«Para mí no hubo comisión paralela de sanidad, ni va a haberla después»

Miguel Santalices (Bande, 1955) pronunció en 2015 una declaración de amor: «Quiero mucho a esta casa», dijo, al tomar posesión como presidente del Parlamento. Un cariño por el debate y las reglas que no ha perdido ni después de que En Marea, PSdeG y BNG consumaran su amenaza de convocar una comisión «paralela» de sanidad tras haber plantado la oficial. «Desde que eso paso, ¡aún la quiero más!», confiesa este galeguista, siempre armado con la retranca.

—La «pseudocomisión» sanitaria que en el pleno del pasado miércoles tachó de «ilegal» podría seguir celebrándose en enero, aunque sea en una sala de prensa, ¿se va a tomar alguna medida para que esto no suceda?

—No será una comisión. No es una comisión. El Parlamento tiene mecanismos recogidos reglamentariamente para establecerlas. Tiene que haber asesoramiento jurídico, una constitución formal, y por tanto, ni para mí hubo comisión antes, ni va a haberla después. Como presidente, le haría un flaco favor a esta institución si amparo algo que no está constituido de acuerdo al reglamento. De ahí mi amor y mi cariño al Parlamento.

—¿Esto se lo trasladó personalmente a los portavoces de los grupos para evitar tener que cerrar una sala?

—A mí siempre me gustó contar todo exactamente como sucedió. En esto hay que ser claros. Recibimos un primer comunicado para una petición de una sala por parte del grupo socialista. Desde aquí, como debe ser, no hacemos una política intervencionista. Esa sala se autorizó. Posteriormente, y a través de los medios, leo lo que leo: que se va a establecer una comisión en la que van a comparecer una serie de personas —sobre las que no tengo nada que decir—pero se reconoce que es una comisión constituida fuera del amparo legal. Entonces actúo. Y lo que digo, dentro del funcionamiento del Parlamento, es que no es posible la sala y lo comunico en un escrito. Esta es la situación. A quien le respondo es a quien la pidió, e incluso, antes del escrito hablé con el portavoz que la había pedido y le dije que no podía ampararla, teniendo en cuenta lo que se había recogido en la prensa. Esta es la historia.

—Con el reglamento en la mano, ¿se puede hacer algo para que este tipo de «pseudocomisiones» se produzcan dentro de las instalaciones de la Cámara?

—Lo que impera es el sentido común. Los grupos tiene a su disposición sus propias salas y ahí la política del Parlamento es no entrar. Al final la reunión se hizo en una de ellas. Ya ir más allá tampoco procedía porque estamos hablando de la libertad de los grupos.

—¿Queda desnaturalizada la comisión oficial?

—Está funcionando. Los grupos que no están fueron quienes la pidieron. Recordemos que ahí van a comparecer un conselleiro de Facenda, el de Sanidade, el presidente de la Xunta, están compareciendo expertos… Ahí se puede preguntar mucho de sanidad si realmente de lo que queremos hablar es de sanidad. A mí me gustaría que los grupos de la oposición estuvieran y plantearan las dudas que tienen dentro de una comisión constituida al albur de un reglamento.

La privatización: «Es un mantra. No demonicemos la asistencia privada. Lo que tenemos que pedir es que se ciña a unos estándares»

—Es decir, que aún no pierde la esperanza de que En Marea, PSdeG y BNG regresen…

—Me gustaría. Es la forma de darle rango al parlamentarismo.

—Hay un debate entre partidarios de dar voz a personas o familiares como el primo del fallecido en el PAC de A Estrada, y otros que dicen que el objetivo de una comisión tiene que ser otro, ¿usted de qué lado se inclina?

—No debo entrar en eso. En una comisión se está sometido a una presión emocional grande. Hay que entenderlo. No sé si eso puede ser adecuado o no. Creo que hay otros muchos mecanismos por los cuales se puede obtener información dentro de la comisión para saber si hay puntos en los que reflexionar, y en consecuencia, adaptarlos para tratar de introducir mejoras. Esto perfectamente se puede hacer. Yo no puedo compartir que alguien dijera en el pleno que estábamos censurando. No, aquí no hubo censura. Se trató de reconducir una situación hacia el marco legal.

—Conoce la sanidad. Desde su papel de árbitro, ¿qué piensa cuándo se califica como un «caos» la sanidad o cuando se dice que para la Xunta la muerte de un paciente suponen «300 euros»?

—Soy un observador privilegiado de nuestro sistema, especialmente en Galicia, soy funcionario, pertenezco al mundo de la gestión sanitaria y fui portavoz de sanidad. Hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo estábamos en la sanidad antes de la transferencias y cómo estamos ahora? Antes, no teníamos cirugía cardíaca, ahora tenemos tres unidades, antes se hacía en Valdecilla; no teníamos 061, hoy tenemos un servicio ejemplar; no teníamos centro de salud, hoy tenemos uno en cada núcleo; no había especialidades de referencia, yo traje a Vigo la cirugía pediátrica. Hay un antes y un después de la transferencia. Estábamos absolutamente abandonados.

—Entonces, entiendo que rechaza este tipo de expresiones.

—Sí sí, además fui portavoz de mi grupo y siempre hablé claro sobre determinados aspectos, porque aquí siempre estamos con el mantra de la privatización. El Sistema Nacional de Salud contempla los dispositivos sanitarios públicos y los privados, en el caso de que sean necesarios. No demonicemos la asistencia privada, lo que lo tenemos que pedir es que, en caso de que la necesitemos, que se ciña a los parámetros de calidad. Este mantra del Cunqueiro… ¡por favor! ¿qué países tienen copago en Europa? Casi todos, solo tres no lo tienen: Dinamarca, Reino Unido y España.

—¿Se imagina un Parlamento fragmentado o bronco como en este momento el Congreso?

—Es más difícil que se pueda producir en Galicia, por otras connotaciones.

—Por nuestro carácter.

—Exactamente. Los gallegos nos caracterizamos por ser unas personas no crispantes, somos un pueblo muy apacible. Ahora, si pasamos a la vertiente política, hay determinados partidos que tienen mucho más complicado entrar en el Parlamento. Galicia está contenta con la situación de este momento, respetando el voto. Secuencialmente estamos viendo en la historia que los votos están muy polarizados. Irrumpió AGE pero esto se ha venido estabilizando, y fuera de eso, ya ves que no hay mucho más espacio.

—No me estará hablando de Vox.

—No hablo de nadie. No creo que lleguemos a una fragmentación como la que hay en Madrid y por tanto también estaremos lejos de la crispación de Madrid.

—Es usted un galeguista, ¿ha visto que Vox lleva en su programa, cito, «limitar en lo posible la capacidad legislativa autonómica»?

—No estoy de acuerdo. Por ejemplo, claramente, ¿a favor de competer las competencias de sanidad al Estado? Nunca.

—¿Y las de educación?

—No soy partidario de devolver ninguna. Nos costó mucho conseguir que se transfirieran a Galicia las competencias. En ese sentido, mi línea es clara: autogobierno, por encima de todo, y especialmente, en el sanidad.

Feijóo en 2020: «Ahora tiene muy difícil decir que no»

.—¿Aprecia un giro recentralizador con el liderato de Pablo Casado en el PP?

—No lo aprecio. No tengo escuchado a mi partido a favor de devolver competencias sanitarias al Gobierno central. Hablo de eso porque me apasiona. Si alguna vez sucede, manifestaré mi desacuerdo con mi propio partido. Otra cosa es que a nivel nacional se haga algo para garantizar la sostenibilidad del sistema. Eso es otra cosa, pero soy profundamente autonomista. Mi origen es galleguista y estoy muy cómodo donde estoy: en el PPdeG.

—Dijo que Feijóo acertaría con cualquier decisión que tomara sobre su futuro, y se ve que se quedó, ¿acertaría con un cuarto mandato?

—Por supuesto. Cuando fue de que tomaba una decisión, de si iba o no iba. Yo sé que a él Galicia le atrae muchísimo, tiene un amor grande por ella. Ahora tiene muy complicado decir que no va ir (a un cuarto mandato).

—Él dijo que su compromiso era hasta 2020…

—Él expresó que por encima de todo está su amor a Galicia. A Galicia le viene ahora una situación especial en la que va a necesitar del presidente Feijóo, que es el Xacobeo. Eso necesita una coordinación muy grande y no podemos estar pendientes de un cambio. El presidente Feijóo sabe cómo se inicia esto, pero en el 2021 hay que refrendarlo. Es el motivo que a mí me lleva a pensar que va a tener un motivo importante para decir que se queda.

—Pero tendrá más, más allá del Xacobeo…

—Para mí es ese. Lo normal es que si acabas de hacer una apuesta se termine.

—Prevé la constitución de un grupo mixto en esta legislatura? Ya sabe que En Marea está pasando por dificultades.

—No lo sé. Aquí tuvimos experiencias. No debo entrar, he de ser prudente.

—¿Sería negativo desde el punto de vista de la fragmentación?

—No lo sé, quizá sería más complicado a la hora de gestionar los tiempos, hay una mecánica administrativa. Pero esto está suficientemente mediatizado como para que dé una opinión.

—AP-9. Aquí se aprobaron dos proposiciones de ley y parece que en Madrid el traspaso coge el carril de aceleración. ¿Es la mejor noticia del año para este Parlamento?

—Es una buena noticia. Estaba ciertamente incómodo con que no se admitiera a debate (en el Congreso) una propuesta respaldada por unanimidad en este Parlamento, con lo que cuesta aprobar un asunto con mayoría.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!