Millonarios, pero con sentido común

David Eimil atiende la barra del Cascudo. Hace casi un año el bar de su familia en la parroquia vilalbesa de San Xoán de Alba repartió una tercera parte de las 130 series del gordo de la lotería de Navidad vendidas por la Administración nº 1 ‘Loterías El Alcázar’. Dejaron 520 millones de euros en una localidad de 14.000 habitantes, el mayor premio de España. Los Eimil también fueron afortunados. Pero desde entonces continúan con su rutina diaria, como el resto de habitantes de una zona dedicada, sobre todo, a la ganadería.

«La gente está como siempre, aunque más feliz y tranquila. No veo nada fuera de serie», relata el hijo del propietario del Cascudo que trajo la suerte a todos sus vecinos. José María Eimil fundó el bar en 1993 y desde entonces empezó a comprar lotería. Siempre elegía boletos que acababan en ocho. El 22 de diciembre del año pasado los niños del Colegio San Ildefonso cantaron el 71.198. Tras el gordo, muy repartido entre los habitantes de la localidad, David Eimil decidió cogerse por primera vez una semana de vacaciones y hacer un viaje. «La gente cumple aquello que le hace ilusión. Yo me compré también un tractor cortacésped, que tenía ganas desde hacía tiempo», relata. Como él casi toda la familia sigue atendiendo el bar-restaurante. Su madre se ocupa de la cocina y confirma que la mayoría de los vilalbeses se han gastado el dinero con prudencia.

Mari Carmen Fernández, empleada de la Administración nº 1 ‘Loterías El Alcázar’ no fue afortunada, pero sigue feliz por haber repartido el gordo. «Yo despilfarro no veo, veo bastante sentido común», afirma. En general todos coinciden en que el dinero de la lotería de Navidad sirvió para pagar hipotecas, arreglar las casas o renovar el parque móvil de la localidad. Pero las calles de la villa natal de Manuel Fraga no se han llenado de cochazos.

Yago Janeiro, encargado de Mercauto, principal concesionario de la localidad, explica que las ventas se han incrementado notablemente. «A mediados de año ya habíamos cumplido los objetivos para todo el ejercicio», subraya. Pero los modelos más vendidos, salvo un par de excepciones, fueron los tipo todocamino y los utilitarios de gama media como el Opel Astra o el Ford Focus. «Se compraron coches con mucha cabeza», apunta el encargado. Los vecinos también han decidido cuidar mejor sus vehículos viejos y las reparaciones en el taller anexo al concesionario se han incrementado.

Muchos vilalbeses decidieron invertir el dinero de la lotería en esas obras de mejora pendientes en sus viviendas que nunca llegaban a acometerse. En el último año, encontrar empresas de reforma en el municipio ha resultado difícil e incluso muchos albañiles, pintores, fontaneros o electricistas de Lugo han encontrado entre los vecinos de Vilalba a su mejor clientela.

«La gente de aquí es muy llana con el tema del dinero. Sabe lo que es no tenerlo, porque vivieron momentos duros. Siguen haciendo lo mismo que hacían, pero yo los veo por lo general más felices y de mejor humor», asegura Mari Carmen Fernández. La administración de lotería en la que trabaja es estos días un hervidero. La oficina volvió a apostar por el mismo número que resultó ganador el año pasado y tan pronto se puso a la venta «en seis días vendimos 770 series», explica. Mucha gente ha llegado al pueblo desde otras comunidades para comprar lotería y de paso conocer el municipio. «Lo nota mucho el comercio y la hostelería», relata la lotera.

En el Cascudo también se agotaron sus boletos rápidamente. A mediados de julio la familia Eimil los puso a la venta. «Vendimos 300-400 décimos en una mañana», afirma David. En una semana se habían agotado las 170 series adquiridas. Aunque buena parte se volvieron a distribuir entre los habitantes de San Xoán de Alba, el bar también se ha convertido en lugar de peregrinaje para compradores de lotería procedentes de toda España. «El año pasado ya hubo clientela de aquí que se quedó sin décimo. No estaba para ellos», reflexiona David Eimil, mientras saluda a un comensal al que le recuerda con humor que a él no le tocó. El camarero explica que la suerte a veces es caprichosa y cuenta una anécdota. En el verano de 2016 unos asturianos pararon por el Cascudo y se dejaron olvidada una tarjeta para cerrar el coche. David se la guardó y al año siguiente volvieron a por ella. «Tomaron dos cafés y yo los invité. Entonces me dijeron que ya que los invitaba se iban a comprar dos décimos de lotería», relata. El 22 de diciembre pasado se llevaron 400.000 euros por boleto, que se quedan en unos 320.000 si se le descuenta la parte de impuestos que va para Hacienda.

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