Palabras – LA NACION

A un viejo profesor de periodismo le gustaba sorprender a sus alumnos con un consejo provocativo. Les decía que no tenían que escribir, ni hablar, “como periodistas”. Odiaba -lo consideraba una deformación profesional; no algo incorrecto, pero sí feo- ese lenguaje rebuscado, pretendidamente culto, de los que, en forma consciente o inconsciente, recurren a palabras o expresiones que no son las que usa habitualmente la gente. Ponía una larga lista de ejemplos. Uno era, precisamente, usar, que en los textos periodísticos pierde la batalla frente a utilizar. Hacer es víctima sistemática de realizar. Mirar, de observar. Tomar, de beber. Pensar, de reflexionar. Volver, de regresar. Entrar, de ingresar. Escapar, de huir.

Los desvelos de aquel profesor eran, sin dudas, exagerados. Como él mismo decía, no son errores. Pero en algo tenía razón. A veces puede ocurrir -perdón, puede pasar- que la versión “refinada”, por llamarla de alguna forma, suene extraña y poco agradable al oído. Es el caso de progenitor, que ni siquiera se justifica cuando se usa para no repetir padre. Es un reemplazo indigerible. Queda autorizada la repetición a perpetuidad de padre.

Este Catalejo no concluye ni finaliza. Simplemente termina.

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