Meghan y Catalina escenifican la distensión en Sandringham

El breve camino que media entre Sandringham House y la iglesia de Santa María Magdalena, en la mañana de la Navidad, ha sido suficiente para echar algo de agua al fuego de la polémica en torno a quienes hace exactamente un año fueron retratados por una espontánea como los «cuatro fantásticos». Más de uno temía que las tensiones acabaran en un incendio incontrolado debido al mal humor que supuestamente gasta Meghan Markle, quien ha pagado con el alto precio de una campaña mediática en la frontera del desprestigio personal: de provocar la dimisión de dos asesoras a causar el llanto de su cuñada,Catalina de Cambridge, durante los preparativos de la boda de la exactriz con el Príncipe Harry, pasando por el supuesto distanciamiento del Príncipe Guillermo con su hermano pequeño.

Carlos de Inglaterra, el Príncipe Guillermo, Catalina de Cambridge, Meghan Markle y el Príncipe Harry – AFP

Ayer todos los ojos estaban puestos en la Familia Real británica, que, como marca la tradición, se reúne al completo para pasar la Nochebuena y el día de Navidad en esta residencia del condado de Norfolk, propiedad de la Reina de Inglaterra. No importan las estrecheces, ni que las 29 estancias de la casa sean insuficientes para la treintena larga de hijos, nietos, primos, sobrinos…, amén de la familia política. Tampoco que algunos de ellos tengan que acomodarse en los cuartos de servicio o que el propio servicio, en buena parte, esté de libranza por orden de Isabel II. Son las únicas dos jornadas en las que «The Firm», tal y como se se llaman a sí mismos, están juntos en el mismo tiempo y lugar para tomar el té, intercambiarse regalos –de obligado modesto precio–, cenar, entonar villancicos y acudir a la iglesia.

La Reina Isabel II, a su salida del templo
La Reina Isabel II, a su salida del templo – REUTERS

Ayer los Duques de Cambridge y los Duques de Sussex llegaron juntos a la pequeña iglesia, con Carlos de Inglaterra dos pasos por delante. Guillermo y Harry en los extremos, desde donde saludaban al público congregado con leves movimientos de cabeza;Catalina y Meghan sonriéndose, bisbiseándose de cuando en cuando y regalando a los fotógrafos ciertos gestos de cariño, como una mano de la Duquesa de Sussex posada fugazmente sobre la espalda de la Duquesa de Cambridge.

La armonía que se ha querido transmitir para apaciguar el agitado ambiente de los últimos meses en torno a los hijos de Diana de Gales y sus respectivas esposas se notó incluso en el conjuntado estilismo de ambas: sobrio y monocolor. Mientras que Catalina de Cambridge lució un abrigo rojo de Catherine Walker de los años 40, que completó con un broche dorado, tocado en forma de diadema y stilettos, Meghan Markle fue bastante más contemporánea: abrigo azul oscuro (2.500 euros), bolso (1.300) y botas altas de su buena amiga Victoria Beckham.

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