Murió Stanley Donen, artífice de algunos de los grandes musicales de Hollywood

El director de Cantando en la lluvia y Boda real ten√≠a 94 a√Īos

Alguna vez dijo que hab√≠a nacido para bailar. Pero no lleg√≥ a la cumbre de ese arte como figura de alguna compa√Ī√≠a de danza, sino haciendo brillar a algunos de los mejores bailarines de toda la historia del cine en una serie de inmortales pel√≠culas musicales, de esas que quedan en la memoria para siempre.

Le debemos ese arte a Stanley Donen, que falleci√≥ a los 94 a√Īos, seg√ļn confirm√≥ uno de sus hijos ayer al mediod√≠a al diario Chicago Tribune. Donen dirigi√≥ junto a Gene Kelly Cantando en la lluvia (1952), una maravillosa historia musical que se asomaba desde el interior del cine a su propia historia (la transformaci√≥n de la pantalla muda a las pel√≠culas sonoras) y desde entonces se convirti√≥ en favorita del p√ļblico de todas las edades y todas las generaciones.

Pocas películas como ella merecen el calificativo de clásico. Y pocos directores como Donen lograron que buena parte de su obra extraordinaria en Hollywood merezca esa distinción. En la lista no podrían faltar Boda real (1951), con Fred Astaire y Jane Powell; Siete novias para siete hermanos (1954); Sinfonía del corazón (1954), con José Ferrer, y las otras dos obras que codirigió con Kelly: Un día en Nueva York (1949), su debut como realizador, y Siempre hay un día feliz (1955). Donen, como pocos directores, supo hacer brillar más que nunca el talento de Kelly en tanto actor y bailarín.

Nacido el 13 de abril de 1924, Donen fue bailar√≠n desde los 10 a√Īos y debut√≥ un a√Īo despu√©s en Broadway como integrante del coro infantil de la obra Pal Joey, precisamente protagonizada por Kelly. La amistad entre ambos se forj√≥ desde all√≠ y continu√≥ durante toda la d√©cada siguiente como core√≥grafo de las pel√≠culas de Kelly. De all√≠ surgi√≥ esa notable colaboraci√≥n que pas√≥ a la historia, sobre todo gracias a Cantando en la lluvia, una de los muchos aportes que hizo Donen al g√©nero en el estudio que cultiv√≥ por excelencia el arte del cine musical en Hollywood, MGM.

Ayer, al despedirlo, Variety destac√≥ que ning√ļn otro director (con la probable excepci√≥n de Vincente Minnelli) hizo una contribuci√≥n tan grande como Donen en la definici√≥n est√©tica, visual y narrativa de lo que significa llevar al cine el arte de los musicales. Basta con recordar la maravillosa escena de Boda real en la que Astaire arranca el baile en el piso y lo contin√ļa en las paredes y en el techo de una habitaci√≥n. Todo un prodigio de puesta en escena, mucho antes de la aparici√≥n de los grandes efectos especiales.

A toda su notable carrera en este género hay que agregar otras obras menores frente a las mencionadas, pero igualmente notables: Juego de pijamas (1957) y Lo que Lola quiere (1958), muestras de consolidación del talento de Donen para contar historias a través de canciones y cuadros coreográficos, con un toque especial para la comedia ligera.

La decadencia del musical no agot√≥ el talento de Donen, que comenz√≥ a incursionar con igual √©xito en otros g√©neros, mezclando sofisticaci√≥n, elegancia y misterio en medio del suspenso como la de Charada (1963) y dando rienda suelta al romanticismo de Un camino para dos (1966), ambas protagonizadas por Audrey Hepburn, y en el √ļltimo caso ilustrada por una formidable banda musical de Henry Mancini.

El tramo final de la carrera de Donen fue ecl√©ctico. Naveg√≥ entre la teatralidad de La escalera (1969), una curiosa adaptaci√≥n de El Principito (1974), la ciencia ficci√≥n de Saturno 3 (1980) y su despedida, la gran comedia √Čchale la culpa a R√≠o (1984), en la que Michael Caine se enamora de la hija de su mejor amigo. Incre√≠blemente nunca tuvo nominaciones al Oscar y esa ausencia qued√≥ compensada en parte con el premio honorario que recibi√≥ de la Academia de Hollywood en 1998. Con el adi√≥s a Donen desaparecen definitivamente todos los grandes protagonistas de la llamada “√Čpoca de Oro” de Hollywood.

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