pérdida de un 30% de clientes y a expensas de un nuevo Gobierno

«Maldita la hora en la que nos pusimos tan chulos», exclama, un año después de que se iniciase en el Paseo de la Castellana la primera gran huelga del taxi, un conductor anónimo. No hace falta preguntarle cómo ve ahora el sector para que en su cara se sucedan las muestras de desánimo, pensando en la situación presente y la rabia recordando las imágenes que propiciaron en el pasado. «Elegimos muy mal a nuestros representantes. No solo eran agresivos en sus discursos, sino también con los compañeros. Había que seguirles la corriente para evitar represalias y no sentirte el apestado del colectivo», continúa. Tiene claro que, aunque algo tenían que hacer, las formas no fueron las adecuadas.

El colapso de la principal arteria de tráfico del centro de la capital –«Paralizaremos Madrid hasta que se cumpla la ley», amenazaron entonces– les ha pasado factura. También la protesta que convocaron en invierno y que, más que huelga, terminó en guerra, con antidisturbios desalojando la Castellana, trabajadores atropellados y violentos piquetes en la M-40. «Desde que se reactivó el servicio, hemos perdido un 30% de productividad y, por tanto, de clientes», afirma Miguel Ángel Leal, presidente de la Asociación Gremial del taxi, expectante por las decisiones que espera que tome el nuevo Ejecutivo de la Comunidad de Madrid respecto al sector cuando se constituya. «El ciudadano castigó al taxi», asevera.

Las cuentas fueron peores incluso en los meses de marzo y abril, después de que levantasen su campamento de las inmediaciones de Ifema. «A la gente le costaba subirse a los taxis. Estaban enfadados con nosotros y tenían razón, pero de alguna manera teníamos que luchar», dice Carmen Castro, portavoz de la plataforma Caracol, en clara autocrítica por lo ocurrido.

«Patata caliente»

Poco a poco, intentan volver a la normalidad y «recuperarse». No culpan solo a la huelga, sino, como no podría ser de otra forma, al auge de los VTC. Hace un año calculaban que había en Madrid en torno a 5.000 Uber y Cabify. «Ahora son 8.000», asegura Leal. El crecimiento es tal que, según fuentes de la compañía, la media de descargas diarias en Cabify ha llegado a multiplicarse por tres. Es más, en cierto sentido, ya los han absorbido. La plataforma ya opera con taxis en Madrid y dispone de una flota de 100 vehículos.

El desánimo es generalizado un año después del bloqueo del Paseo de la Castellana (del 29 de julio al 2 de agosto) por los pocos avances –o ninguno– en la regulación. Sienten que las promesas que les hizo el Gobierno, con negociaciones lideradas por José Luis Ábalos, no se han cumplido. A pesar de haber aprobado un real decreto para, en teoría, limitar la actividad de Uber y Cabify, los taxistas opinan que lo único que ha logrado el responsable de Fomento es pasarle la «patata caliente» a las comunidades, ahora con las competencias del colectivo, y al Ayuntamiento de Madrid.

La alegría inicial pronto se esfumó, convirtiendo los artículos de la ley en humo. «Seguimos a la espera de que la Administración regule los VTC como en otros sitios. No queremos que los VTC desaparezcan, solo que se cumpla la proporción: un VTC por cada 30 taxis», demanda Jesús Fernández, vicepresidente de Fedetaxi, también crítico, como sus compañeros de sector, con la gestión de los paros: «No supimos transmitir nuestras reivindicaciones y se politizó en exceso en Madrid». ¿Otro culpable? Para ellos, Ángel Garrido, presidente de la Comunidad en ese momento. «Lo que hizo fue imperdonable. Esperamos que en esta ocasión estén a la altura de las circunstancias. El taxi debería ser indemnizado por la pérdida de servicios», opina Leal. Los trabajadores han enviado ya sus reivindicaciones a Isabel Díaz Ayuso, previsiblemente próxima presidenta de la región. A pesar de que el tiempo parece que está corriendo en su contra, no mueven sus líneas rojas. Siguen pidiendo que, más allá de la proporción de vehículos, a Uber y Cabify se les establezca un tiempo mínimo de precontratación: los famosos 15 minutos impuestos en Barcelona y que se han recurrido varias veces.

Críticas a Carmena

«A ver si se pone manos a la obra, alguien tiene que poner coto a los VTC», pide el encargado de la Gremial a Díaz Ayuso. Sus palabras no son más benevolentes con el Ayuntamiento: «Carmena firmó un convenio con la Comunidad en el que se comprometía a formar a la Policía Municipal para que persiguiese las infracciones de los VTC. No hizo nada», apunta Leal, que endurece su discurso al tiempo que habla. «Actuó con un populismo vergonzante para el sector del taxi. Nos utilizó contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Garrido hizo lo mismo: fuimos su ariete contra su propio partido», critica.

El nuevo concejal de Movilidad, Borja Carabante, no ha concretado aún si seguirá adelante con la propuesta de ordenanza para regular las licencias VTC hecha por Ahora Madrid y que debería aprobarse en septiembre. Esta equipara y regula los horarios y el calendario al del sector del taxi. Sí ha asegurado que se modificará la ordenanza del sector, pero estos no terminan de fiarse. «A ver a quién favorece, si a los VTC o a nosotros. El PP no quiere regular. Quiere liberalizarnos», espeta, incrédula, la portavoz de Caracol.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!