Pioneros de los frascos: ni tragos ni empanadas, son cuentos envasados

Literatura distribuida en ediciones artesanales, con tapa

El escritor Eduardo Abel Giménez ofrece microrrelatos en un contenedor muy poco convencional, con su pequeño sello independiente Dábale Arroz; formas distintas de llevar la literatura

Antes de que a algún cocinero se le ocurriera servir empanadas en un frasco y antes también de que los bartenders cambiaran los vasos de trago largo por recipientes de mermelada, el escritor Eduardo Abel Giménez y la editora Natalia Méndez envasaron microcuentos impresos en papeles de colores y los distribuyeron en ferias de libros y algunas librerías.

Primero lanzaron veinte “ejemplares”; al tiempo, gracias al boca en boca, subieron a cincuenta. La última edición, que fue revelación en la reciente Feria de Editores, fue de cien. Se vendieron a 300 pesos cada uno. Pero, además del ocurrente envase, lo mejor de este libro con formato y soporte peculiares es el contenido: 23 microcuentos de un gran autor (el propio Giménez) que se disfrutan como golosinas.

A simple vista parecen dulces. Son tiras de colores plegadas y vienen en un frasco de vidrio con una tarjeta: Dábale Arroz, Libros Artesanales. Al destapar el envase, de esos que traen aceitunas o mermeladas, irrumpe la sorpresa: adentro hay literatura. Inquietantes, fantásticos, algunos muy breves, los relatos están dirigidos a todos los lectores.

“El primer aviso decía: ‘Con calma que hay tiempo’. El segundo aviso decía: ‘Ahora a paso normal’. El tercer aviso decía: ‘Por tu culpa llegamos tarde'”. Juguetón y conciso, es uno de los microcuentos de Giménez que vienen en el frasco. ¿De dónde surgió la idea? Cuenta el escritor: “Yo había visto un frasco con textos en el sur, un tiempo antes de empezar con Dábale Arroz, en diciembre de 2013. No lo tengo, y me avergüenza no haber tomado nota, así que no recuerdo el autor ni nada, solo que me llamó la atención el formato. Con los años vi online una que otra publicación semejante, pero tampoco fui lo bastante previsor como para tomar nota. Empezamos con veinte y mantuvimos ese número durante varias tiradas. Luego subimos a cincuenta y la última fue de cien. En total habremos hecho unos 300 frascos. Hasta ahora la demanda fue siempre mayor que la oferta; incluso pasamos largo tiempo sin frascos para ofrecer. Ahora logramos cambiar esto, y esperamos mantenernos así, además de publicar otras cosas que estamos planeando”.

El pequeño sello independiente, que estuvo este año por primera vez en la FED con sus libros artesanales y enfrascados, presentó el viernes 23 los primeros tres títulos en formato papel. “Las tres novelas son muy diferentes, en género y textura. La mía ( Juicio a las diez, que obtuvo el segundo premio de novela del Fondo Nacional de las Artes) es altamente subjetiva; la de Marina Berri ( Fantasmas), fantástica de una manera original, con la mirada de una nena de unos ocho años; la de Cris Zurutuza ( La vida láctea), realista con una dosis de delirio altamente saludable. Conozco a Cris y a Marina desde hace años y venimos compartiendo sus escritos. Así que la primera selección, además de que son excelentes novelas, vino porque estaban cerca y yo quería publicarlas -explica Giménez-. La idea fue darnos el gusto de hacer objetos con texto, tras años de blogs y otras plataformas digitales, por un lado, y libros tradicionales, por el otro. Practicar la producción artesanal, que nos atrae inmensamente. Dar cabida a escritos e ideas que de otro modo quedaban fuera de la vista”.

Si editar en la Argentina es una misión riesgosa, editar en esta época tan crítica para el sector editorial parecería una misión suicida. Para el autor de El fondo del pozo y Vania y los planetas, entre otros veinte títulos, es un desafío: “Publicar en tiempos de crisis es una tradición, acá y en todo el mundo. Con el mercado editorial prácticamente destruido, florecen las editoriales independientes, unipersonales, que no tienen expectativa de generar ganancias. Ese es nuestro caso. El objetivo es recuperar el dinero y luego, en la medida de lo posible, poder pagar la edición de nuevos títulos (hay varios en carpeta). Sobre todo, no parar; buscar la manera de tener nuevos títulos regularmente, para lo cual necesitamos el apoyo de esos lectores que no dudan en invertir tiempo de lectura (¡y plata!) en libros de autores y editoriales nuevos. Es central el boca en boca, la venta de mano en mano. Los amigos que compran para su biblioteca, pero también para regalar; los amigos de los amigos, que se acercan con curiosidad. Para esto, que los libros sean lindos y estén bien hechos es fundamental. Creo que cumplimos con esa condición”, completa Giménez.

Este año, a Dábale Arroz se sumó A la Zorra, un microemprendimiento de Méndez, que hace una serie de animales lectores en cerámica, también presentados en sociedad en la última FED. Así que ahora los cuentos en frasco arman un combo perfecto con las pequeñas esculturas de animales con minilibros dibujados y encuadernados por Méndez en forma artesanal y forman un gran proyecto: Dábale Arroz a la Zorra.

Otros formatos raros

Los recipientes de vidrio no son los únicos soportes originales. También hay cuentos en cintas de Moebius, como los del libro Detrás de él estaba su nariz, de Istvansch

Cuento en caja. Tener un patito es útil, de Isol, viene en láminas desplegables que se leen de ambos lados

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