Misterioso crimen en el tejar de la M√°rgara

En la tarde del lunes 5 de abril de 1920, los asiduos a los caf√©s toledanos animaban sus tertulias comentando la reelecci√≥n del procurador de los tribunales Justo Villarreal como alcalde, la celebraci√≥n de la Semana Santa, las representaciones teatrales que durante el fin de semana se hab√≠an realizado en el Rojas o el Teatro Moderno, el concierto dominical de la banda de m√ļsica de la Academia de Infanter√≠a en la plaza de Zocodover o las ¬ębellezas siderales¬Ľ que el d√≠a anterior se hab√≠an dejado ver en la romer√≠a del √Āngel. Junto a estos asuntos banales, sobresal√≠an las especulaciones sobre la autor√≠a y circunstancias en las que habr√≠ase cometido el asesinado de un ga√Ī√°n en el tejar de la M√°rgara, pr√≥ximo a la estaci√≥n del ferrocarril, cuyo cad√°ver fue encontrado horas antes.

A las siete y media de la ma√Īana, Celestino Barrasa, due√Īo del tejar comenz√≥ a organizar el trabajo del d√≠a en las dependencias del mismo. Al llegar a uno de los porches se encontr√≥ con el cad√°ver de un hombre con la cabeza magullada. El cuerpo sin vida estaba cubierto con un haz de espada√Īa. A su lado se encontraba un rimero de ladrillos, buena parte de los cuales estaban manchados de sangre. Aparentaba ser un obrero del campo, de unos treinta a√Īos de edad, vistiendo cazadora de pana verde, pantalones del mismo tejido atados con soguillas, camisa a rayas azules y blancas, calzando abarcas de neum√°ticos. A poca distancia hab√≠a un tapabocas de rayas grises y una gorra color caf√©. ¬ęSu aspecto ‚Äďse indicaba en ¬ęEl Castellano¬Ľ- era m√≠sero, m√°s acentuado a√ļn por la barba bastante crecida¬Ľ.

Antes de ser asesinado, Florentino Páramo alternó con unos vecinos de Layos en algunas ventas y tabernas cercanas a la estación. En la imagen, parador ubicado en el Paseo de la Rosa a principios del siglo XX (Foto, Gabinete Fotográfico de la Academia de Infantería. Colección Municipal de Postales. AMT)

Descubierto el cadáver, Celestino se dirigió a la estación del ferrocarril, dando cuenta de su macabro hallazgo a los vigilantes de servicio, quienes telefonearon al juzgado de instrucción. No tardaron mucho en presentarse en el lugar de los hechos el juez Carlos Carrasco, agentes de la Guardia Civil y de la policía. Tras realizar una inspección del tejar y sus inmediaciones, con ayuda de un perro, en un sembrado de cebaba próximo, se encontró una piedra de unos diez kilos de peso con restos de sangre y algunos cabellos adheridos.

Entre quienes se acercaron hasta el tejar a contemplar el cad√°ver figuraba el ordinario de Sonseca, quien lo identific√≥ como un ga√Ī√°n de su pueblo, llamado Florentino P√°ramo Dom√≠nguez y que era conocido con el sobrenombre de ¬ęMalichi¬Ľ. A√Īadi√≥, tambi√©n, que una hermana suya estaba ingresada en el Hospital de Dementes de la capital, que el fallecido viv√≠a con otra, llamada Mar√≠a, y que era soltero.

Iniciadas las investigaciones, se supo que ¬ęMalichi¬Ľ llevaba un tiempo dedic√°ndose a trabajos ambulantes. Un par de d√≠as atr√°s, en uni√≥n de otros sujetos, vecinos de Layos, hab√≠a estado alternando en la ¬ęVenta de la Bargue√Īa¬Ľ y otras tabernas pr√≥ximas a la estaci√≥n. El d√≠a anterior a su muerte se ocup√≥ como descargador en el muelle ferroviario, con la pretensi√≥n de ganar alg√ļn dinero con que poder pagarse la cena. Sobre las diez de la noche fue visto cruzando el Puente de Alc√°ntara, llevando sobre los hombros una manta y unas alforjas de lienzo.

Recorte de ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ dando cuenta del crimen cometido en el tejar de la M√°rgara.
Recorte de ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ dando cuenta del crimen cometido en el tejar de la M√°rgara.

Tras practicarse la autopsia, los doctores Alcubilla y Moreno determinaron que la muerte se produjo a causa de las lesiones provocadas por el golpe de la piedra encontrada en el sembrado. Se consideraba como muy probable que en el momento de la agresi√≥n estuviese durmiendo. As√≠ mismo se vio que en un bolsillo de punto, sujeto entre los pantalones y la ropa interior, portaba diez pesetas y treinta c√©ntimos en dos monedas de plata y calderilla, teniendo desabrochados los cordeles con que se ataba los pantalones. En tanto se conoc√≠an estos datos, por declaraciones a la prensa de sus hermanos, los toledanos supieron que ¬ęMalichi¬Ľ era ¬ęexcelente sujeto¬Ľ, a quien las dificultades de la vida, unidas a la eventualidad de su oficio, obligaban a ¬ęvagar constantemente en busca de trabajo¬Ľ por los pueblos m√°s inmediatos a Toledo. Hac√≠a tres semanas que hab√≠a estado por √ļltima vez en casa de Mar√≠a. Se daba la circunstancia, adem√°s, de que uno de sus hermanos, llamado M√°ximo, hab√≠a trabajado en el tejar de la M√°rgara a√Īos atr√°s. Tambi√©n, por informaci√≥n policial, se supo que el asesinado carec√≠a de antecedentes.

Los porches del tejar eran frecuentados por vagabundos y algunos transe√ļntes para pernoctar. En la noche de autos, adem√°s de Florentino, estuvieron all√≠ un grupo de golfillos. Uno de los rapaces, Quiterio Llaud√≠, declar√≥ a los investigadores que sobre las cuatro de la ma√Īana oy√≥ varios golpes secos, advirtiendo a uno de sus compa√Īeros, quien le mand√≥ callar no fuese a o√≠rles el amo y los echase del lugar. Otro de los chicos dijo que momentos despu√©s escuch√≥ remover los haces de espada√Īa almacenados cerca de ellos. Poco despu√©s, sobre las cuatro y media, el sereno del barrio, Pedro Mart√≠n, pas√≥ por el tejar, sorprendiendo a los mozalbetes y expuls√°ndoles de all√≠, ya que algunos de ellos estaban fumando junto la le√Īa en que descansaban. El empleado municipal, adem√°s, sinti√≥ una especie de ronquidos, que atribuy√≥ a alg√ļn cerdo que por all√≠ estuviese gru√Īendo, si bien en los peri√≥dicos se especul√≥ con que podr√≠an haber sido los √ļltimos respiros del agredido. A la ma√Īana siguiente, cuando Barrasa y su criado, Eloy Gallo, comenzaron a barrer los porches, descubrieron los restos de sangre, que atribuyeron en primer lugar a alg√ļn animal que all√≠ hubiesen matado, aunque luego al levantar los manojos de espada√Īa encontraron bajo ellos el cuerpo sin vida de ¬ęMalichi¬Ľ.

Vista aérea de la estación de Toledo, a cuya espalda se observa el charcón de la Márgara (Foto, AMT)
Vista aérea de la estación de Toledo, a cuya espalda se observa el charcón de la Márgara (Foto, AMT)

Los golfillos ‚Äď¬ęEl Llaud√≠¬Ľ, ¬ęEl Calabacita¬Ľ, Francisco Garc√≠a y Juan S√°nchez y otros dos m√°s- eran conocidos ¬ęmaleteros¬Ľ, dedic√°ndose a trasladar desde el centro de la ciudad a la estaci√≥n del ferrocarril, y viceversa, los equipajes de los militares de la Academia. Seg√ļn manifestaron, era la primera vez que dorm√≠an en el tejar, ya que de buena ma√Īana pretend√≠an ¬ęviajar¬Ľ en los topes de un convoy que trasladaba a los cadetes a unas maniobras.

Interrogados los dos individuos de Layos, Natalio Mej√≠as y Lorenzo L√≥pez, con quienes Florentino hab√≠a estado en la ¬ęVenta de la Bargue√Īa¬ę, se descart√≥ totalmente su implicaci√≥n en el suceso, ya que la v√≠spera del asesinato, tras dejar a ¬ęMalichi¬Ľ regresaron a su localidad. Las investigaciones del juez instructor determinaron que uno de los chicos que hab√≠a pernoctado en el lugar se march√≥ a Madrid no sabi√©ndose nada de √©l desde entonces. La piedra con que presuntamente se cometi√≥ el crimen fue sometida a diferentes pruebas periciales en busca de huellas dactilares.

Los d√≠as pasaban y las investigaciones no daban soluci√≥n al caso, consider√°ndose el robo como m√≥vil m√°s probable del asesinato, toda vez que ni las alforjas ni la manta que portaba Florentino cuando fue visto por √ļltima vez en el puente de Alc√°ntara aparec√≠an y el hecho de que llevase desabrochadas las soguillas con que ataba sus pantalones podr√≠a indicar que hab√≠a sido registrado despu√©s de muerto.

Ante el retraso en el esclarecimiento de los hechos, entre los vecinos del barrio de la Estaci√≥n crec√≠a el sentimiento de indignaci√≥n por el misterioso y repugnante crimen. Esa misma conmoci√≥n estaba presente en las p√°ginas de ¬ęEl Eco Toledano¬Ľ donde dos semanas despu√©s de perpetrado el asesinato se consideraba ¬ęlamentable¬Ľ la falta de resultados, porque de ser as√≠, ¬ęnadie podr√≠a evitar que sobre la historia de Toledo cayese un manch√≥n de ignominia¬Ľ y porque la Justicia ¬ęquedar√≠a obligada a apuntarse en su hoja de servicios, un fracaso lastimoso¬Ľ. Tal inquietud era respondida por las autoridades, indicando que pronto, ¬ęsupon√≠an¬Ľ, podr√≠a presentarse al asesino convicto del crimen, argumentaci√≥n a la que desde el citado diario, dirigido por Antonio Garijo, se respond√≠a con argumentos ir√≥nicos, pretendiendo dejar en evidencia a los investigadores:

¬ęTambi√©n se supone ‚Äďdeci√°n- que el ruido que suponen oyeron algunos que dorm√≠an cerca de donde dorm√≠a el asesinado, pudo ser el de un aeroplano, que pudo aterrizar en aquel sitio, y el ocupante, que pod√≠a ser un poderoso enemigo malo del muerto, traer preparada la piedra que descarg√≥ tres veces sobre la cabeza del que dorm√≠a, machac√°ndosela, y al elevarse otra vez el aeroplano, se le cay√≥ la piedra al sembrado, ruido que tambi√©n dicen que notaron, los que por all√≠ descansaban, por esto no qued√≥ ni rastro de patas, ni se√Īales dactilares, ni se√Īal alguna, solo que se llevaron las alforjas, como recuerdo de la haza√Īa, pero se supone que se presentar√°n, el d√≠a menos pensado¬Ľ.

La falta de novedades termin√≥ diluyendo el inter√©s period√≠stico y vecinal por la resoluci√≥n del crimen, siendo relevado en los comentarios de los caf√©s toledanos por la tr√°gica muerte de Joselito, corneado en la plaza de toros de Talavera de la Reina, y las turbulentas sesiones celebradas en el Ayuntamiento tras la reelecci√≥n de Justo Villarreal como alcalde, que culminaron en la noche del 25 de mayo cuando el primer edil fue tiroteado en las inmediaciones de las Tendillas, cerca de su domicilio. En enero de 2017 ya nos hicimos eco de ese atentado en estos ¬ęEsbozos¬Ľ, al igual que meses despu√©s relatamos la desaparici√≥n y muerte del golfillo Llaud√≠, asesinado en 1924 por un guarda de ¬ęLa Sisla¬Ľ y cuyo cad√°ver fue encontrado en las aguas del Tajo, junto a la presa del Molino de Romayla.

Am√©n de la misteriosa muerte de ¬ęMalichi¬Ľ, de la M√°rgara se habl√≥ mucho en el Toledo de los primeros a√Īos del siglo XX en Toledo, tanto por diferentes sucesos acaecidos all√≠, como por un pertinaz problema de salubridad localizado en un charc√≥n existente en el paraje.

En septiembre de 1899, el cuerpo de un criado del tejar, apodado ¬ęPirracas¬Ľ, fue encontrado sin vida flotando en las aguas del Tajo, cerca de la isla de Safont, tras llevar varios d√≠as desaparecido. La √ļltima vez que se le vio con vida llevaba una gran borrachera. En noviembre de 1916, Mariano Losada Moreno, quien habitaba accidentalmente en una casilla del tejar, fue herido de bala por los disparos realizados contra √©l por Emilio Gonz√°lez Gonz√°lez, quien fue detenido poco despu√©s camino de Algodor. Nueve a√Īos despu√©s, en julio de 1925, el obrero Amadeo Aparicio Arenas result√≥ gravemente herido tras quedar sepultado por un desprendimiento de tierras.

Frecuentes eran, tambi√©n, las quejas de los vecinos y la prensa de la √©poca sobre los problemas que para la salud p√ļblica constitu√≠a el embalsamiento de aguas residuales junto al tejar, donde, adem√°s, vert√≠an los retretes de la estaci√≥n de ferrocarril. Ante el constante estado de putrefacci√≥n que presentaban, se solicitaba al ayuntamiento su desaparici√≥n o el volcado de escombros en las mismas para cegarlas, evitando que pudieran ser foco de propagaci√≥n de epidemias. El charc√≥n de la M√°rgara fue desecado varias d√©cadas despu√©s de los hechos relatados en esta cr√≥nica, siendo a√ļn recordado por vecinos de la capital y del barrio de Santa B√°rbara.

María, la hermana con la que Florentino convivía algunas temporadas en Sonseca, también protagonizó meses después espacio en la crónica toledana de sucesos, al agredir a su vecina, Anastasia Cabello, con la mano de un almirez, causándole una herida de importancia en la cara. Al ser detenida declaró que le había atacado por insultar a una hija suya, a quien Anastasia acusó de haber robado seis barras de longaniza.

Enrique S√°nchez Lubi√°n, escritor y periodista
Enrique S√°nchez Lubi√°n, escritor y periodista

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