Netflix: en Criminal, un interrogatorio devela las pulsiones ocultas de cuatro países

David Tennant, conocido por Doctor Who y Jessica Jones, en la versión británica de Criminal, ya disponible en Netflix

La decisi√≥n de Netflix de afianzar sus series originales en la idiosincrasia de diferentes pa√≠ses donde conquista consumidores ha conducido a los creativos de la compa√Ī√≠a a un ingenioso experimento. Tomar un g√©nero popular como policial, un formato est√°ndar como el interrogatorio, un √ļnico escenario de dos habitaciones contiguas separadas por un inmenso vidrio espejado, y tres sospechosos de un delito sometidos a una exhaustiva entrevista por parte de un equipo de investigadores. Bajo esa premisa, los creadores Jim Field Smith y George Kay situaron la acci√≥n en cuatro pa√≠ses europeos -Inglaterra, Espa√Īa, Francia y Alemania-, en los que se recrean, con equipo de directores y guionistas de cada lugar, tres historias de la serie marco: Criminal.

En sus doce episodios, esta miniserie conserva la misma apariencia. Los créditos se presentan en letras de imprenta inmensas y prolijas, que encuentran en las dos i el marco rojo de su pertenencia. Ese es el límite del espacio que define a la propuesta: una habitación presidida por una enorme mesa, una cámara que graba todo lo que sucede, los micrófonos que registran los testimonios. Pero, del otro lado del espejo, están los que gobiernan ese interrogatorio desde las sombras, los que dirimen sus intervenciones en paralelo a las tensiones del acusado, los que funcionan como delegados del espectador, para modelar sus lealtades y empatía, para situarlo en la posición incómoda de seguir paso a paso las revelaciones y apostar minuto a minuto por la resolución.

El modelo tiene larga trayectoria, desde la exitosa La ley y el orden -en su longeva encarnaci√≥n de Unidad de V√≠ctimas Especiales, dedicada a los delitos sexuales, protagonizada por Mariska Hargitay-, gran parte de la acci√≥n de la brit√°nica Line of Duty, la terap√©utica In Treatment, y sucesivas aplicaciones de ese econ√≥mico formato de c√°mara, que concentra en una unidad de tiempo y espacio toda la tensi√≥n posible. Criminal toma esa f√≥rmula al pie de la letra y usa los dos lados de ese espacio como vasos comunicantes de especulaci√≥n: acusados e interrogadores se miran unos y otros a trav√©s del vidrio, y junto con la conversaci√≥n son los detalles del entorno y los matices del sonido los que contribuyen a hacer efectiva la propuesta. Sin embargo, eso que puede parecer id√©ntico por las coordenadas a seguir a rajatabla, termina encontrando su distinci√≥n en cada lugar, en la historia que define a cada pa√≠s, en c√≥mo ese escenario √ļnico de di√°logos punzantes resulta la caja de resonancia de toda una cultura.

Los tres episodios situados en Gran Breta√Īa son los m√°s desnudos. Los que ponen al descubierto los engranajes del policial de procedimiento, y los que se concentran en la frialdad de sus ejecutores. All√≠ la jefa es la inspectora Natalie Hobbs (Katherine Kelly), quien cuando interroga digita la acci√≥n desde el dominio de sus emociones. La relaci√≥n con uno de los miembros de su equipo, el estricto Paul Ottager (Nicholas Pinnock), apenas se vislumbra en inc√≥modos comentarios con una colega, y es la tibia sinton√≠a con otro de sus subordinados, Tony (Lee Ingleby), el hilo emocional que define la din√°mica del grupo.

La versión inglesa es la que mejor pone en escena cómo la profesión y sus exigencias se devoran a los hombres y mujeres que la encarnan. Así, en virtud de conseguir un objetivo, se flexibilizan principios y se tientan lealtades, sumidos en ese confinado rol de agudos jueces de las debilidades humanas. No hay afuera de ese destacamento policial, e incluso el dominio de la máquina de café y las interacciones de pasillo se convierten en ese tirante discurrir de presiones y compromisos. Los casos transitan temáticas actuales como la trata de personas, la violencia doméstica y el abuso sexual, equilibrando el dilema entre la inocencia y la culpabilidad en el rostro de los acusados. Son notables las actuaciones de David Tennant y Hayley Atwell, concebidos en una puesta en escena que fragmenta sus cuerpos en planos desoladores.

La espa√Īola es la que menos interact√ļa con el presente regional y deja la emoci√≥n para los cambios de √°nimo de sus interrogadores. Mar√≠a (Emma Su√°rez) es quien comanda la acci√≥n, y lo hace desde fuera y dentro de la escena, poniendo el cuerpo en las entrevistas sin necesidad de accesorios m√°s que su coraje y su seguridad. Es la versi√≥n con menos referencias pol√≠ticas, la que m√°s desborda las coordenadas espaciales fantaseando con una escapada a un spa o con los recuerdos de un viaje a Par√≠s en el que los personajes dejan entrever las inseguridades de su vida privada.

El color local est√° dado sobre todo por el exc√©ntrico personaje que interpreta Carmen Machi, quien cifra sus triunfos en la vida en el pedigr√≠ de su perra d√°lmata. La presencia en escena de Machi recuerda los trazos del esperpento espa√Īol de Valle-Incl√°n, con sus labios enrojecidos por el labial bermell√≥n y la furia contenida. Los juegos de poder con sus interrogadores son menos tensos que pat√©ticos, por ese tono que asume la disputa en sinton√≠a con el grotesco. Sin embargo, el episodio m√°s logrado es el protagonizado por Inma Cuesta, acusada de una muerte por negligencia, cuya presencia en escena es tan impactante como devastadora.

Los episodios ambientados en Berl√≠n son los que mejor exponen su anclaje hist√≥rico: las cuentas no saldadas entre Este y Oeste luego de la reunificaci√≥n alemana. En dos de sus tres episodios el pasado deambula sobre la historia, ya sean los tiempos de la ca√≠da del Muro de Berl√≠n o los inicios del romance entre un inmigrante turco y la hija de un empresario millonario. Adem√°s, el equipo alem√°n se encuentra bajo evaluaci√≥n: la oficial Nadine Keller (Eva Meckbach), quien transita los √ļltimos meses de su embarazo, resulta para el equipo la entrada de un objeto extra√Īo, aguda observadora que no solo escudri√Īa a los acusados sino tambi√©n a sus inseguros colegas. Su m√°s encendido antagonista es el inspector Karl Schultz (Sylvester Groth), quien reclama su autoridad perdida y vela por sus propios secretos.

En la sala de acusados aparecen nombres de primera l√≠nea como Nina Hoss, la recurrente protagonista del cine de Christian Petzold ( Barbara, Ave F√©nix), y Christian Berkel, notable actor de pel√≠culas como Elle u Operaci√≥n Valkiria, quien da vida a un implacable abogado del poder que negocia libertades y sentimientos con la misma falta de escr√ļpulos. La figura de los abogados defensores es clave en todas las versiones de la serie, siempre opacas presencias que en algunas ocasiones cobran inesperado protagonismo como una vuelta de tuerca del mismo argumento. La puesta en escena es m√°s escurridiza cuando el abogado destila cierta inquietud, por ello las miradas cobran relevancia al igual que la ubicaci√≥n estrat√©gica dentro del marco rojo que se√Īala el per√≠metro de acci√≥n.

Por √ļltimo, la versi√≥n francesa comienza con un hecho que todav√≠a reverbera en la memoria contempor√°nea: el atentado terrorista en la discoteca Bataclan a fines de 2015. La inclusi√≥n como contexto de un interrogatorio permite no solo traer al presente un hecho social traum√°tico sino reflexionar sobre el eco de aquella violencia, el lugar de las v√≠ctimas y los sentimientos de los sobrevivientes. Es notable la interpretaci√≥n de Sara Giraudeau en la recreaci√≥n de aquel episodio desde una memoria que conjuga los retazos de la experiencia con el velo del tratamiento medi√°tico.

Los otros acusados estrella son Nathalie Baye y Jérémie Renier, que animan con sus interpretaciones las deudas rituales de la propuesta. Ese es tal vez el mayor desafío de la serie: seguir funcionando pese a la familiaridad del espectador con sus coordenadas, tanto en la puesta visual y el uso del sonido, como en las estrategias narrativas de intercambiar inocencia aparente por potencial culpabilidad. Conocida la fórmula, el placer, como en cualquier género codificado, está en el margen de innovación dentro de las evidentes limitaciones. Y Criminal consigue hacer de la idiosincrasia de cada país un punto a su favor, situando con inteligencia los casos en el seno de escenarios locales e importantes tradiciones, leyendo política e historia con astucia, y descubriendo en la dinámica de ese mundo cerrado de preguntas y respuestas los misterios que nutren al mundo.

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