Morir en una lancha de juguete

Pagaron 700 euros cada uno por hacer el trayecto desde Tánger hacia España en una embarcación para seis a motor, pero cuando llegó la hora, los tratantes del viaje clandestino les dijeron que eran diez y que, o se subían en una barca hinchable, casi de juguete, provista de un único remo o nada.

Aquello debió ser el lunes 12 o el martes 13, porque el único de los miembros de aquel pasaje que ha logrado vivir para contarlo -un guineano con una edad no precisada de entre 15 y 18 años- relató a la Guardia Civil entre la nebulosa que produce la desorientación que habían navegado una semana. Siete días durante los que los demás fueron desfalleciendo de frío, de hambre, de sed o de las tres cosas a la vez, y cayéndose ellos solos al Mediterráneo gélido ya muertos. O medio muertos, pero que se ahogaban de inmediato porque no tenían fuerzas para volver a subir a la embarcación ni los vivos para ayudarles. Hubo quien se desplomó sobre las espaldas del vecino, que acababa quitándose el peso de encima tirando también el cuerpo al mar.

Noviembre de tragedia

Esta estuvo a punto de ser una de esas incontables pateras repletas de inmigrantes que el Estrecho se traga enteras sin que nadie en este lado del mundo sepa nunca nada de ellas.

Pero el rescate de un único superviviente por unos surfistas el pasado lunes en la costa de El Palmar, en el municipio gaditano de Vejer de la Frontera, ha permitido conocer esta nueva tragedia que se añade a la que por duplicado se registró el 5 de noviembre: los 13 inmigrantes muertos que se encontraron junto a una embarcación en aguas de Melilla y la de Los Caños de Meca, que llevó a tierra a 22 inmigrantes con vida y 4 muertos, a los que desde entonces se han ido sumando en un goteo macabro que no cesa otros 19 cadáveres.

El drama múltiple de este mes de noviembre es tal que ayer miércoles, cuando se encontraron otros dos ahogados, aparecieron informaciones contradictorias sobre su posible procedencia. Son los de una mujer subsahariana de 30 años hallada en la playa de El Palmar, lo que hace pensar que viajaba en la barca neumática fracasada, y el cuerpo sin vida de un varón también subsahariano a 90 kilómetros de allí, en Los Corrales, Chipiona, del que en principio se dijo que pertenecía a la misma lancha hinchable, aunque la distancia hace pensar que más bien pudiera ser la víctima mortal número 20 de la patera de Los Caños de Meca.

El joven guineano fue trasladado con una hipotermia severa al hospital de Puerto Real, donde ayer permanecía ingresado. De su periplo, ha trascendido apenas que el viaje desde su país hasta Tánger, en Marruecos, le llevó dos años y que cuando las mafias le pusieron delante de aquella barca de juguete con la que debían adentrarse en el mar de oleaje picado y vientos que cortan la respiración, se dijo que su única alternativa era ser detenido por la policía marroquí. Y se montó.

El número de inmigrantes muertos y desaparecidos en la ruta marítima occidental que une el norte de África con España asciende este año a 620 personas.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!