Parricidio por un rasgo de honradez

El domingo veintis√©is de febrero de 1905 el ayuntamiento de Santa Cruz del Retamar celebr√≥ una sesi√≥n plenaria muy especial. El alcalde Venancio Lahera convoc√≥ a sus concejales para condenar la muerte violenta de uno de sus convecinos, Juan S√°nchez Vallejo, quien seis d√≠as antes hab√≠a sido asesinado por un hijo suyo, y testimoniar el m√°s absoluto repudio hacia la persona del criminal, lanzando contra √©l ¬ęel estigma de mal hijo de este pueblo, que por desgracia para este honrado vecindario le viera nacer¬Ľ. El m√≥vil del crimen, como m√°s adelante veremos, fue un rasgo de honradez del pobre Juan, labrador de oficio.

La v√≠spera de reunirse el consistorio churriego, los lectores de ¬ęEl D√≠a de Toledo¬Ľ conocieron las primeras noticias del crimen. ¬ęEn Santa Cruz del Retamar -se dec√≠a- se ha descubierto un crimen cometido el d√≠a veinte del actual. Un campesino march√≥ a coger le√Īa al monte acompa√Īado de su hijo, y √©ste asesin√≥ a su padre con una azuela. Despu√©s arrastr√≥ el cad√°ver a alguna distancia hasta encontrar un √°rbol donde colgar el cad√°ver para simular su suicidio. Descubierto el hecho, ha declarado el hijo, acusando a su madre como instigadora del hecho¬Ľ. El parricida se llamaba Mariano S√°nchez Guerra y su madre Estanislada Guerra.

Vista general de Santa Cruz del Retamar (Foto, Archivo Diputación Provincial de Toledo)

Juan Sánchez era reconocido en el pueblo como persona honrada y de gran bondad. Tiempo atrás había recibido un préstamo de 275 pesetas de un tío de su mujer, Marcelo Guerra. Fiel cumplidor de sus compromisos, deseaba devolver tal cantidad, pretensión a la que se oponían Estanislada y Mariano. Las discrepancias familiares, por ello, eran frecuentes.

El d√≠a veinte de febrero, Juan sali√≥ de su casa con dos burras para dirigirse a labrar unas tierras sembradas de trigo que ten√≠a en el paraje llamado Guadalpisa. Tras √©l, al poco rato, le sigui√≥ cautelosamente su hijo, quien se dirigi√≥ hacia all√≠ por diferente camino. Al darle alcance, ¬ęse arroj√≥ ferozmente sobre √©l, habiendo cogido antes la azuela que al yugo llevaba, y sujet√°ndole del cuello le asest√≥ dos golpes contundentes¬Ľ. Su muerte fue instant√°nea. Fallecido su padre, cogi√≥ el cuerpo y carg√°ndolo sobre su espalda lo llev√≥ debajo de una encina. Utilizando los ramales de una de las burras, colg√≥ el cad√°ver de una rama, dej√°ndolo apoyado sobre sus rodillas

Cumplido su prop√≥sito, volvi√≥ por el mismo camino y se hizo el encontradizo con varios labradores, a quienes pregunt√≥ si hab√≠an visto a su padre. Estos le dijeron que un rato antes hab√≠a pasado en direcci√≥n a Guadalpisa, y hacia all√≠ march√≥ Mariano. Poco despu√©s regres√≥ corriendo, con un pa√Īuelo en la cara, pasando de largo por delante de estos trabajadores. Iba camino de su casa, a donde lleg√≥ sofocado y diciendo que hab√≠a encontrado a su padre colgado de un √°rbol. Ante tal situaci√≥n, la madre le pidi√≥ que se acostara y se abrigase para evitar enfriamientos, ya que ven√≠a sudando.

La coartada urdida habr√≠ase mantenido en el tiempo, si no fuera porque su criminal acci√≥n hab√≠a sido presenciada por un inesperado testigo: un ni√Īo llamado Manuel Guerra, conocido por ¬ęPichirri¬Ľ, quien iba al monte a coger le√Īa. Divisando a lo lejos que por el camino ven√≠a un hombre montado a caballo y creyendo que el jinete podr√≠a ser un guarda, abandon√≥ el sendero y cruz√≥ por el monte para salir al camino llamado de Linares. All√≠ lleg√≥ en el cr√≠tico momento en que Mariano asestaba los golpes a su padre con la azuela. Mudo de terror, el peque√Īo se escondi√≥ entre la maleza, presenciando el desenlace del cruel parricidio. Cuando horas despu√©s el cabo de la Guardia Civil, Tom√°s Villarrubia Callejo, detuvo a Mariano, hubo de emplearse a fondo, junto a los n√ļmeros del puesto, para que los vecinos no le agrediesen mientras era trasladado, entre ¬ędenuestos e improperios¬Ľ, a la c√°rcel de partido.

Acuerdo municipal adoptado tras el parricidio de Mariano S√°nchez Guerra, publicado en las p√°ginas del ¬ęHeraldo Toledano¬Ľ
Acuerdo municipal adoptado tras el parricidio de Mariano S√°nchez Guerra, publicado en las p√°ginas del ¬ęHeraldo Toledano¬Ľ

El juicio por este asesinato se celebr√≥ en la Audiencia Provincial a finales del mes de noviembre de 1906. En el banquillo de los acusados se sentaron Mariano y su madre, √©sta en condici√≥n de encubridora. En las p√°ginas del ¬ęHeraldo Toledano¬Ľ fueron presentados como ¬ęun hijo feroz por sus instintos y una madre que solo indiciariamente puede presumirse de su confabulaci√≥n con el hijo, para dar muerte a su esposo y padre de aquel¬Ľ. La estrategia de la defensa se centr√≥ en intentar cuestionar las declaraciones del ni√Īo Guerra, quien fue sometido a varios careos, pero en nada enmend√≥ su versi√≥n respecto a lo dicho en su d√≠a ante la Guardia Civil. O√≠dos los diferentes testimonios, el fiscal retir√≥ la acusaci√≥n contra Estanislada, por no encontrar pruebas suficientes para mantenerla. Concluidas sus sesiones, el jurado popular consider√≥ que Mariano era culpable de un delito de parricidio con las agravantes de alevos√≠a y en despoblado. De acuerdo con tal veredicto, el tribunal dict√≥ sentencia de pena de muerte.

Conocida la misma, en las p√°ginas del semanario antes citado se insert√≥ un art√≠culo, bajo el t√≠tulo ¬ęPatolog√≠a Moral¬Ľ, en el que se reflexionaba sobre el comportamiento de este joven de veinticuatro a√Īos de edad, concluyendo que ¬ęhijo que mata a su padre, sin graves motivos que perturben su raz√≥n y sin que sus actos sean consecuencia de ceguedad de su raz√≥n en el momento, es un enfermo moral, enfermo del sentimiento, o una fiera; pero de cualquier modo hay que separarlo, sea como sea, de la sociedad, poni√©ndole condiciones de que no produzca da√Īo a sus semejantes o sea pernicioso ejemplo para la sociedad¬Ľ.

Mariano S√°nchez Guerra recurri√≥, sin √©xito, la sentencia condenatoria, llegando incluso en casaci√≥n ante la Sala de lo criminal del Tribunal Supremo, no consiguiendo que la pena le fuese revocada. En abril de 1908, con motivo de la festividad del Viernes Santo, el rey Alfonso XIII concedi√≥ su tradicional indulto a once presos que en toda Espa√Īa estaban esperando a ser ejecutados. Mariano era uno ellos. Su condena le fue conmutada por la de cadena perpetua.

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