Osvaldo Alderete, el jockey que perdi√≥ un ri√Ī√≥n y un a√Īo despu√©s volvi√≥ a su tierra para ganar la carrera que siempre so√Ī√≥

Osvaldo Alderete, profeta en su tierra; ganó el GP Batalla de Tucumán, con Teenek Crédito: Juan Pablo Sánchez Noli / La Gaceta

Osvaldo Alderete es el jockey que este martes gan√≥ una batalla, pero antes hab√≠a ganado una guerra. Es un s√≠mbolo de superaci√≥n ese atleta que se sent√≠a como un chico en un parque de diversiones tras llevar al triunfo a Teenek en el Gran Premio Batalla de Tucum√°n, la carrera m√°s importante de esa provincia norte√Īa y una de las citas m√°s emblem√°ticas del turf del interior. Nacido hace 32 a√Īos en las afueras de la capital tucumana, siempre sostuvo: “Cada tanto vuelvo a mi provincia, porque me falta ganar el Batalla, que vale como un Grupo 1 de los de ac√°, pero es m√°s lindo para los que somos de all√°”. No hay desarraigo. Fue su b√ļsqueda de progreso lo que lo alej√≥ de su tierra. Por eso, el festejo hasta la madrugada en familia y con amigos y ning√ļn compromiso asumido en Buenos Aires para retrasar el regreso hasta el jueves. Fe, le dicen, aunque el suyo no era el favorito.

Todo es festejo alrededor de Teenek y Osvaldo Alderete; la gran fiesta tucumana tuvo un final de película Crédito: Juan P. Sánchez Noli / La Gaceta

Tras imponerse en diciembre de 2017 en la carrera m√°s buscada por todos en el pa√≠s, el Gran Premio Carlos Pellegrini, con Puerto Escondido, y comenzar 2018 levantando por segundo a√Īo seguido la primera copa del m√°s alto nivel en la Argentina con el mismo caballo, a Alderete se le vino el mundo abajo. Antes de ambos triunfos un golpe fuerte ya le hab√≠a sacudido los huesos y tuvo que ver desde una tribuna como Pablo Falero lo reemplazaba en otra conquista grande de ese caballo, la Copa de Oro, tambi√©n en San Isidro. Y en su mejor momento, una fractura de clav√≠cula lo sac√≥ otra vez de carrera el a√Īo pasado, por poco m√°s de dos meses.

Luego, a fines de julio, cuando estaba entrando en ritmo, una nueva ca√≠da, en una ma√Īana de entrenamientos lo llev√≥ a l√≠mites m√°s severos. De urgencia, debi√≥ extirp√°rsele un ri√Ī√≥n, entre tantos otros magullones. En la larga convalecencia y ansioso por volver a correr, no encontraba la paz. Le dec√≠an que no iba a poder montar nunca m√°s. Los m√©dicos, como siempre, no anticipaban pron√≥sticos. La prioridad era que Osvaldo se sanara, los puntos cerraran y Alderete asimilara bien org√°nicamente la operaci√≥n. No pudo ir a correr el Batalla, claro, pero su pasi√≥n y temple le ganaron a los agoreros. Cuatro meses m√°s tarde, volvi√≥ a las pistas.

Jos√© Luis Garc√≠a compr√≥ a Teenek para correr esta carrera y sigui√≥ las alternativas desde el sanatorio en el que estaba internado, justo el d√≠a de su cumplea√Īos. El Colorado, ante la alegr√≠a, abandon√≥ la cl√≠nica y se fue al hip√≥dromo a festejar.

Para Osvaldo, el caballo siempre fue un aliado para ganarse el pan, aunque parad√≥jicamente hoy deba controlarse para mantener el peso como todo jockey. De chico lo fue cuando iba con su hermano V√≠ctor a vender alimentos en un carro, “aunque el fr√≠o o la lluvia nos hicieran doler los huesos”. Y desde hace diecis√©is a√Īos, en los hip√≥dromos, tras pasar por las cuadreras. “De peque√Īo, en casa aprendimos a respetar al caballo. Sab√≠amos que ten√≠an que estar siempre listos y muy bien para ir a ganarse el peso cada ma√Īana”, record√≥ a La Naci√≥n tiempo atr√°s el jinete, hincha de Atl√©tico Tucum√°n y fan√°tico de la m√ļsica de la Mona Jim√©nez.

El triunfo en el Batalla de Tucum√°n

Sus inicios fueron a casi 1100 kil√≥metros de Buenos Aires. Al principio en la calle, como se denomina a las pruebas fuera de los circuitos oficiales. M√°s temprano que tarde, en el hip√≥dromo del Jard√≠n de la Rep√ļblica, el de la haza√Īa reciente ante 40.000 personas. Toda una particularidad la suya: estuvo en la escuela de aprendices de sus pagos pero adem√°s debi√≥ revalidar su educaci√≥n en las riendas en la del hip√≥dromo del Jockey Club, donde transcurri√≥ apenas un a√Īo hasta que fue habilitado para correr. Estuvo m√°s tiempo como alumno que como aprendiz: a nueve meses del debut, gan√≥ en La Plata con Jungle Emperor y lleg√≥ a los 120 triunfos que se necesitan para graduarse. Fue en 2010. Ahora ya apila m√°s de 700 primeros puestos.

Pap√° de Mateo, que en 2013 vino con un gran premio bajo el brazo, el Maip√ļ, en Palermo, y la peque√Īa Emma, de 3 a√Īos, Osvaldo (o Fleco, como lo apodan en su tierra) est√° en pareja con Johana Pinillo. Silverio y Eugenia, los padres, siguen viviendo en Tucum√°n. Ellos son su mayor tesoro. Solo faltaba el Batalla.

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