¬ęNo se re√≠an de m√≠, se re√≠an conmigo¬Ľ

Poco m√°s de veinte minutos dur√≥ la rueda de prensa que Pedro S√°nchez ofreci√≥ a los medios este mi√©rcoles en Nueva York. El presidente del Gobierno adujo retrasos y problemas de agenda para contestar apenas media docena de preguntas. Esa misma tarde, su hom√≥logo estadounidense, Donald Trump, se entregaba a tumba abierta a los periodistas en una comparecencia maratoniana y esperp√©ntica. Dur√≥ mas de hora y veinte minutos, y hubo tiempo para los dardos a otros dirigentes, las exageraciones, las falsedades, los alardes, las bromas a los reporteros, las muecas y las contradicciones. Fue Trump en estado puro, el de la campa√Īa. El ‚Äėshowman‚Äô egoc√©ntrico que disfruta m√°s con la simple atenci√≥n de la prensa que con sus actuales responsabilidades de Gobierno.

¬ęPodr√≠a estar aqu√≠ todo el d√≠a¬Ľ, asegur√≥ cuando llevaba cerca de una hora de rueda de prensa. Eso no es mentira: sin duda prefiere el foco de las c√°maras que aguantar a jefes de estado y presidentes en las interminables reuniones bilaterales que celebra estos d√≠as en Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU.

Por m√°s que ataque a la prensa como ¬ęel enemigo del pueblo¬Ľ, Trump no esconde que no puede vivir sin ella. La devora y, sobre todo, la disfruta cuando el objetivo es √©l. Incluso tuvo un gui√Īo para su enemigo preferido, ‚ÄėThe New York Times‚Äô. A pesar de que le sacudi√≥ cuando un periodista del diario neoyorquino hizo una pregunta, concedi√≥ que ¬ętodav√≠a me gusta el peri√≥dico¬Ľ.

Buena parte de las preguntas fueron sobre el proceso de confirmaci√≥n de Brett Kavanaugh, el nominado por Trump a juez del Tribunal Supremo, inmerso en acusaciones de ataques sexuales por parte de tres mujeres. Lo calific√≥ todo de ¬ęuna gran estafa¬Ľ orquestada por los dem√≥cratas, ¬ęque se r√≠en de la que os han colado a vosotros y al p√ļblico¬Ľ. Pero, aunque calific√≥ a las acusaciones de falsedades, tampoco quiso llamar mentirosas a las mujeres. ¬ęNo entrar√© en ese juego¬Ľ, dijo.

Trump tambi√©n neg√≥ lo que todo el mundo vio y escuch√≥ el d√≠a anterior: c√≥mo el pleno de la Asamblea General de la ONU se carcajeaba de una de las exageraciones de su discurso. ¬ęEn menos de dos a√Īos, mi Administraci√≥n ha logrado m√°s que casi cualquier administraci√≥n en la historia de EE.UU.¬Ľ, proclam√≥, ante la risa de las delegaciones. ¬ęNo se re√≠an de m√≠, se re√≠an conmigo¬Ľ, explic√≥ Trump en pleno esperpento. Poco antes, asegur√≥ que ya no escuchaba a nadie decir que China, protagonista de un despegue econ√≥mico en las √ļltimas d√©cadas, fuera grande. ¬ę¬ŅSab√©is qui√©n dicen que son grandes? ¬°Nosotros somos grandes!¬Ľ, celebr√≥.

En su repaso a la pol√≠tica internacional tuvo tiempo para atacar a su hom√≥logo canadiense, Justin Trudeau, y su delegaci√≥n para la negociaci√≥n comercial; que sin √©l en la Casa Blanca ¬ęhabr√≠a una guerra¬Ľ contra Corea del Norte, con ¬ęmillones¬Ľ de muertos; que Xi Jinping, el presidente chino, ¬ęquiz√° ya no es mi amigo¬Ľ; o que gracias a √©l ¬ęlas compa√Ī√≠as est√°n abandonando Ir√°n¬Ľ.

Truf√≥ adem√°s sus intervenciones falsedades, como que una compa√Ī√≠a de acero est√° planeando abrir ocho plantas en EE.UU, que se ha gastado 3.200 millones de d√≥lares en el muro con M√©xico, que la econom√≠a del pa√≠s est√° en el mejor momento de su historia, que varias mujeres que le acusaron de abuso sexual lo hicieron por dinero; o que el 52% de las mujeres le votaron en las elecciones de 2016 (ese fue el porcentaje de mujeres blancas).

Trump no ofrecía una rueda de prensa abierta de este tipo desde febrero de 2017, apenas un mes después de llegar a la Casa Blanca. Sus asesores deben estar pensando por qué han organizado otra.

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