Ningún «casposo»

Entre los 21 premiados con la Medalla de Bellas Artes hay algún actor, fotógrafo, guitarrista, figurinista, escenógrafo, cocinero, director de escena, bailaora, pintor… Se atiende al cine, al teatro, las artes plásticas, la arquitectura, los museos, el circo, un festival de música popular, unas peñas de carnaval… En cambio, no hay ningún representante del mundo taurino. Es lógico, ¿cómo va a haber algún «casposo» –Ábalos «dixit»– en medio de gente tan distinguida?

Anteriormente, gobiernos tanto del PP como del PSOE concedieron esta Medalla, entre otros, al ganadero Victorino Martín; a los rejoneadores Álvaro Domecq y Ángel Peralta; a los matadores de toros El Viti, Curro Romero, Pepe Luis Vázquez, Antoñete. Rafael de Paula, Manolo Vázquez, Ángel Luis Bienvenida, Espartaco, Paco Camino, José María Manzanares, José Tomás, Francisco Rivera, Luis Francisco Esplá, Joselito, El Cordobés, El Juli, Enrique Ponce; a título póstumo, a Pepín Martín Vázquez y Dámaso González…

No es un problema de número: el Ministerio puede premiar a cuantos quiera; en general, unos 20 (este año, 21). Es tradicional que esté en la lista algún representante del mundo del toro (algún año, incluso, fueron dos). ¿No hay ninguno que lo merezca? A vuela pluma, recuerdo a César Rincón, Eduardo Miura, El Niño de la Capea, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Pablo Lozano, Pablo Hermoso de Mendoza, Diego Ventura, Ángel Teruel, Juan José Padilla, Jaime Ostos, Morante de la Puebla, Curro Vázquez, Andrés Vázquez, la Biblioteca Carriquiri, Roberto Domínguez, Victoriano Valencia, Emilio Muñoz, Antonio Ferrera, el Club Cocherito, Joaquín Bernadó, el sastre Justo Algaba, la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, Víctor Mendes, el Club Taurino de Londres, Paco Ureña, Cristina Sánchez…

No faltan posibles candidatos taurinos con méritos, es una cuestión de concepto. Estas Medallas reconocen a los que «han destacado de modo eminente en el campo de la creación artística». ¿Es que no se quiere reconocer que la Tauromaquia es un arte y, además, típicamente español? ¿Es que no se quiere admitir lo que está proclamado por ley, que la Fiesta Taurina forma parte del patrimonio cultural español?

Tampoco es una cuestión de saber o no saber, sino de querer o no querer; mejor dicho, de no tener miedo a lo que puedan decir algunos antitaurinos. Falta valor, sobra miedo. ¿Cómo lo justificarán, ahora, la vicepresidenta del Gobierno y tantos socialistas de Andalucía, de Extremadura, de Castilla la Mancha, de Valencia, de todas las regiones de España, que se han declarado aficionados a la Fiesta? Supongo que tendrán que callarse, avergonzados. Una vez más, en este terreno (y en otros, mucho más graves) el actual PSOE ha quedado retratado. ¿Qué podrán argüir los que ahora se asustan de que los taurinos se politicen? ¿Quién se extrañará de que muchos aficionados a los toros –y a la caza– no se olviden de este nuevo desprecio? Cuando haya elecciones, deben recordarlo.

Andrés Amorós

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