«Picasso fue un gran feminista»

Si éste fuese el guión de una película, comenzaría con un primer plano de un baúl con las iniciales grabadas O.P., que apareció en el castillo de Boisgeloup, adquirido por Picasso en 1930. Encerrados en él, todos los recuerdos de una mujer que acabó derrotada por la soledad y el dolor, herida por los celos y las infidelidades, al borde de la locura. Llevó consigo ese preciado baúl hasta la clínica Beau-Soleil de Cannes, donde fallecería el 11 de febrero de 1955. Es Olga Picasso, primera esposa del artista, a quien el Museo Picasso Málaga dedica una gran exposición, comisariada por Joachim Pissarro, Émilia Philippot y Bernard Ruiz-Picasso, nieto de Picasso y Olga. Nunca llegó a conocer a su abuela. Su padre, Paulo, no le habló mucho de aquella mujer cuyo retrato presidía el salón de su piso parisino. «Llegué a pensar que sólo tenía abuela por parte de madre», advierte. Paulo no le hablaba de ella porque era «una historia muy triste para él, vivió en casa un melodrama que le dañó psicológicamente».

Olga Khokhlova nació el 17 de junio de 1891 en Nizhym (Rusia) –hoy es parte de Ucrania–, estudió danza en San Petersburgo y a los 19 años entró en los Ballets Rusos de Diáguilev. En 1917 se cruzó en su camino Pablo Picasso, al que acaba de abandonar Irène Lagut. Olga y él se conocieron en Roma, en una gira de la compañía con el ballet «Parade». Picasso dio buena cuenta del consejo de Diáguilev:«Con una rusa, uno se casa». Un año después se daban el sí quiero en París con unos padrinos de excepción. Por parte de Olga, Cocteau y Svetlov. Por parte de Pablo, Apollinaire y Max Jacob. El único hijo de la pareja, Paulo, nacería en 1921.

Pablo Picasso y Olga Khokhlova en la terraza del hotel Minerva, Roma, 1917
Pablo Picasso y Olga Khokhlova en la terraza del hotel Minerva, Roma, 1917 – © Archivos Olga Ruiz-Picasso, Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid.

Películas inéditas

Aquel baúl que Paulo heredó de su madre pasaría a manos de Bernard. Hoy forma parte de los fondos de la Fundación Almine y Bernard Ruiz Picasso para el Arte. En su interior, más de 600 cartas, fechadas entre 1919 y 1933 y atadas con cintas rosas y azules, que la familia de Olga le enviaba desde Rusia. Las remitían su madre, Lidia; su hermana Nina, sus hermanos Vladimir y Nicolai. Yevgueni murió prematuramente. No se conservan las que mandó Olga. Su padre, Stepán, un oficial del Ejército Imperial, falleció, aunque nunca hubo confirmación. Bernard decidió traducir las cartas al francés. Un excepcional material que ha arrojado luz sobre su familia rusa.

Junto a las misivas, en el baúl había numerosas fotografías, tutús y zapatillas de ballet, un crucifijo, una Biblia… En la casa de Boisgeloup también aparecieron tres películas en Super-8 inéditas, grabadas por Picasso en primavera del 31, donde aparece con Olga, Paulo y su fox terrier Bob, en plena armonía familiar. Aunque nada más lejos de la realidad, como veremos más adelante.

Fruto del estudio de todo ese material, se dedicó a Olga en 2017 una exposición en el Museo Picasso de París, que al año siguiente se vería en el Pushkin de Moscú. Ahora llega a España. Tras su paso por Málaga (26 de febrero-2 de junio), irá a CaixaForum Madrid. Se muestran 350 objetos, entre pinturas, dibujos, cartas, fotografías, documentos, películas… «Fue un sueño encontrar en el baúl estos archivos que han permitido descubrir quién es mi familia en Rusia», advierte el nieto de Picasso, hijo de Paulo y su segunda esposa, Christine.

Picasso. «Gran desnudo en un sillón rojo» (1929). Detalle. Museo Picasso, París
Picasso. «Gran desnudo en un sillón rojo» (1929). Detalle. Museo Picasso, París – © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

Juicio y condena a Olga

Pero la historiografía no ha sido muy benévola con Olga. Más bien, la ha condenado sin piedad como la mala de la película, la intrusa. Kahnweiler, Braque, Gris, Roland Penrose, John Berger… Solo Pierre Daix parece salvarla de la hoguera. La acusan de haber aburguesado tanto a Picasso como a su arte, de haber perjudicado su carrera, de hacerle perder su libertad, alejarle de sus amigos, cambiar de marchantes, llevar un tren de vida de lujos y excesos… ¿Tanto le perjudicó? «Absolutamente no –dice Bernard Ruiz-Picasso–. ¿Una señora podía cambiar totalmente al hombre que ama? No lo creo. Son injustas muchas de esas críticas a Olga. Cuando Picasso compra un castillo en Normandía no es para hacerse el burgués o el aristócrata. Es porque quiere demostrar que un artista puede llegar a comprarse un castillo».

Olga, dice, «fue una mujer muy moderna, que vivió un sueño de bailarina con un príncipe hasta que se entera de que Picasso vive una doble vida con Marie-Thérèse Walter». Un trío al que se irían uniendo Dora Maar, Françoise Gilot, Jacqueline Roque… Olga fue una de sus musas más retratadas (aparece en unas 140 obras), pero también la mujer con quien Picasso más se ensañó, personal y artísticamente. Françoise Gilot, con quien Picasso tuvo dos hijos (Claude y Paloma), y Marina, nieta del artista, le retratan en sendos libros como un monstruo sádico y caníbal. La primera cuenta en «Vida con Picasso» que el artista disfrutaba haciendo sufrir a Olga, que la arrastraba por el suelo de los pelos. ¿Fue Olga una víctima más de Picasso? Dos de sus mujeres, Marie-Thérèse Walter –nunca se casó con ella, aunque tuvieron una hija, Maya– y Jacqueline Roque, acabaron suicidándose. Y uno de sus nietos, Pablito, murió tras beber lejía. ¿Se destruyeron mutuamente Olga y Picasso en esa relación de amor-odio? ¿Quién fue la víctima y quién el verdugo? «Una persona razonable no decidiría ir a vivir con Picasso. Una niña de 17 años (Marie-Thérèse) se marchó a vivir con un hombre del que no sabía nada y al que encontró frente a las galerías Lafayette». Fue en 1927.

Baúl de viaje de Olga Picasso. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid
Baúl de viaje de Olga Picasso. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

«Picasso es Picasso, un artista que ama a las mujeres con las que vive y a sus hijos. Pero para él lo primero siempre fue el arte. Todas las mujeres, debido a la intuición femenina, sabían el riesgo que suponía acercarse a Picasso. Si eres capaz de vivir con Picasso, con Einstein, sabes dónde te metes», comenta el nieto del artista. Lo ve como «un artista pop. Mucho antes que Warhol, Picasso ya hablaba en sus obras de su vida. A través de su trabajo se desnuda, nos muestra su alma. Tuvo la voluntad de escribir, a través de su arte, su biografía: lo privado y lo público, todo».

Cuenta Gilot que Olga nunca aceptó su ruptura con Picasso. Fue en 1935, aunque no se hizo oficial hasta 1940. Era el amor de su vida y quería seguir siendo a toda costa Madame Picasso. Ya en 1918 escribe al artista: «Nunca podrás quererme tanto como yo te quiero. En la vida solo se quiere una vez y tú ya has querido. Es la causa de mi infortunio. Ni te imaginas cuánto dolor siento, ni cuánto sufro. No logro tranquilizarme, ni dejar de llorar. Te amo y soy infeliz».

Picasso. «Paulo vestido de arlequín» (1924). Detalle. Museo Picasso, París
Picasso. «Paulo vestido de arlequín» (1924). Detalle. Museo Picasso, París – © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

«Desesperada, no loca»

Tras separarse, seguía mandándole cartas a diario, perseguía y acosaba tanto a Picasso como a su hijo y sus mujeres. «Desesperada, sí, pero loca, no», comenta su nieto. Sobre el libro de su hermanastra, en el que despelleja vivo a Picasso, tira de fina ironía: «Cada uno puede pensar lo que quiera. Marina dice todo eso, pero en su casa hay obras de Picasso en todas las paredes». Alude al cinismo de quien destrozó al abuelo en un libro, pero no tuvo reparos en heredar una inmensa fortuna con sus obras.

Al comienzo de su relación, Picasso retrata a Olga sentada en un sillón, estática (algo extraño para una bailarina), melancólica, triste, altiva, lejana, fría, distante. Pero en las películas del 31 se muestra extrovertida, sonriente, relajada, jugando con su hijo y con Picasso. ¿Cuál es la verdadera Olga? ¿O lo son las dos? «Esas películas muestran muy bien las ambigüedades en las que vivimos todos. Son como un espejo», dice Bernard, que recuerda a Picasso como «un abuelo un tanto singular» y «un egocéntrico, pero todos los artistas lo son al cien por cien».

A los 24 años Olga abandona Rusia definitivamente. También abandonaría para siempre el ballet por Picasso y las enfermedades. Tras la Revolución del 17 (Bernard dice que fue una guerra civil), su familia cayó en la miseria, que contrastaba con la vida burguesa que llevaban Olga y Picasso en su piso de la Rue La Boétie de París, en Biarritz, Juan-les-Pins… Tenían niñera, criada, cocinera y chófer. ¿La mortificaba, la atormentaba? ¿Se sentía cupable? «Sí. Su vida social subía con Picasso al tiempo que su familia en Rusia perdía el control. Hay cartas dramáticas que explican el caos que había en Rusia por entonces».

Bernard Ruiz Picasso, en el museo de su abuelo en Málaga en una imagen tomada en 2018
Bernard Ruiz Picasso, en el museo de su abuelo en Málaga en una imagen tomada en 2018 – FRANCIS SILVA

«Olga pedía demasiado de mí»

«Olga pedía demasiado de mí», se lamentaba Picasso. Sea verdad o no, siempre se ha minusvalorado la «época Olga» en su carrera, a la que tildan, peyorativamente, de «neoclásica». «No veo nada neoclásico en Picasso. Es siempre moderno, contemporáneo», dice Bernard. Esta exposición reivindica que el «periodo Olga» fue importante en su obra. Tras la época azul y rosa y el cubismo, mira a la Antigüedad y el Renacimiento italiano. «En los años 20 dijeron que Picasso estaba muerto. Finito», asegura su nieto. Un «asesinato» con una única sospechosa: Olga. «Tenemos la suerte de poder recordar a un personaje importante en la vida de este genio. Y hacerlo con rigor. En esta exposición hay mucha emoción y estudios académicos, que permiten valorar este periodo de Picasso», explica Bernard.

De los retratos de Olga de primera época impregnados de tristeza y melancolía y sus hermosas maternidades –hay espléndidos ejemplos en la exposición–, pasaría a retratarla como un monstruo de dientes afilados. Olga protagoniza brutales crucifixiones, es el caballo al que el toro (Picasso) destripa en sus Tauromaquias. El 25 de diciembre de 1931 pinta «Mujer en un sillón rojo». El cuerpo delata claramente que la modelo es Marie-Thérèse. Ha borrado la cara y ha pintado sobre ella un corazón. Olga ya sabía desde hacía tiempo de su existencia. «Picasso fue un gran feminista –dice su nieto ante nuestro asombro–. El problema es de la mujer. Picasso no era el responsable, no escondía nada». Sorprendentes declaraciones, pues Picasso difícilmente se habría salvado hoy de las garras del #MeToo. Le habrían vapuleado por «machista».

Pero el día de Navidad del 31 pintó un segundo cuadro, «Mujer con estilete», en el que parece que Olga «mata» a Marie-Thèrése, emulando el asesinato de Marat. «Picasso era consciente del dolor que estaba provocando a su esposa y a su hijo. En ese cuadro parece decir: “Yo estoy destruyendo a mi familia y lo represento así”», advierte Bernard. Otra obra demoledora presente en la exposición es un dibujo del 36, en el que aparece un Minotauro (Picasso), tirando de un carro en el que hay tres animales a los que ha sacrificado. Son Olga, Marie-Thérèse y Paulo. El Minotauro, siempre feroz e insaciable.

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