«Nadia Calviño es la única persona capaz de sujetar esta locura de Pedro Sánchez»

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Marcos de Quinto (Madrid, 1958) deja la política por coherencia. Se pronunció públicamente en contra de prorrogar el estado de alarma y Ciudadanos (Cs), tras otra negociación «in extremis» con el Gobierno, decidió votar a favor. Él quiere levantar ya el confinamiento y ve incompatible seguir.

—Dos semanas después de la dimisión de Juan Carlos Girauta se produce otra baja importante, ¿por qué?

—Yo solo sigo mis pasos.

—Cs levantó el veto al PSOE en la nueva estrategia, ¿qué le hace irse?

—Yo no tengo nada contra el PSOE. Lo que pasa es que el «sanchismo» es distinto. Pactamos con la derecha y la izquierda moderadas. El tema es que la izquierda moderada ha desaparecido. Tratamos de tender la mano antes del 10-N y con la vía 221 antes de que se formara este Gobierno.

—¿Albert Rivera habría apoyado la prórroga del estado de alarma?

—No lo sé porque no sé cuál es el pensamiento de Albert.

—¿Qué pensó del acuerdo del PSOE, Podemos y Bildu cuando lo vio?

—Pensé: aquí están de nuevo el «sanchismo», la falta de escrúpulos, la falta de vergüenza y el reírse absolutamente de sus votantes, de su propio partido y de lo que ha significado en la historia de España el PSOE. Esta gente que tanto ha hablado de la foto de Colón, que era solo una foto, no un contrato como esto, firma en un papel con Podemos y con Bildu.

—¿Qué le parece la intervención de la vicepresidenta Nadia Calviño?

—Tengo en gran estima a Nadia Calviño y creo que todos los españoles sensatos debemos apoyarla. Una dimisión de Calviño en estos momentos sería nefasta para el país porque parece ser que es la única persona capaz de sujetar esta locura de Sánchez.

—¿Ve posible la derogación íntegra de la reforma laboral?

—La derogación íntegra es una estupidez. Hasta lo reconocen los propios «podemitas». Porque lógicamente, aparte de dejar en una inseguridad jurídica a todo el país, estarían derogando cosas que incluso ellos defienden. Una derogación automática de la reforma laboral supondría que los ERTE desaparecerían.

—¿Qué opina del impuesto a la riqueza de Podemos?

—La riqueza tiene ya un impuesto. Cuando la gente ahorra, ahorra de las rentas que recibe una vez pagado el impuesto sobre esas rentas. Si lo que quieren es quitarle a la gente sus ahorros, que lo digan claramente.

—¿Y el ingreso mínimo vital?

—Estamos absolutamente de acuerdo en que nadie se quede atrás. Aquí el problema es otro. Es si Podemos está tratando de hacer un ingreso distinto y además permanente. Yo creo más en una sociedad de gente que tenga un trabajo digno y que pueda valerse por sí sola que no en una sociedad de gente empobrecida y subsidiada.

—¿Es factible que se aprueben los Presupuestos con el voto de Cs?

—No lo sé, tendría que preguntárselo a mis compañeros de Cs. Da la impresión de que la intención del Gobierno es mantener las políticas económicas de incremento de gasto y de impuestos que tenían cuando crecíamos al 2%. En una horquilla del -9 al -13%, esto sería un disparate.

—Con el acercamiento al PSOE, ¿pueden peligrar los pactos con el PP?

—Espero que no. Esos gobiernos están funcionando. Arrimadas tuvo una conversación con Casado comentando que siguen vigentes.

—¿Defiende el fin del confinamiento?

—Sí. Si aseguramos el uso de mascarillas y que la gente va a respetar las distancias, el confinamiento puede empezar a levantarse. Sospecho que el Gobierno está tan abochornado de lo mal que lo hizo al inicio que ahora puede estar exagerando la prudencia.

—¿Cuál es la receta en esta crisis?

—La unidad real. Que la parte razonable del PSOE, el PP y Cs se unan para hacer un pacto. En España la única persona que ha boicoteado esto es Sánchez, que siempre, sistemáticamente, ha elegido irse con populistas de izquierdas y secesionistas. Si hubiera un cambio de liderazgo en el PSOE, lo razonable es que PP, PSOE y Cs cogieran las riendas, y no Bildu.

—¿Se plantea volver a la política con otro partido?

—Soy profundamente liberal en lo económico, pero también en lo social. Otros no son tan liberales en lo social. Gente se ha ido de este partido y ha hecho ruedas de prensa para tratar de destruirlo. Yo lo dejo con todo el respeto a la dirección, a Inés y a mis compañeros. Tampoco me he quedado con el acta, como algún europarlamentario. No voy a entrar en ningún otro. Creo en Cs y que es un partido necesario. Espero que no se deje engañar.

—¿Agradece que sus compañeros alaben su elegancia en su despedida?

—Sí, porque me voy porque asumí una postura que pensaba que el partido asumiría. Finalmente, el partido no asumió esa postura, pero yo la había hecho pública. Lo que he criticado en otros políticos, no quiero que nadie sea capaz de criticármelo a mí. Me voy con coherencia.

—¿Hay una excesiva polarización en la política española?

—Sí, es una polarización tremenda hecha por diseño. Es una estrategia, no sé si diseñada por Iván Redondo o por quién, pero se ha producido. Usted recuerda todo lo que se ha atacado a Mariano Rajoy diciéndole, por omisión o lo que sea, cuántos independentistas había fabricado. Pues resulta que nadie habla de todo lo que ha sido el fenómeno de Vox producido por los ataques y ofensas de Pedro Sánchez.

—Se le criticó por llamar «payaso» a Iglesias. ¿Qué tiene que decir?

—Payaso no es un insulto, es un oficio respetable. Fue una expresión bastante benevolente. Enrique Santiago, del PCE, dijo algo así como que, si se dieran las circunstancias, él estaría dispuesto a hacer con la Familia Real lo mismo que sucedió con el zar de Rusia. La gente a eso no le da importancia porque sabe que son payasos. Como yo soy una persona seria, a lo de payaso sí le dan importancia.

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