No buscan la verdad

Lo que se ha vivido esta semana en el proceso de confirmaci√≥n del juez Brett Kavanaugh para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha sido, como √©l mismo lo ha descrito, ¬ęuna verg√ľenza¬Ľ. Porque en el fondo la cuesti√≥n no era la probidad profesional y moral de Kavanaugh. Lo √ļnico que all√≠ hab√≠a en juego era el deseo de los dem√≥cratas de postponer el voto de confirmaci√≥n hasta despu√©s de las elecciones de medio mandato del pr√≥ximo 6 de noviembre. Eso tendr√≠a la ventaja para los dem√≥cratas de no tener que mojarse en una votaci√≥n inc√≥moda en v√≠speras electorales. Y si salieran vencedores de la elecci√≥n, se empe√Īar√°n en bloquear la votaci√≥n hasta que en enero llegue la nueva composici√≥n de la c√°mara y la candidatura sea inviable. Y que la mayor√≠a actual de la C√°mara no haya podido ser empleada para renovar el Supremo conforme a la Constituci√≥n.

√Čsta ha sido una semana en la que la democracia norteamericana ha dado un paso atr√°s. Y no por nada que haya dicho el presidente Trump, sino por lo que han hecho los dem√≥cratas. La vista el jueves pasado en el Comit√© de Asuntos Judiciales del Senado ofreci√≥ el testimonio de la acusadora Christine Blasey Ford que ofreci√≥ una narraci√≥n espeluznante que qued√≥ apoyada exclusivamente en su testimonio. Ha identificado hasta cinco o seis personas que habr√≠an estado en la casa en el momento del intento de violaci√≥n. Todos ellos han negado estar all√≠ o siquiera recordar que hubo una fiesta en la que tuvo lugar el asalto. Tampoco ella recuerda d√≥nde estaba esa casa, con qui√©n fue y qu√© medios de transporte emple√≥ para regresar a su domicilio. Tampoco ha podido presentar a una sola persona a la que le dijese entonces que hab√≠a tenido lugar el intento de violaci√≥n. Porque tard√≥ 30 a√Īos en hablar de ello por primera vez. No se lo cont√≥ ni al psic√≥logo al que visitaba habitualmente porque en las notas de √©ste no aparece el nombre de Kavanaugh.

El candidato al Supremo se defendi√≥ con firmeza y convicci√≥n, pero sus argumentos daban igual porque el objetivo de los dem√≥cratas no era conocer la verdad. El √ļnico objetivo era destruir al candidato como se viene haciendo desde que fue propuesto para el cargo. El pasado mi√©rcoles fue presentada otra se√Īora Julie Swetnick, que acus√≥ a Kavanaugh de haberlas asaltado sexualmente a ella y a otras chicas en los cursos preparatorios de la Universidad de Georgetown, entre consumiciones de alcohol y drogas. En otras palabras que el centro de los jesuitas consinti√≥ esos actos durante a√Īos. Pero nunca nadie se enter√≥ fuera de las fiestas. Ni siquiera las v√≠ctimas de las violaciones presentaron denuncia. Ni una. Algo bastante sorprendente. Ni parece que ninguno de los que participaban en esas fiestas orgi√°sticas se lo contase a alg√ļn confidente al que le pareciera tan grave como para tener que denunciarlo a alguna autoridad, acad√©mica, religiosa o judicial. Nadie. Y ya en el colmo, Stenwick admiti√≥ en su testimonio que entre 1981 y 1983 asisti√≥ a ¬ębastantes m√°s de diez¬Ľ de esas fiestas. Y ubica el asalto que sufri√≥ por parte de Kavanaugh en 1982. Es decir, que despu√©s de ser supuestamente violada, volvi√≥ a las fiestas sin dec√≠rselo a nadie hasta 35 a√Īos despu√©s en que se produjo un rompimiento de gloria y se hizo la luz.

Siempre hubo, hay y habr√° quienes crean que Elvis Presley sigue escondido y tocando la guitarra. Disfr√ļtenlo.

Ramón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura

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