Nadal, un calendario más ligero para volver a reinar

Tres meses y veinte días después, que no es poca cosa, vuelve Rafael Nadal a competir en una pista de tenis, noticia que merece un espacio relevante por todo lo que implica el personaje. Asoma el campeón de 17 Grand Slams en su enésima reinvención para morder como siempre, castigado de mala manera en un 2018 que le tuvo menos tiempo que nunca con la raqueta. En Abu Dabi, una exhibición con pedigrí y rivales de altura (ha ganado este evento en cuatro 2010, 2011, 2016 y 2017), Nadal dará su primer pasito de este nuevo curso ante el gigante Kevin Anderson (14 horas, ABC.es), una tarde especial para calibrar el estado del balear después de tanto tiempo sin jugar un partido.

Se da por hecho que esas piernas están todavía algo oxidadas, pues Nadal es de los que necesita horas de vuelo para sentirse en plenitud. La pasada temporada se consumió entre el podio, campeón de cinco títulos de los nueve en los que participó cuando estuvo sano, y la enfermería, lesionado hasta en cuatro ocasiones y con un fin de año en el quirófano.

En Australia sufrió una lesión en el psoas ilíaco de la pierna derecha durante el duelo de cuartos ante Marin Cilic, motivo que le tuvo 80 días en el dique seco. En el US Open, ya después de su empacho de champán habitual por la tierra europea (trofeos de Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros) y de alzar el Masters 1.000 de Canadá, se retiró en las semifinales ante Del Potro por culpa de una tendinitis rotuliana en la rodilla derecha, dolor ya conocido. Se perdió la gira asiática y se preparó para reaparecer en el Masters 1.000 de París-Bercy, pero horas antes de su duelo ante Fernando Verdasco anunció que se daba de baja del torneo por una molestia abdominal. Sin rodaje, y sin librarse del todo de ese mal, el español renunció a la Copa de Maestros de Londres otra vez (se ha perdido seis ediciones de 14).

Además, y de manera sorprendente ya que no constaba que existiera esa lesión, aprovechó el vacío para que le realizaran una artroscopia en el tobillo derecho dado que «presentaba un cuerpo libre intraarticular» que le perturbaba desde hacía algún tiempo. Nada grave, pero otra cosita más para el eterno historial clínico del mallorquín. Un cuadro.

Cerca ya de las 33 primaveras (las cumple el 3 de junio se presupone que en París, como de costumbre, y luchando por la duodécima corona en la tierra francesa), el cuerpo de Nadal emite señales que invitan a la prudencia. Es cierto que las lesiones son parte de su vida, castigado más que nadie en el circuito pese a que siempre ha sabido cómo revertir la adversidad, pero es cierto también que después de tanta tralla, y por una cuestión tan lógica como su propia edad, se acerca el final de un viaje maravilloso. Por eso, el balear ha preparado a conciencia este 2019 y la idea inicial pasa por aligerar un calendario estresante. «Con buena salud, Rafa debe jugar 14 o 15 torneos, no más. Comprimir más el calendario me parece imposible», apuntaba recientemente Carlos Moyá a la ATP.

Menos carga

Así, y al margen de este bolo pata negra de Abu Dabi que le podría enfrentar de buenas a primeras a Djokovic en la final (el serbio se mide hoy a Khachanov), el español empezará oficialmente la temporada en Brisbane (a partir del 30 de diciembre, aunque él debutará unos días más tarde) con el objetivo de llegar al Abierto de Australia (14 de enero) con un ritmo óptimo. «No puedo mentir, ahora mismo no estoy al 100%, pero me ayudará mucho el tener partidos antes de esa fecha», acepta el protagonista desde Abu Dabi, el primero en entender la situación. «Por supuesto que tengo que cuidar mi cuerpo de la mejor manera posible y voy a tener que ir paso a paso, sin ponerme objetivos severos».

Por eso, y para evitar que se repitan los males de este 2018 que ya baja las persianas, Nadal está inscrito en 16 torneos para la nueva temporada, un calendario más ligero con un par de novedades llamativas: no pisará la hierba antes de Wimbledon, aunque cabe recordar que en los dos últimos ejercicios estaba previsto que jugara Queen’s y a última hora se ausentó, y tampoco competiría en Pekín porque está muy cerca de la Laver Cup (del 20 al 22 de septiembre), que aunque sea una exhibición le obligará a estar unos días antes en Ginebra.

«Hay que cambiar cosas. Los sistemas de entrenamiento, por ejemplo. O la frecuencia de los mismos. Hay que dar con la tecla para que no vuelva a ocurrir lo de este 2018», apunta con criterio Moyá, empeñado, junto a Francis Roig, en recuperar la versión más directa de su pupilo ahora que el tenis se juega a la velocidad de la luz y que a muchísimos les basta con dos tiros para definir. «Con 20 años puede jugar así como jugó, pero a estas alturas tiene que forzar un poco más, ser más agresivo». Es decir, acortar los peloteos y resolver antes para evitar encuentros excesivamente largos por mucho que sea el rey de la épica.

Cuando no hubo lesión de por medio, Nadal venció 45 de 49 duelos en 2018, el 92%, y fue número uno durante 32 semanas, así que no preocupa tanto su nivel. En gran medida, todo dependerá del físico. «Si Rafa está sano aspirará de nuevo a todo», advierte Moyá.

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