Montañas calientes en Andorra, Cantabria, Asturias y Ávila

La Vuelta 2019 se juega en la montaña, es seña de identidad irrenunciable de la marca. Un modelo que ha seguido el Tour y que han refrendado las audiencias, según dice la organización. Siete etapas de tránsito por las cumbres españolas, varios parajes inéditos final de etapa (el Alto de Javalambre, el puerto de Ares del Maestrat en Castellón, el santuario del Acebo y el Alto de la Cubilla en Asturias y la Plataforma de Gredos en Ávila) y mucha montaña caliente en Andorra, Cantabria, Asturias y Ávila.

En esta ocasión es una Vuelta con tendencia norteña, ya que Andalucía, Extremadura y Murcia quedan fuera del trazado. Desaparece el insulso maillot de la Combinada y lo sustituye uno mucho más atractivo, el blanco del mejor joven, clasificación a la que solo podrán optar los corredores nacidos a partir del 1 de enero de 1994.

La carrera sale de las Salinas de Torrevieja con una contrareloj por equipos (18 kms), sube por el Levante hasta el novedoso Javalambre, pasa por Cataluña, se adentra en Andorra con una etapa corta con final en EnCamp con cuatro kilómetros de tierra (el «sterrato» que dicen los italianos), pasa a Francia con una contrarreloj en Pau (36 kms) y se deplaza por la cornisa cantábrica hasta la tremenda rampa de los Machucos (zonas del 28 por ciento de desnivel), tres jornadas en Asturias con un puerto larguísimo en Pola de Lena (La Cubilla, 25 kilómetros) y el Santuario del Acebo, cerca de Cangas de Narcea.

La carrera retoma hacia el centro por Burgos y desembarca en un epílogo por las montañas castellanas. Jornada de 180 kilómetros por las sierras de Madrid (Navacerrada, dos pasos por Morcuera y uno por Cotos) y Ávila (los célebres pasos por los altos de Pedro Bernardo, Serranillos y Peña Negra para acabar en la Plataforma de Gredos). Madrid acogerá su cincuentenario con el trayecto habitual por La Castellana.

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