn sus productores. En Broadway es el tercer musical hist√≥rico con mayor n√ļmero de funciones (ha superado las 9.000), y en Madrid, donde lleg√≥ en octubre de 2011, presenta tambi√©n cifras ins√≥litas en nuestros escenarios: esta temporada se alcanzar√°n previsiblemente los cinco millones de espectadores, y se han llevado a cabo cerca de 3.300 funciones.

Pero ¬Ņcu√°l es el secreto del √©xito de este musical? ¬ŅQu√© lo hace tan especial? Sin lugar a dudas, la responsable tiene nombre y apellidos: Julie Taymor. Es cierto, como ha dicho el director residente de la producci√≥n espa√Īola, Zen√≥n Recalde, que la historia y la m√ļsica son dos factores determinantes en el √©xito del espect√°culo. Pero es, indudablemente, el modo en que se cuenta la historia lo que hace de ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ un musical especial. Solo por los cinco primeros minutos, los de la canci√≥n ¬ęEl ciclo vital¬Ľ (¬ęThe circle of life¬Ľ), en los que los animales se acercan a presentar sus respetos al cachorro reci√©n nacido, merece la pena pagar la entrada, tal es el derroche de imaginaci√≥n, colorido y creatividad.

La puesta en escena planteada por Julie Taymor es de una inteligencia y sensibilidad extraordinarias. La directora estadounidense supo combinar las m√°s primitivas t√©cnicas teatrales -teatro de sombras, marionetas…- con las m√°s punteras tecnolog√≠as de la √©poca -el giratorio de la roca en la que es presentado Simba-. Hay escenas, como la de la estampida, resuelta con un ¬ęsimple¬Ľ sistema de rodillos y distintos tama√Īos para simular la perspectiva, que resultan tan efectivas como hermosas y espectaculares. El cuidado de los detalles en el vestuario -con telas y complementos tra√≠dos de Asia y √Āfrica- y soluciones tan simples como brillantes -el sol de la primera escena, la hierba de la sabana convertida en tocados de las bailarinas-, son elementos ¬ęinvisibles¬Ľ que contribuyen a crear un espect√°culo excepcional.

Pero la joya de la corona del montaje de ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ son las m√°scaras y los mu√Īecos, basados tambi√©n en el teatro m√°s primitivo -¬ęla magia, la ra√≠z del teatro, no ha cambiado desde que naci√≥ en una cueva¬Ľ, dec√≠a Julie Taymor poco antes del estreno-. El hecho de que todos los actores muestren su cara les confiere humanidad, aunque sus movimientos nos recuerdan en todo momento que son animales. Y para eso Julie Taymor se ayud√≥ de las m√°scaras, alguna de ellas bell√≠simas. No son un simple adorno o un recurso; tambi√©n ayudan a modelar el personaje. Las caras de los personajes infantiles est√°n sin terminar, mientras que las de los personajes adultos s√≠ est√°n enteras. La coreograf√≠a de Garth Fagan, buscando movimientos animales, termina de cincelar y definir los caracteres.

Naturalmente, toda esta inteligente y creativa construcci√≥n no podr√≠a haberse levantado sin una buena historia y una buena m√ļsica. En ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ hay elementos del ¬ęHamlet¬Ľ shakespeariano, tintes psicoanal√≠ticos, ecos de par√°bolas b√≠blicas… Todo ello sobre personajes de profunda humanidad, a medio camino entre el arquetipo y la singularidad, y con sentimientos f√°cilmente reconocibles por todos los p√ļblicos.

Y la √ļltima pata que hace de ¬ęEl rey le√≥n¬Ľ el √©xito que es hoy en d√≠a tiene varios padres: Elton John, Lebo M, Mark Mancina, Jay Rifkin y Hans Zimmer, autores de la m√ļsica. Las conocidas canciones empastan a la perfecci√≥n con la m√ļsica incidental para ambientar la acci√≥n; de hecho, las que no estaban en la pel√≠cula y s√≠ en el musical parten de la banda sonora y se han convertido en canci√≥n.

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