No disparen contra el pianista

Lionel Messi, en acción; hoy, no hay fecha de lo que puede ser su regreso a una cancha Crédito: Daniel Gonzalez Acuna / dpa

La banda sonora del f√ļtbol durante la pandemia del coronavirus merece incluir el t√≠tulo de un viejo √°lbum de Elton John: Don’t shoot me, I’m only the piano player (No me disparen, s√≥lo soy el pianista). Los futbolistas no son los pianistas del sal√≥n , pero se les comienza a etiquetar como sospechosos, insolidarios y privilegiados. No parece que esta mala reputaci√≥n se extienda a los profesionales de la F√≥rmula 1, motociclismo, baloncesto, golf o tenis, deportes presididos por una √©lite que puede comparar sus ganancias con la mayor√≠a de las grandes estrellas del f√ļtbol.

Desde tiempos inmemoriales se sabe que el futbolista constituye una variedad muy peculiar. Su función representativa está tan marcada que jugar, marcar goles o impedirlos es su trabajo más sencillo, el que conecta con su talento natural y el que pretende rentabilizar el medio millar de jugadores de LaLiga.

Esos 500 futbolistas disponen, en el mejor de los casos, de una media de 10 a√Īos para capitalizarse y dise√Īar su futuro personal en los siguientes 40 √≥ 50 a√Īos, con una caracter√≠stica a√Īadida: m√°s de la mitad de los futbolistas de Primera Divisi√≥n saben que deber√°n gestionar al mil√≠metro sus ganancias. Los Messi, Sergio Ramos, Cristiano o Neymar de este mundo les quedan tan lejos como al com√ļn de los aficionados.

Sin embargo, en el imaginario popular se les ve de otra manera. En momentos como este, definidos por una extrema sensibilidad social, los jugadores pierden su car√°cter individual y adquieren un perfil colectivo. A los ojos de la gente, todos son Messi. Todos parecen ajenos a la cruda realidad actual. Todos son unos j√≥venes insensibles que regatean un dinero que les sobra. ¬ŅA qui√©n le importa que los propietarios de los clubes, por lo general prohombres de empresa, multimillonarios la mayor√≠a, no se recorten un euro de sus sueldos y bonus? ¬ŅQu√© sabemos del solidario comportamiento de la grey de intermediarios, encabezados por Barnett, Raiola y Mendes, que el pasado verano movieron 3.000 millones de euros en el mercado de fichajes, al 10% de comisi√≥n?

El paraguas de los futbolistas es como el arca de Noé. Cobija a todo el mundo. A estos infames de ahora se les atribuye un sinfín de cualidades admirables cuando conviene: ejemplos de sacrificio, tenacidad, dedicación, valores colectivos y demás elogios huecos. Pero llegado el día, que inevitablemente coincide con la derrota, son cobardes, mercenarios, indignos de defender el honor del club y de la patria, llegado el caso. Hay que tener espaldas muy anchas para ser futbolista.

Lionel Messi aguarda el momento para volver a desplegar su clase en las canchas Crédito: twitter

Todas las generaciones les han observado de la misma manera: unos privilegiados de la vida, ahora que unos pocos ganan fortunas y hace bien poco, cuando el jugador reunía lo justo para comprar un piso en el centro de la ciudad y montar un bar o una tienda de deportes. Sabemos que ha ocurrido con muchos de ellos. Los vemos por las calles y no producen envidia precisamente.

A esta generaci√≥n le ocurrir√° lo mismo, pero de eso habr√° noticias dentro de 20 √≥ 30 a√Īos. Nadie reparar√° que en el a√Īo de la pandemia eran el motor indispensable de una industria que supon√≠a el 1,4% (20 billones de euros) del PBI espa√Īol y que su brillantez permit√≠a sostener 15.000 empleos en diversas esferas econ√≥micas, adem√°s de a√Īadir 4.100 millones de euros anuales al fisco.

No hay ninguna razón para disparar contra el pianista. Son numerosos los casos de acciones solidarias de los jugadores en el drama que atravesamos, pero son un objetivo fácil. Menos sencillo es comprender sus temores. Los futbolistas no van a quedar al margen del devastador efecto de la Covid-19. Saben muy bien que su mundo se tambalea y sospechan un futuro tenebroso. Tienen miedo, en definitiva. Como todos.

¬© Diario El Pa√≠s (Espa√Īa)

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