Notre Dame se convierte en un campo de minas

La reconstrucción de la catedral de Notre Dame, uno de los grandes monumentos-matrices de la civilización europea, se ha convertido en un campo de minas arquitectónicas, sanitarias, culturales y políticas, que ni Emmanuel Macron, presidente ni su Gobierno pueden controlar completamente.

Campo de minas arquitectónicas…

Un día si, un día no, arquitectos, responsables del patrimonio artístico, estudiosos independientes, multiplican sus reservas contradictorias sobre el estado real de la catedral. Los trabajos de estudio y evaluación se prolongan, sin terminar definitivamente, desde el 15 de abril, el día del trágico incendio.

Philippe Villeneuve, arquitecto en jefe responsable del mantenimiento de Notre Dame desde 2013, uno de directores de los servicios de evaluación y futura reconstrucción, ha repetido su inquietud personal ante el estado «real»de la arquitectura de la catedral, advirtiendo que «todo puede ocurrir, todavía». “Todo” puede «traducirse» por «catástrofe» o «hundimiento».

Esas y otras advertencias reciben siempre la respuesta callada pero bien real de las fuentes oficiales próximas al ministerio de Cultura, «ilustrando» la «evolución positiva» de los trabajos de evaluación del desastre, previos a la reconstrucción propiamente dicha.

Campo de minas sanitarias

Sistemáticamente, desde el mismo día del incendio, se suceden las alarmas denunciando los riesgos de polución, derivada de las nubes tóxicas propagada con las llamas y el incendio de la techumbre y la arquitectura.

Los servicios sanitarios municipales y estatales multiplican los análisis, con resultados contradictorios. Varias escuelas próximas a Notre Dame fueron cerradas el jueves pasado, tras una alarma que denunciaba riesgos de polución: mucho aire contaminado con partículas de plomo, propagadas desde los escombros de la catedral.

La canícula y las temperaturas extremas, las más altas y peligrosas de la historia de París y de Francia, han agravado todos los riesgos.

La polución local, propia a los escombros de Notre Dame, se complica con la publicación derivada de temperaturas que han oscilado entre los 35 y los 43 grados centígrados. La incertidumbre meteorológica complica todas las previsiones.

Nuevos «ataques» y olas de calor agravarían las alarmas sanitarias. Los riesgos de tormentas también son percibidos como una amenaza potencial grave. Precipitaciones bruscas, rayos y viento «tormentoso» (sic) no solo paralizarían temporalmente los trabajos de reconstrucción: podrían abrir nuevas brechas en una arquitectura que tiene varios siglos de historia, amenazada tras el incendio.

Campo de minas culturales

Quizá sean mayoritarios los especialistas que se han pronunciado por una reconstrucción «fiel» al «original» de Notre Dame. Sin embargo, los partidarios de una «reconstrucción moderna» son muchos e influyentes. En su día, el presidente Macron anunció la convocatoria de un concurso internacional, destinado a estudiar varios proyectos posibles. Se tratará, en su día, de un debate inflamable, todavía lejano.

Campo de minas político

Macron ha hecho aprobar, con urgencia, una Ley de excepción, con el fin de regular todos los aspectos económicos, fiscales y administrativos de la reconstrucción. Ley que no ha zanjado todos los problemas pendientes.

Las donaciones millonarias, anunciadas tras la emoción del incendio, tardan en llegar. Los expertos fiscales de las grandes fortunas de donantes estudian detenidamente las normas decretadas para facilitar donaciones.

Emmanuel Macron prometió, en su día, que la reconstrucción se realizaría en cinco años. Han transcurrido tres meses desde el trágico incendio. Prosiguen los trabajos de evaluación de la catástrofe. Quizá los trabajos puedan comenzar pronto, a un ritmo imprevisible. La multiplicación de dudas y problemas parece complicar una reconstrucción sin duda histórica y capital, no solo para Francia.

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