No existe un gen de la homosexualidad, según el mayor estudio de la historia

Las orientaciones sexuales dependen de una trama de factores genéticos y ambientales Fuente: Archivo

Realizado en casi 500.000 voluntarios, indica que no se puede predecir el comportamiento sexual a partir de la genética

Hace dos décadas, en una visita a Buenos Aires para presentar su libro El misterio de los genes, el científico norteamericano Dean Hamer, jefe de la sección de Estructura Genética y Regulación del Instituto Nacional del Cáncer de su país que se había hecho conocido por vincular un único gen con la inclinación a la homosexualidad masculina, declaró: “Todo es genético”.

Sin embargo, el mayor estudio realizado hasta ahora sobre la influencia de los genes en el comportamiento sexual lo refuta de forma tajante: “No hay un gen de la homosexualidad y es imposible predecir si un individuo tendrá comportamiento homosexual a través de la genética”, dice, en un video difundido por el consorcio científico, Ben Neale, investigador del Broad Institute de Harvard y uno de los autores del trabajo que ayer se publicó en Science.

Los resultados de la investigación, realizada en 478.500 voluntarios de entre 40 y 70 años, la mayor parte de los Estados Unidos y el Reino Unido, indican que el comportamiento de las personas que prefieren parejas del mismo sexo resulta de una compleja trama de influencias, tanto genéticas como ambientales… igual que la mayoría de los otros rasgos humanos. No hay un único gen de la homosexualidad, pero hay miles de variantes genéticas asociadas con ese comportamiento, cada una con efectos ínfimos.

“Lo importante de este trabajo es que el número de individuos estudiados es muy alto -explica Alberto Kornblihtt, director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne) del Conicet-. Buscaron asociaciones entre ciertas variantes de los genes y el comportamiento. Encontraron muchas, pero ninguna de ellas permite hacer una apreciación sobre si una persona será o no homosexual. Aun si encontraron algunas que están un poquito más representadas entre personas que tienen parejas del mismo sexo, está claro que no son determinantes, porque están en relación con el medio ambiente”.

El grupo internacional, compuesto por genetistas, sociólogos y psicólogos, intentó dilucidar por qué algunos prefieren tener sexo con hombres, otros con mujeres y otros con ambos analizando millones de marcadores genéticos recolectados durante años por el Biobank del Reino Unido y la compañía 23andMe.

Después, vincularon las respuestas con los marcadores genéticos mediante un método llamado genome wide association study (algo así como estudio de asociación genómica, GWAS). Encontraron que menos de la mitad (alrededor de un tercio) de las diferencias de comportamiento sexual pueden ser explicadas por factores genéticos heredados. Pero el medio ambiente también juega un rol preponderante. “Hay varios efectos genéticos y cada uno hace una pequeña contribución”, afirma Neale.

Cinco en millones

Entre los millones de marcadores genéticos analizados, los investigadores identificaron por primera vez cinco que podrían vincularse con efectos estadísticamente significativos, pero solo capturan una fracción diminuta de la variación.

Algunos de ellos están vinculados con las hormonas sexuales y el olfato, pero, escriben los autores, “además revelan la importancia de resistir el impulso de sacar conclusiones simplistas (…) porque nuestro conocimiento es rudimentario, y hay una larga historia de mal uso de resultados genéticos con objetivos sociales”.

Los científicos también encontraron cierta asociación entre los genes vinculados con el comportamiento homosexual y cuadros mentales, como la depresión o el trastorno bipolar. Sin embargo, subraya Neale, “uno no causa la otra. De hecho, hay evidencias de que a medida que la sociedad se hace más permisiva la salud mental de los miembros de la comunidad LGBT mejora. Estos resultados no respaldan ningún tipo de discriminación basada en el comportamiento sexual o la atracción hacia personas del mismo sexo”.

Según explica Viviana Bernath, bióloga molecular y directora del Laboratorio Genda, el método GWAS busca variantes genéticas que están a lo largo del genoma, dentro o fuera de un gen. “Son sitios ‘polimórficos’ (SNP, variaciones que afectan una sola base de una secuencia de ADN), que se diferencian de las mutaciones porque no producen enfermedades -afirma-. Determinan si somos altos, bajos…”. Se trata de localizaciones cromosómicas que es probable que estén estrechamente asociadas con un fenotipo; es decir, con los caracteres visibles de un individuo.

“Encontraron cinco que parecieran estar asociadas con el comportamiento sexual; sin embargo, cuando tratan de unificar cuánto aportan a la heredabilidad, ven que es muy poco”, aclara Bernath.

Y subraya Kornblihtt: “El trabajo permite romper con ideas previas sobre un determinismo genético en la orientación sexual. Esto confirma que los genes no son todo: son una pequeña parte del destino social y afectivo de un ser humano”.

Del estudio también surge que la sexualidad no es una elección: es tanto biología como medio ambiente, combinados de una forma increíblemente complicada y difícil de dilucidar. “Como gay -explica Neale-, experimenté la homofobia y el aislamiento. Estamos particularmente preocupados por lograr que la gente no entienda mal nuestros resultados. El comportamiento sexual es parte de la variación natural entre los individuos. Y no se elige”.

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