¬ęNo se puede entender una sociedad sin abuelos, sin personas mayores¬Ľ

Buenas noches,

Desde La Cabrera el mundo se ve demasiado lejano. La Cabrera siempre ha estado olvidada incluso para sus habitantes, en una tierra yerma, dif√≠cil y llena de unos corazones que pretenden huir del olvido. A su poca fertilidad, se le ha unido lo mismo que a muchas otras regiones del interior, lo que se ha venido a llamar la despoblaci√≥n o Espa√Īa Vac√≠a y que √ļltimamente se ha vuelto a poner de moda entre la gente de las ciudades.

Bien lo sabe Do√Īa Celina, protagonista de la fotograf√≠a, que con 88 a√Īos, y despu√©s del incendio provocado que arras√≥ 12.000 hect√°reas de los montes donde jugaba en su infancia, ahora sonr√≠e en la residencia para ancianos donde vive, recordando la dura vida que llev√≥ y que su memoria a√ļn nos regala para que la historia de nuestros predecesores no caiga en el olvido. Al menos eso les debemos a quienes nos han dejado este hermoso planeta y que nosotros tenemos la obligaci√≥n de cuidarlo como ellos lo hicieron.

Se√Īores, se√Īoras, los pueblos se est√°n muriendo, y con ellos toda la sabidur√≠a que sus habitantes han atesorado con tanto esfuerzo y dignidad a trav√©s de los siglos. El turismo de fin de semana no es suficiente futuro para ellos.

Los incendios son uno de los muchos s√≠ntomas que nos demuestran que la desconexi√≥n y el olvido de lo rural no solamente han llegado a pueblos peque√Īos y rec√≥nditos, sino que cabeceras de comarca est√°n dando las √ļltimas bocanadas antes de que se cierren sus escuelas por falta de ni√Īos.

No se puede entender una sociedad sin abuelos, sin personas mayores, así como no se puede entender una sociedad sin pueblos, sin agricultores y ganaderos, sin los hijos de éstos que, aunque estudien y se marchen a trabajar fuera, cuando crezcan ellos recordarán y sabrán cómo se cultiva la tierra para poder subsistir incluso en épocas de crisis económicas, porque la memoria sólo puede borrarla el Alzheimer o la desidia.

Para dejar constancia de este mundo que se nos va, que está a punto de convertirse tan sólo en un recuerdo, trabajamos día a día los fotógrafos y periodistas en las distintas regiones de este país, de norte a sur y de este a oeste; para dejar constancia y dar voz a los que casi nunca la tienen, para ser testigos de lo que ocurre, de sus inquietudes y problemas, para demostrar que hay mundos hermosos y también dramáticos más allá del asfalto.

En este sentido, en mayo de este mismo a√Īo, m√°s de 500 fotoperiodistas espa√Īoles hemos firmado una carta p√ļblica denunciando la precariedad de la profesi√≥n, donde se deja constancia del valor de la fotograf√≠a de prensa, de su utilidad informativa, de su credibilidad y de la responsabilidad y calidad que los profesionales aportamos a esta tarea. Por eso quiero agradecer al peri√≥dico ABC y a sus responsables que en estos tiempos tan dif√≠ciles para nosotros, en los que casi somos ya una especie en extinci√≥n, sigan apostando por este premio Mingote, que reconoce la labor de estos profesionales. Prometo llevarlo con orgullo, alegr√≠a y responsabilidad.

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