Paredes de Nava y su cruzada en solitario contra la plaga de topillos

Apunto de caer el sol en Paredes de Nava (Palencia). Los vecinos del municipio se preparan para vivir una nueva batalla contra los topillos, su enemigo cada verano desde el siglo pasado. El alcalde, Luis Calderón, se remanga junto a los concejales para cercar el pueblo con trampas. A la mañana siguiente las retiran con cientos de roedores atrapados muertos y con un olor «insoportable». Métodos «muy humildes», como él mismo define a ABC. Es su particular cruzada porque considera que nadie se preocupa de su problema. «No me imagino a los topillos comiéndose las cepas de Ribera del Duero», lamenta.

«Estamos ya un poco tocados. A veces resulta desolador lo que te encuentras. No sabes ni qué hacer», explica el regidor, que atraviesa una de sus etapas más complicadas como alcalde. La localidad palentina de 1.900 habitantes sufre más que ninguna el ataque de la tularemia, la enfermedad que ha surgido de nuevo por el contagio de los topillos. Ya se han hecho públicos cinco casos confirmados y nueve están siendo investigados. De los afectados, tres son naturales de Paredes y todos están ligados a la agricultura. Además, como confirma la Junta de Castilla y León a este periódico, los cinco contagiados han contraído la tularemia mediante inhalación y no a través del contacto directo. Ninguno de ellos ha tenido que ser hospitalizado.

Palencia, «la zona cera»

Su objetivo está claro: que los roedores no entren en el municipio. «Ya lo hemos hablado con el resto de alcaldes de por aquí para que las cuadrillas que aporta la Diputación nos ayuden a limpiar las zonas urbanas», explica Calderón. También se muestra muy crítico con los habitantes de Tierra de Campos, la zona históricamente más perjudicada por las plagas de topillos: «Aquí en Palencia somos como somos. Nos cuesta alzar la voz. Quizá tenemos ese espíritu castellano y no protestamos con la energía que lo hacen en otros sitios».

Que la plaga renazca cada cierto tiempo en Palencia no es fruto del azar, tiene unas causas. Fernando Garcés, secretario general del Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA) lleva años investigando. «Palencia es la zona cero», asegura y explica los cuatro porqués. Los cultivos de «siembra directa», que libran a los agricultores de arar las tierras antes de sembrar, implican «no introducir el arado como se hacía antes y, por lo tanto, que las huras de los topillos ya no se levanten». Otra preocupación, la alfalfa. «A estos roedores les encanta la hierba». Este tipo de cultivos de regadío son para ellos como «un paraíso terrenal». La «tradición palentina» también está en cuestión, según el especialista. «Quemar las linderas o limpiar la vegetación de las riberas conlleva a la desaparición de los depredadores», aclara Garcés. Por último, otra de las razones está en la ganadería. «Se ha perdido ovino, que era el que competía directamente con los topillos por la hierba».

Un razonamiento que no entusiasma a Honorato Meneses, presidente de Asaja en Palencia: «Se está poniendo en entredicho el modelo de agricultura de Palencia. Esto nos afecta». La organización agraria recibe a diario las llamadas de agricultores irritados. «Me preguntan cada dos por tres. Están indignados». La cosecha de los profesionales del campo también se ha visto afectada. «A los de secano les ha estropeado la campaña y a los de regadío no les está dejando regar con normalidad», explica. No entiende por qué se le echa la culpa a los agricultores. «¿Que no labramos bien la tierra? Eso es totalmente falso». Y es que considera que no es sólo un problema en el presente: «Nos pueden estropear la siembra. Cuando tiremos el grano les daremos de comer». La batalla continúa.

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