“Mi mundo se derrumb√≥ en un pesta√Īeo”: c√≥mo el coronavirus arras√≥ con una familia china

Residentes de Wuhan saludan a personal médico que deja la ciudad Fuente: Reuters

El relato de una mujer de Wuhan que perdió a su marido y a su padre durante el brote; el colapso de los hospitales y la falta de testeos fueron claves

PEK√ćN.- El √ļltimo mensaje que Li Song recibi√≥ de su esposo fue el emoji de OK, con el que daba a entender que se estaba recuperando de la neumon√≠a que hab√≠a obligado a internarlo. Cuatro horas despu√©s, la llamaron del hospital: hab√≠a muerto.

Li tiene 53 a√Īos y luch√≥ durante d√≠as para salvar la vida de su esposo de la misma edad, Hong Li, despu√©s de que ambos contrajeran el virus. Uno de los rasgos distintivos del nuevo coronavirus es el modo en que se propaga en el seno familiar. Ahora que el foco de la pandemia se desplaz√≥ de Asia a Europa y Estados Unidos, ese patr√≥n de conducta del virus probablemente se repita, y con las mismas y devastadoras consecuencias. Li vive en Wuhan, y aunque ahora el n√ļmero de infectados est√° bajando, esa ciudad fue el epicentro inicial del brote, y al igual que miles de vecinos Li tuvo que ver c√≥mo el virus arrasaba impiadosamente con su vida.

Hay muchas preguntas para las que la mujer no encuentra respuesta. ¬ŅC√≥mo entr√≥ el virus a su familia? ¬ŅPor qu√© su marido sucumbi√≥ tan r√°pido? ¬ŅY por qu√© algunos integrantes de su familia se enfermaron tan gravemente y otros se recuperaron r√°pido o no tuvieron s√≠ntomas? Si hay algo que queda claro es que el virus ha demostrado ser m√°s letal entre los adultos mayores con enfermedades preexistentes. Es el caso de Hong, esposo de la se√Īora Li, que sufr√≠a de diabetes.

El 23 de enero, Li, su esposo, sus padres, sus dos hijos y su hermana y la mujer celebraron juntos la llegada del A√Īo Nuevo lunar. Al d√≠a siguiente, su madre, de 86 a√Īos, empez√≥ a tener fiebre y una diarrea leve.

Supusieron que se trataba de un resfr√≠o com√ļn. Pero dos d√≠as despu√©s tambi√©n su hermano mayor y su esposa cayeron enfermos. Un d√≠a m√°s tarde, lo mismo les pas√≥ a ella y a su esposo. “Me fui preocupando cada vez m√°s”, dice Li.

Las tomograf√≠as de t√≥rax confirmaron que Li y Hong hab√≠an contra√≠do el coronavirus. Sin embargo, en aquel entonces no pod√≠an ser internados sin un resultado positivo para el test espec√≠fico del virus, y en el hospital les dijeron que solo contaban con un pu√Īado de kits de an√°lisis por d√≠a. Gracias a un contacto m√©dico que ten√≠a la familia, lograron hacerse el testeo, pero los resultados estar√≠an reci√©n 48 horas despu√©s. El de ella dio negativo -por entonces los tests no eran confiables-, pero el de Hong dio positivo. En busca de un hospital que ingresara a su esposo, Li se comunic√≥ con todos sus contactos. El cuadro de su marido empeoraba minuto a minuto. “La sensaci√≥n de impotencia me volv√≠a loca”, recuerda Li.

Cama disponible

Se enteró de que al día siguiente tal vez se liberara una cama en el Hospital Sindical de Wuhan, afiliado a la Universidad de Huazhong, a la que pertenecía su esposo.

“Estaba segura de que si lo internaban se iba a salvar”, recuerda. Para entonces ya no pegaba un ojo y se pasaba la noche chequeando la temperatura y el nivel de ox√≠geno en sangre de su esposo con un aparatito que le hab√≠a prestado un compa√Īero de clase a su hijo.

A las 5 de la ma√Īana del 5 de febrero, la mujer junt√≥ los registros m√©dicos de su esposo y sus objetos personales y lo ayud√≥ a vestirse y afeitarse. Hong le pidi√≥ que lo acompa√Īara y se quedara a cuidarlo, pero ella le explic√≥ que los hospitales no permit√≠an la permanencia de los familiares. Se despidieron con un abrazo en la entrada del hospital. Su esposo respiraba con dificultad. Li recuerda haberle dicho que se sometiera obedientemente al tratamiento. Esa tarde, su esposo la llam√≥ desde el hospital para decirle que ya se sent√≠a mejor. El 7 de febrero a la ma√Īana, Hong le inform√≥ que su mejor√≠a era notable, que ya no ten√≠a fiebre y que sus niveles de ox√≠geno eran otra vez normales.

A eso de las 19, Hong dej√≥ de contestar los mensajes. Su mujer supuso que dorm√≠a. A las 22.45 la llamaron del hospital para decirle que su esposo se hab√≠a ca√≠do en el ba√Īo y que estaba tan d√©bil que no podr√≠an salvarlo. “Mi mundo se derrumb√≥ en un pesta√Īeo”, escribi√≥ luego en una serie de cartas que le dirigi√≥ a su esposo muerto. “Llorando de angustia, me arrastr√© hasta el hospital y no me dejaron entrar”.

Tres d√≠as despu√©s, Li sufri√≥ otro golpe: su padre, de 88 a√Īos, que no hab√≠a manifestado s√≠ntomas, muri√≥ de anemia y falla multiorg√°nica en su casa de Wuhan: con todos los hospitales desbordados por el coronavirus, no le hab√≠an hecho las transfusiones de sangre que necesitaba peri√≥dicamente. Li no pudo verlo: las restricciones a los desplazamientos eran cada vez m√°s estrictas y tras la muerte de su esposo, ella deb√≠a guardar cuarentena en casa.

El resto de su familia sobrellev√≥ mejor el virus. Los s√≠ntomas de su madre fueron leves. Su hermano mayor y la mujer, ambos activos y saludables, mejoraron en unos 10 d√≠as. Se hab√≠an aislado en su casa y recurrieron a la medicina tradicional china. La hija de 17 a√Īos de la pareja tambi√©n tuvo fiebre un par de d√≠as y despu√©s se mejor√≥.

En retrospectiva, Li cree que sus padres trajeron el virus del hospital en enero, cuando tuvieron que ir por un problema en los huesos. Tambi√©n a principios de enero las noticias hab√≠an empezado a hablar mucho de la propagaci√≥n del virus, y Li recuerda haberse aprovisionado para los festejos del A√Īo Nuevo lunar con numerosas visitas al supermercado, otra fuente de contagio.

Desde la muerte de su esposo, Li est√° encerrada en su casa con sus hijos de 18 y 20 a√Īos, que llegaron de visita para el A√Īo Nuevo y nunca pudieron irse, por el cerrojo que rige sobre Wuhan.

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