milagro en una de las metrópolis más caóticas del planeta

En medio de una de las metrópolis más contaminadas y caóticas del planeta, una megaciudad en la que no existen ni el transporte público ni las aceras y en la que torres gigantescas de intensa belleza aparecen por todas partes en medio de zonas de banianos y riachuelos grisáceos, el centro cultural Komunitas Salihara es como un milagro. Situado en medio de un barrio popular colorido y encantador, es un centro privado, quizá humilde en medio de la desmesura de esta ciudad de locos. Es aquí donde se celebra durante dos días un «Festival Don Quijote» para celebrar la primera traducción al indonesio de la obra maestra de Cervantes. Esta hazaña cultural ha sido un proyecto de la embajada española y del Aula Cervantes de Yakarta (todavía no hay aquí un Instituto Cervantes), y abre el Quijote al público de un país de 260 millones de habitantes.

Lo más fascinante es que el director de Komunitas Salihara, el escritor Goenawan Mohamad, es un entusiasta del Quijote y ha escrito varios libros sobre el tema. Me regala dos de ellos, uno de ensayos, que está en indonesio y no puedo leer, y otro de poemas con traducción al inglés. Qué extraño, qué misterioso es estar en Yakarta oyendo un recital de poemas sobre el Quijote, viendo un espectáculo de marionetas sobre el Quijote y escuchando las canciones del gran Ananda Sukarlan para voz y piano sobre poemas de Cervantes. Todo es extraño y al mismo tiempo familiar. El jet lag me hace estar todo el rato en un estado de sueño y fantasía. Varias de las preguntas del público apuntan a la posición de Cervantes frente al islam. ¿Cómo es posible que no sintiera el menor resentimiento después de su cautiverio en Argel? La respuesta es sencilla: porque para Cervantes lo importante son los individuos. Por eso su cautivo se encuentra con musulmanes crueles y musulmanes bondadosos. Por eso Ricote, el morisco, está entre los personajes más positivos y sensatos del libro. Sí, España podrá tener muchas cosas malas, pero tiene en el centro una luz que se llama Cervantes.

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