«No tiene intención de ofrecer nada»

Hace tres años, en 2016, Pedro Sánchez se enrocó en el famoso «no es no» a Mariano Rajoy, quien en aquel momento era el candidato a la Presidencia del Gobierno. La estragia del socialista pasaba por descargar responsabilidades en el resto de formaciones para no ser señalado como culpable de unas terceras elecciones.

En el marco de las negociaciones, Pedro Sánchez vertió numerosos reproches a través de Twitter contra Mariano Rajoy. En aquella ocasión lo hizo por las propuestas que el líder del PP le trasladó durante la ronda de contactos. Según Sánchez, la intención del líder del PP era la de «no ofrecer nada» y señalar a su partido como culpable del fracaso de la investidura.

El acuerdo que ofrecía Rajoy era una coalición rubricada entre PP y Ciudadanos (que alcanzaba los 170 diputados) que permitiese desbloquear la investidura, que el PSOE rechazó y que tampoco estaba dispuesto a facilitar con una abstención. Así, los socialistas esgrimieron como argumento la «corrupción del PP» para no formar parte de esa coalición y Sánchez señaló como único -y último- responsable a Rajoy del fracaso en la investidura.

No fue la única reflexión que el líder socialista compartió al respecto de las negociaciones. En su perfil personal de Twitter se pueden leer los siguientes mensajes: «La reunión de hoy ha sido una reunión prescindible, con la única intención de no ofrecer nada y la clara intencionalidad de culparnos» o «la responsabilidad de que el señor Rajoy pierda la investidura es exclusiva del señor Rajoy por ser incapaz de articular una mayoría». Unas palabras que contrastan con la estrategia que ha seguido el PSOE desde las elecciones del 28 de abril.

Los resultados de las elecciones dejaban un arco parlamentario dividido entre múltiples fuerzas y con el PSOE como vencedor, pero no con una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Aquella noche de abril, Ferraz señaló a Unidas Podemos como «socio prioritario». Un gesto que, sin embargo, no se ha materializado en un acuerdo para investir al socialista.

Desde las elecciones, y hasta la investidura, las conversaciones entre PSOE y Podemos han estado acompañadas de filtraciones, reproches cruzados en público e, incluso, la «ruptura total». Ambos partidos no coincidían ni siquiera en el punto de partida, y mientras Unidas Podemos apostaba por un gobierno de coalición, que contase con miembros morados en el Ejecutivo, el PSOE lo hacía por uno de «colaboración» monocolor.

Con este escenario desde Podemos han reprochado la actitud de los socialistas y su falta de generosidad. Mientras, desde el PSOE señalaban que para la formación morada la prioridad eran «las sillas» y no las políticas. La escalada de tensión se saldó con el paso al lado de Iglesias, en un gesto que buscaba descargar toda la responsabilidad en el PSOE en caso de que la investidura fracasase.

Iglesias aprovechó su tiempo en la tribuna en el Congreso durante el debate de la investidura para denunciar que el PSOE desechaba, una y otra vez, las propuestas de su formación así como para advertir que no iban aceptar una «humillación». Un reproche similar al que lanzó Sánchez en 2016, que acusaba a Rajoy de «no ofrecer nada» en las reuniones.

A menos de 24 horas de la segunda votación, mientras se sucedían las últimas negociaciones para cerrar el acuerdo, desde el PSOE se mostraban molestos por la falta de respuesta de Unidas Podemos. Divergencias de fondo que se han mantenido como una constante durante todo el proceso que terminó con el ultimátum de Sánchez a Iglesias, vía telefónica: nada de poderes en Trabajo, Hacienda, Igualdad y Transición ecológica.

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