Peor, imposible

Lo peor de todo es que el aspirante a candidato del Gobierno ha dado probada muestra de su ineptitud para la gesti√≥n pol√≠tica durante el tiempo transcurrido entre las elecciones del 28 de abril y su investidura fracasada del 25 de julio. Durante esos tres meses se ha comportado como un pat√°n. Contabilizemos sus errores de bulto: El primero, la misma noche de las elecciones, fue vender su magro resultado como una proeza triunfal. Como ven√≠a de hacer espeleolog√≠a, cavando fosas cada vez m√°s profundas elecci√≥n tras elecci√≥n, el hecho de haber igualado los resultados que obtuvo Rajoy en 2015 -y que obligaron a repetir los comicios- le pareci√≥ toda una haza√Īa. Sali√≥ de las urnas convencido de que su investidura iba a ser pan comido. El segundo error fue haberse cre√≠do que podr√≠a gobernar en solitario . Pero ni Podemos estaba por la labor de darle gratis su apoyo -ni siquiera a precio de saldo, como luego hemos visto-, ni Ciudadanos quiso prestarle o√≠dos al requerimiento de la abstenci√≥n patri√≥tica. Desde ese instante comenz√≥ el calvario de S√°nchez. Cuando baj√≥ la espuma del champ√°n de la celebraci√≥n del 28-A, por fin se dio cuenta -a la fuerza ahorcan- de que su √ļnica v√≠a de acceso al poder pasaba, inexorablemente, por resucitar a un Frankenstein que hab√≠a encarecido notablemente sus exigencias. El PNV exig√≠a que Navarra no cayera en manos de Navarra Suma, ERC -ahora en comandita con Bildu, por si el trago independentista con la estelada no era lo bastante amargo- solicitaba la libertad de los pol√≠ticos presos, y Podemos exig√≠a Gobierno de coalici√≥n. El tercer error de S√°nchez fue creer que los podemitas jugaban de farol y que a medida que se acercara la fecha de la investidura ir√≠an relajando sus condiciones. Era tan claro que la repetici√≥n electoral jugaba en contra de Podemos que en Moncloa daban por hecho que har√≠an lo que fuera por evitarla. Fue en ese pulso con Iglesias donde S√°nchez sac√≥ a relucir todo el repertorio de su torpeza pol√≠tica. Por no ponerse una vez colorado acab√≥ poni√©ndose cien veces amarillo. Primero, Gobierno de cooperaci√≥n: fracaso. Segundo, Gobierno con podemitas en segundos niveles: fracaso . Tercero, Gobierno con ministros independientes propuestos por Podemos: fracaso. Cuarto, Gobierno con ministros podemitas de carn√© pero de perfil t√©cnico: fracaso. Quinto, Gobierno con ministros podemitas de perfil pol√≠tico, pero en carteras de segunda: fracaso‚Ķ El cuarto error de S√°nchez, cuando la partida -despu√©s de tanto fracaso- consist√≠a en enjaretarle a Podemos la culpa del bloqueo, consisti√≥ en abrirse a un Gobierno de coalici√≥n con todas las de la ley, pero vetando en √©l la participaci√≥n de Iglesias. Estaba seguro de que los podemitas iban a mandar la idea a hacer pu√Īetas. Pero se equivoc√≥. Iglesias se trag√≥ el sapo, y desde ese momento dio comienzo uno de los sainetes m√°s bufos que se recuerdan. La idea consist√≠a en que pareciera que el PSOE quer√≠a llegar a un acuerdo, cuando lo cierto es que la idea de alcanzarlo le produc√≠a escalofr√≠os. Durante la √ļltima semana, los ciudadanos hemos asistido a una ducha escocesa -ahora s√≠, ahora no, ahora s√≠, ahora no- que ha convertido la pol√≠tica en lo m√°s parecido a la rueda de la fortuna. Si S√°nchez hubiera dicho que no desde el primer instante -que es lo que le ped√≠an el cuerpo y la cabeza- nos habr√≠amos ahorrado este espect√°culo de vodevil cutre que ha colocado a la clase pol√≠tica a la altura de lo que realmente es. Ahora, de cara a septiembre, las cosas se complican mucho m√°s. Aunque Podemos se bajara los pantalones y estuviera dispuesto a investir a S√°nchez gratis total (algo altamente improbable), har√≠a falta que los independentistas -con la sentencia del 1-0 encima de la mesa- mantuvieran su disposici√≥n a abstenerse. ¬ŅLo har√°n? Pincho de tortilla y ca√Īa a que no. Rufi√°n ya dej√≥ claro que era ahora o nunca. O S√°nchez compra la complicidad de PP y Cs con la aplicaci√≥n inmediata del 155 en cuanto el polvor√≠n de la Diada ponga Catalu√Īa patas arriba, o las nuevas elecciones no las evita nadie. El oto√Īo arde.

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