Muere el hombre que mató con 11 años a cinco compañeros de colegio en Arkansas

El autor de uno de los sucesos más crueles de la historia de Estados Unidos ha fallecido 21 años después de ocupar las páginas de sucesos. Andrew Golden, que asesinó a cinco compañeros de colegio en Arkansas cuando apenas tenía 11 años, ha fallecido en un accidente de tráfico en una carretera del noreste de la ciudad.

Drew Grant, de 33 años, que cambió legalmente su nombre de Andrew Golden y vivía en Missouri, murió alrededor de las 21:00 horas del sábado pasado. La noticia sorprendió a numerosos ciudadanos en Arkansas, donde se pasó tristemente a la fama por acabar con la vida de cinco niños en 1998.

De acuerdo a la ley de Arkansas de aquel momento, Golden fue juzgado como menor junto a su primo Mitchel Johnson, implicado también en un crimen que tuvo su origen en un despecho amoroso. Fruto de dicha ley, Johnson fue liberado en 2005 y Golden en 2007.

A los seis años, Andrew Douglas Golden, disparaba a los patos y pajaros en el patio de su casa. Su abuelo, Doug Golden, un jubilado cuya pasión era la cacería, le había construido un mirador en uno de los balcones de su casa para que puediera ver a los ciervos y dispararles.

Tiempo después ese mismo abuelo de 62 años dijo estar «realmente orgulloso» de su nieto: «Recuerdo la primera vez cuando mató a su primer pato. Fue ahí cuando decidí comprarle armas automáticas para facilitar la cacería». Andrew llegó a manejar rifles y pistolas. Su padre, Dennis Golden, un empleado postal, apoyaba la decisión de su abuelo y realizó su contribución al inscribir a su hijo en la Practical Pistol Shooter Association, un campeonato de tiro prático en Arkansas.

Por otro lado, su primo Mitchell Scott Johnson parecía cortés y devoto. Formaba parte de un grupo juvenil de la Iglesia Bautista Central. Pero una vez que se mudó al mismo barrio donde vivía su primo, Mitchell se volvió agresivo y hosco. Pese a ser primos, Andrew y Mitchell no parecían tener afinidad, pero al ser familia se hicieron amigos desde el primer instante.

De acuerdo a los informes y los expedientes estudiantiles que salieron un año más tarde a la luz, ambos niños no encajaban del todo bien con el resto de sus compañeros de clase. Mitchel, sufría de obesidad y esto motivaba a las continuas burlas de sus compañeros de clase, quienes le apodaban «Piggy», «cerdito» en inglés. Sus compañeros lo despreciaban y era incapaz de tener otro amigo más allá de su primo Andrew, quien para ese entonces tenía once años.

Según las declaraciones de la madre de Mitchell, de nombre Pat, siempre que llegaba su hijo del colegio ella no estaba en casa por encontrarse. Pero sabía perfectamente que el chico siempre estaba con su primo en casa. Juntos veían películas de acción, fantaseando con convertirse en antihéroes similares a los que observaban en la televisión.

Fueron en esas tardes después del colegio cuando Mitchell le confesó a su primo uno de sus más descabellados planes. «Una tarde, tras ver la película Rambo, Mitchell me comentó que quería vengarse de Candace Porter, una compañera de clase que siempre le había dicho “no” cada vez que le pedía salir. Yo me entusiasmé, yo tampoco era popular y estaba dispuesto a tomar revancha contra todos los que me habían despreciado», confesó Andrew ante el juez el 12 de agosto de 1998.

23 de marzo de 1998: primer encuentro

El lunes 23 de marzo de 1998, Mitchell se presentó con un cuchillo en la clase de Candace Porter, la niña que había despreciado sus avances amorosos. El día del juicio de Mitchell Johnson, dos jovencitas, Amber McBroome y Sherri VanHorn, declararon que no era la primera vez que Mitchell las amenazaba con matarlas: «Candace le repitíó a Mitchell que no quería salir con él, y él la amenazó con un cuchillo. La profesora lo detuvo y Mitchell apuntó el arma contra ella».

No está claro si después de aquel episodio el niño fue suspendido. La dirección de la escuela nunca lo confirmó, ni lo dismintió, y no hay ningún informe que lo especifique. Jennifer Nightingale, una compañera de clase de Candace Porter, fue tal vez la última en hablar con Mithell Johnson antes de que ejecutara su plan junto a su primo: «Me dijo que no nos veríamos más, porque dejaría la ciudad. Pero que antes o después se vengaría: ninguna chica podía despreciarlo y quedar impune», recordó el día del juicio ante las autoridades.

Martes, 24 de marzo de 1998:

El martes 24 de marzo de 1998, muy temprano, Mitchell faltó a la primera hora de clase con la excusa de un dolor estómago. Una vez que su madre salió de casa para irse al trabajo, se reunió con su primo para concretar el plan que habían trazado. Según los informes de ese día, Andrew y Mitchell, rompieron el cristal de la puerta principal de la causa de su abuelo, Doug Golden, y robaron las armas que colgaban en las paredes del salón.

«Una de las armas que me robo mi nieto era un rifle Remington 30-06 para cazar ciervos, tenía una poderosa mira telescópica. Con un rifle así tienes una visión que no hay que ser muy inteligente para disparar. Simplemente hay que apuntar y apretar el gatillo», declaró su abuelo ante la policía el día de la masacre.

Antes de las 8:00 horas de ese mismo martes, Andrew y su primo se dirigieron al colegio y fueron a clase como cualquier otro día. En eso de las 12 del mediodía pidió permiso para ir al baño. Después varios estudiantes lo vieron activar la alarma contra incendios; de inmediato comenzaron a evacuar la escuela, mientras Andrew corría hacia su primo.

Una vez que se activó la alarma cerca de 200 alumnos y una docena de profesores desalojaron las aulas de clase para concentrarse en el patio. Fue en ese preciso momento cuando ambos niños empezaron a disparar. Pasaron pocos minutos cuando la policía intevino y los niños dejaron de activar sus armas. Trataron de huir en el coche que habían robado, propiedad de la familia, pero un equipo de agentes los detuvo sin que opusieran resistencia.

Al principio, al ver la escena, los agentes pensaron que había un tercer sospechoso y que los niños solamente habían ayudado a un adulto a perpetrar la masacre, pero ellos confesaron todo.

El resultado

El crimen se saldó con cinco muertos y once heridos, entre ellos dos profesores. Kara Tate, una compañera de clase de once años, declaró ante los policías: «Mitchell me había dicho que iba a disparar a Candace para vengarse. Siempre decía que arreglaría las cuentas con todos y que mataría a mucha gente. No pensaba que hablara en serio, Andrew tenía un fusil para cazar ciervos y presumía de ser un tirador experto. Cuando alguien lo hacía enojar, amenazaba con dispararle».

Las principales víctimas de la masacre de Arkansas – The Chronicle

El suceso, que conmovió al propio Bill Clinton, por entonces presidente de la nación, segó la vida de cinco niños (ninguna de ellas la de Candace). El gobernador de Arkansas, Mike Huckabee, dejó su diagnóstico como epitafio una frase que sigue hoy perfectamente vigente: «Este no es el problema individual de un colegio, es una enfermedad cultural que se produce por la exposición de los niños a decenas de miles de asesinatos en el cine y la televisión».

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