Mientras se vuelan los campos: una sensible historia de chacareros

Mientras se vuelan los campos

Nuestra opinión: buena

Libro: Raquel Albéniz. Elenco: Coni Marino, David Masajnik, Claudio Pazos. Dirección: Raquel Albéniz, Paula Etchebehere. Sala: Centro de la Cooperación, Corrientes 1543. Funciones: sábados, 22.30.

Elena, Silvio y Aira son seres que habitan una zona de chacras que ha sido devastada por la sequía. Como pueden conviven con el viento y el polvo que hacen que sus vidas hayan perdido todo sentido. No pueden cosechar la tierra ni criar animales. Todo ha sido diezmado. La pareja solo piensa en irse a vivir al pueblo más cercano. Aira fantasea con un derrotero muy singular, lograr que una de sus gallinas pueda participar en un concurso que quizá le brinde algún beneficio. Entre sus pobres aspiraciones el tiempo transcurre tornando a estos individuos cada vez más patéticos y desesperados. Por momentos son criaturas muy ligadas a un realismo extremo y en otros se codean con el absurdo de modo natural.

Raquel Albéniz, como dramaturga, da forma a un texto de pequeñas situaciones que se potencia porque encuentra en el juego escénico la posibilidad de aportarle una vitalidad mayor a ese mundo que pareciera imposible de ser modificado. Donde además los sucesos que se encadenan no permiten que esas criaturas crezcan, se fortalezcan, porque tanto sus discursos como sus acciones se repiten en un sinfín que parecería no detenerse. Paula Etchebehere y Albéniz logran desde la dirección potenciar una acción dramática que encuentra en Coni Marino, Claudio Pazos y David Masajnik a unos magníficos aliados. Muy dispuestos a hacer crecer el drama dan forma a unos personajes de características muy especiales. Con mucha seguridad construyen a esas criaturas con detalles muy precisos.

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