Pedro S√°nchez, un jacobino federal

Las 309 p√°ginas del vadem√©cum que firma el presidente del Gobierno de Espa√Īa, Pedro S√°nchez, se pueden resumir, b√°sicamente, en dos tuits: me quiero mucho (os lo digo y me lo dicen) y estoy en pol√≠tica para salvar a Espa√Īa, primero, y a Europa, despu√©s. Manual de resistencia (Pen√≠nsula, 2019) pasar√° a la historia por ser una obra de memorias -ni cinco a√Īos de pol√≠tica de alto nivel- de un presidente del Gobierno publicada durante su mandato -nueve meses- y cuyo autor confiesa que, en realidad, quien le dio a las teclas del ordenador no fue √©l sino Irene Lozano, la exdiputada de UPyD y del PSOE, ahora secretaria de Estado de la Espa√Īa Global, ¬ęfruto de largas horas de conversaci√≥n¬Ľ. Es un dec√°logo de su pensamiento m√°s que un resumen de sus acciones.

Sobre la forma y el fondo de la obra, y las primeras reacciones en el PSOE, ya han escrito en p√°ginas de este diario el director adjunto Luis Ventoso y el corresponsal con los socialistas, V√≠ctor Ruiz de Almir√≥n; ayer, Sergi Doria resumi√≥ el egodocumento; sobre las conversaciones con el Rey, reveladas en un reguero de p√°ginas, dio su opini√≥n Tom Burns Mara√Ī√≥n (en Expansi√≥n) y Marisa Cruz (en El Mundo) y Almudena Mart√≠nez-Fon√©s (en ABC) las contextualizaron; y en defensa de la socialdemocracia del escribiente/hablante, Joaqu√≠n Estefan√≠a (en El Pa√≠s) dej√≥ su impronta. S√°nchez da estopa, sin contemplaciones, al PSOE que hered√≥, a los barones territoriales y al llamado aparato que le maniataron y expulsaron como secretario general entre 2014 y 2016. Se despacha a gusto con Mariano Rajoy, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Pasa cuentas con los medios de comunicaci√≥n (sin citar uno) y con los l√≠deres econ√≥micos (sin nombrarlos). ¬ęEs un yo, me, m√≠, conmigo. Explica cosas que no pasaron como √©l las relata. Creo que se ha endiosado. Lo de cobrar de un grupo editorial cuando ocupas La Moncloa, solo te puede traer problemas¬Ľ, asegura una persona que trabaj√≥ con el S√°nchez anterior al S√°nchez presidente.

Al margen del fondo intelectual de esta obra -es evidente que no es F√©lix Ovejero-, lo que descubren las 309 p√°ginas (colch√≥n, S√°lvame, San Juan de la Cruz y llamada de Susana D√≠az a Alfredo P√©rez Rubalcaba mediante) es que el l√≠der del PSOE y presidente del Gobierno es un jacobino federal o jacobino posmoderno. Tal cual, una contradicci√≥n acorde con los tiempos. Un jacobino cl√°sico hecho al mundo del siglo XXI. Es decir, un jacobino que antepone el poder, llegar a √©l y mantenerse, a cualquier otro aspecto dogm√°tico. Un federalista (¬°y no uno cualquiera!) que admite y lo deja por escrito que el federalismo es unir y no separar (p√°gina 308): ¬ęCuando hablamos de la Espa√Īa auton√≥mica y planteamos el federalismo, aqu√≠ mucha gente, por nuestra historia, lo asocia a disgregaci√≥n. Sin embargo, cuando se habla de federalismo europeo resulta ser todo lo contrario: es integrador. Hemos de hacer mucha pedagog√≠a para que se entiendan las reformas, los conceptos, y fluya ese proceso pol√≠tico¬Ľ. Podr√≠a empezar por explicarlo en Catalu√Īa.

S√°nchez tiene clara esta teor√≠a (jacobino federal) y en el PSOE la puso en pr√°ctica tras recuperar su liderazgo (2017), algo que no pudo hacer en su primera etapa por culpa de los barones, que ten√≠an un gran poder real de desestabilizaci√≥n. ¬ęDurante mucho tiempo hemos tenido direcciones territoriales que han condicionado demasiado al secretario general nacional. Hoy tenemos una direcci√≥n federal, que consulta, coordina y coopera con los territorios (…). Pero otra cosa muy distinta es tener una ejecutiva federal hecha al dictado de las direcciones territoriales, porque eso dificulta ofrecer un proyecto de pa√≠s. Esa debilidad del secretario general resulta nociva para Espa√Īa. (…) Con tanto peso territorial, hab√≠a desdibujado nuestro proyecto nacional y nos hab√≠a llevado a tener a menudo una visi√≥n parcial del proyecto de pa√≠s. No solo el PSOE necesitaba fortalecer la direcci√≥n federal. Espa√Īa tambi√©n necesitaba que lo hici√©ramos¬Ľ (183 y 184).

Un federalismo que el jacobino S√°nchez descubre en un aspecto tan simb√≥lico como es la bandera de Espa√Īa: ¬ęEl error de la izquierda espa√Īola es no haber lucido esos s√≠mbolos -la bandera y los s√≠mbolos constitucionales- como s√≠ lo ha hecho la derecha. (…) Los candidatos socialistas s√≠ presentan sus candidaturas luciendo las banderas de sus autonom√≠as. (…) Como l√≠der de izquierdas s√≠ me cre√≠ en la obligaci√≥n de lucir nuestra bandera constitucional¬Ľ (102). O tambi√©n -otro s√≠mbolo- una estructura de Gobierno: los Ministerios de Sanidad, Educaci√≥n, Industria y Cultura son ¬ęuna se√Īa de identidad de los gobiernos socialistas, pues, por m√°s que las CC.AA. tengan competencias muy amplias en estas materias, siempre tiene que haber pol√≠ticas de Estado que favorezcan la igualdad de los espa√Īoles y la aplicaci√≥n de pol√≠ticas sociales¬Ľ (155).

Con estos mimbres, el presidente del Gobierno entra de lleno en el asunto nacionalista o, lo que es lo mismo, en defender la aplicaci√≥n del art√≠culo 155 (¬ęel Estado actu√≥ de manera inteligente¬Ľ), a cuyos l√≠deres secesionistas env√≠a un mensaje claro, di√°fano y, por qu√© no, catal√°n: ¬ęConocen el marco legal, son conscientes de que hablar de cualquier idea es absolutamente leg√≠timo en nuestro sistema. Pero no pueden cometer delitos, como no lo puede hacer ning√ļn ciudadano en un sistema en el que nadie est√° por encima de la ley. (…) Cuando la v√≠a judicial comienza tiene su propia l√≥gica, que no es pol√≠tica¬Ľ (271 y 275).

Pero todo esto no es m√°s que blabl√°. El jacobino federal que S√°nchez lleva dentro exhibe sus mejores cartas cuando, para dar por fin con la f√≥rmula que resuelva los males de los nacionalismos, defiende, entre otras medidas, ¬ętrasladar ciertas instituciones a distintos puntos de Espa√Īa. ¬ŅPor qu√© no hacer un planteamiento de descentralizar instituciones que representan al Estado?¬Ľ (295), para acto seguido recordar que: ¬ęEl Estado tiene facultades de armonizaci√≥n legal que no ha utilizado. Tampoco hay que inventar la rueda, sino utilizar los mecanismos que ya existen. La Espa√Īa auton√≥mica exige sobre todo lealtad y es evidente que el independentismo no ha sido leal. (…) El desarrollo auton√≥mico debe terminarse, hay que hablar de mecanismos auton√≥micos reforzados de cooperaci√≥n y de lealtad, entre otras cosas. (…) Esta crisis por el momento dura diez a√Īos y probablemente se prolongue mucho m√°s¬Ľ (296). El reto pasa por una reforma constitucional. En Alemania ¬ęlo est√°n haciendo¬Ľ (307). Hasta aqu√≠ la teor√≠a. De la pr√°ctica, si eso, despu√©s del 28 de abril. En resumen, un Aza√Īa cualquiera (65).

Daniel Tercero

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