Orquesta Filarm贸nica de Israel: Martha Argerich agigant贸 su propio mito

Marta Argerich

Solista: Martha Argerich, piano. Direcci贸n: Zubin Mehta / Programa: 脰d枚n Partos: Concertino para orquesta de cuerdas. Schumann: Concierto para piano y orquesta, op. 54. Beethoven: Sinfon铆a N潞 6, op. 68, “Pastoral”. Ciclo: Grandes Int茅rpretes Internacionales 2019 / Sala: Teatro Col贸n / Nuestra opini贸n: excelente

En el Col贸n, anteanoche, se dio la suma ideal, esa en la que confluyen interpretaciones de excelencia y alt铆simas emociones colectivas. A la hora se帽alada se desat贸 la primera ovaci贸n, estruendosa y extensa. Avanzando lentamente y portando un bast贸n, Zubin Mehta, con sus 83 a帽os , asom贸 su leyenda por entre los cuerdistas de la Filarm贸nica de Israel. No sin dificultades subi贸 al podio, salud贸 con parsimonia, muy sonriente, gir贸 y se sent贸 en una silla para 茅l ah铆 dispuesta. Y a continuaci贸n, como si el tiempo solo hubiera estado para darle sabidur铆a, dirigi贸, impecablemente, el Concertino para cuerdas de 脰d枚n Partos, una obra bell铆sima, expresiva y con claras deudas hacia la est茅tica, los recursos discursivos y las complejas formulaciones r铆tmicas de Bart贸k. Claro, para que as铆 sonara, Mehta orden贸 todo con absoluta simplicidad y cont贸 con la inestimable/imprescindible colaboraci贸n de los m煤sicos de la Filarm贸nica de Israel, que demostraron un ajuste, un sonido y una afinaci贸n general impecables. Buen铆sima la elecci贸n, adem谩s, de traer una obra desconocida de un compositor nacido en Hungr铆a, pero que desarroll贸 toda su carrera en Tel Aviv hasta devenir en una figura se帽era de la composici贸n israel铆. Y despu茅s lleg贸 algo muy parecido a lo que debe ser la felicidad.

Se ampli贸 la planta de m煤sicos y se orden贸 el escenario para el Concierto para piano y orquesta de Schumann. Tras la afinaci贸n de la orquesta y el silencio posterior, se abri贸 la puerta del fondo del escenario y desde ah铆 asom贸 la cabellera blanca de Martha Argerich. Aquella sonora ovaci贸n inicial tributada al gran director indio qued贸 un tanto empeque帽ecida. Con mucho p煤blico de pie aplaudiendo y vociferando sin tapujos, la recepci贸n a la gran pianista fue colosal. La incomodidad de Martha fue tambi茅n palpable cuando Mehta, prudentemente, la dej贸 en soledad en el medio del escenario. Y desde el mismo comienzo, Martha anunci贸 que era ella quien estaba en el centro de la escena. Con la serie inicial de esos acordes majestuosos, que sonaron tan poderosos como desprovistos de cualquier dureza, sent贸 presencia. Y con la exposici贸n inmediatamente posterior del tema, ofreci贸 una interpretaci贸n sublime, po茅tica, con respiraciones y toques como solo ella puede hacerlo. Moderno mito musical, Martha cada d铆a toca mejor.

Martha mantiene la t茅cnica de toda la vida y ejerce su dominio sobre el piano sin ninguna mella. Sobre esa base, expuso toda su musicalidad y esa sensibilidad que la han hecho una de las mejores pianistas de todos los tiempos. Con solvencia y arte, pas贸 de los pian铆simos m谩s sutiles hasta los fort铆simos m谩s impecables sin que jam谩s aflorara ninguna rudeza o tosquedad. El lirismo emergi贸 invicto cada vez que hubo necesidad y su presencia solista dominante dio paso tambi茅n a las mejores interactuaciones con la orquesta. Bajo la tutela y los ordenamientos colectivos de Mehta y los aportes invalorables de una orquesta superior se pudo escuchar una interpretaci贸n inmejorable y referencial del Concierto de Schumann. Los aplausos, las rechiflas y los gritos superaron todos los decibeles imaginables. Po茅tica y final, tras largos cabildeos, Martha Argerich se despidi贸 con el primer n煤mero de Escenas infantiles, de Schumann.

En la segunda parte, con la Sinfon铆a Pastoral de Beethoven, Mehta y sus israel铆es ofrecieron lo que corresponde, es decir, una lectura pastoral y nada explosiva de la sinfon铆a. Los colores fueron buc贸licos, los tratos fueron aldeanos y hasta la tr谩gica tormenta del cuarto movimiento no tuvo los ribetes de un hurac谩n en alta mar, sino la intensidad de una tempestad en el campo. La exposici贸n de las ideas y los contrapuntos m谩s 铆ntimos se percibi贸 con total claridad, incluso dentro de los tutti m谩s sonoros. Lejos de sus tiempos m谩s fogosos y dram谩ticos, Zubin Mehta se ha transformado en el sereno sabio de la tribu. Para cerrar una noche inolvidable que fue avanzando progresivamente hacia el pasado, la orquesta, con pulcritud y exactitudes, ofreci贸 la obertura de Las bodas de Figaro, de Mozart. La noche concluy贸 estupenda: la m煤sica estuvo en las mejores manos y de ah铆 que, con toda l贸gica, afloraran las m谩s intensas emociones colectivas.

ADEM脕S

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