Panamericanos: cuando el bowling se pone serio y se convierte en pura concentración

El bowling empezó a mostrar lo mejor del nivel panamericano Crédito: Prensa Lima 2019

LIMA.- Son casi tres horas en donde lo único que se escucha es el deslizamiento de la bola y el derrumbe de los pinos al unísono. O a destiempo, de a uno o de a diez. No hay gritos, apenas unos aplausos de festejo. El bowling es un deporte que requiere mucha concentración. Estar alineado y confiado. También sucede en los Juegos Panamericanos, por supuesto.

Es cuestión de que los jugadores reciban unas palabras por parte del entrenador para volver a enfocarse y encontrar la mejor estrategia. Al entrar al Bowling Center, el testigo de la competencia queda sumergido por el ambiente. En teoría, podría suponerse que habría un clima festivo y de relajación, como en las películas norteamericanas. Pero unos segundos más tarde el clima de torneo cobra protagonismo. Nada de pizzas, bromas o morisquetas, como cualquier salida de “bolos” de un sábado por la noche.

El equipo argentino de bowling que debutó en los Juegos Panamericanos

Lejos del divertimento, este jueves saltaron a escena los argentinos Jonathan Hocsman y Lucas Legnani en el primer turno y Gabriela Lanzavecchia y Vanesa Rinke en el segundo. La pareja masculina terminó en el sexto lugar con un total de 2616 unidades, por lo que volverá a jugar este sábado. Legnani, además fue el único jugador en romper la barrera de los 280 puntos, al anotar 286 en una línea. Las chicas no tuvieron el mismo desempeño: concluyeron en el puesto 13º con 2194 puntos.

El bowling es un deporte mental. Así lo describen sus competidores y así se vive dentro de la pista panamericana. Legnani sabe lo que es esta clase de certámenes regionales, ya que también estuvo en la cita de Río 2007, cuando se paró orgulloso sobre el podio con la medalla de bronce en su pecho. Ahora ya tiene 40 años, pero el mismo hambre de gloria. Siente que llega con la mejor preparación y que tras varios años de competencias es el momento de dar el salto.

Legnani, bonaerense es un fanático del bowling. Es dueño de un complejo en Olivos que armó por amor al deporte y como una manera de contagiar su entusiasmo y abaratar costos. Allí realiza clínicas deportivas y da clases. También se convirtió en el único jugador argentino en participar en la PBA (Liga Profesional de los Estados Unidos), como también en el circuito europeo, donde ganó el Catalunya Open 2009. Ahora deberá estudiar sus próximos pasos dentro de la pista, ya que tendrá una dura pelea el sábado en dobles.

El ambiente del Bowling Center, con un mosaico de naciones en Lima
El ambiente del Bowling Center, con un mosaico de naciones en Lima Crédito: Prensa Lima 2019

Vanesa Rinke también respira bowling y participa en sus segundos Juegos Panamericanos. En Toronto 2015 no pudo clasificarse a la siguiente rueda: fue novena. Por eso, aquí llegó por todo. Es madre y entrelaza su pasión junto a la crianza de sus dos hijos -13 y 18 años- y su trabajo como empresaria. Sin embargo, cuando entra a una pista su único pensamiento está en voltear los diez palos. Quedó lejos del corte final y se despidió de la competencia del dobles. Al final, la performance le dejó una cosecha con un promedio de 196,5 puntos, dentro del top ten.

A su lado compitió Gabriela Lanzavecchia, hermana de Laura, compañera de aventuras de Rinke. Lanzavecchia hizo su debut a los 54 años en una competencia internacional donde se la vio cómoda y confiada, pero el poderío de las potencias aguaron su continuidad.

Siempre en silencio. Pensantes. El bowling parece un entretenimiento, pero para que la bola produzca la curva perfecta en pos de derribar los pinos se requiere de técnica y concentración. Es un deporte en el que no hay rivales directos que afecten el rendimiento, depende exclusivamente del pulso del competidor, por lo que la mente domina todo.

Ambas parejas llegaron con el objetivo puesto en superar el corte. Ahora queda dar esa última zancada para ilusionarse con el podio final.

Olivia Díaz Ugalde / Para LA NACION

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