«Me animó pensar que podríamos ser útiles a la población»

León Guardar

El estado de alarma aprobado el sábado 14 de marzo obligó a muchos negocios a echar el cierre, permitiendo a apenas un puñado, entre ellos las ópticas, seguir funcionando para garantizar a los ciudadanos la adquisición de productos de primera necesidad. «Al principio, cuando el Gobierno anunció que las ópticas podían permanecer abiertas, tuve un sentimiento de vulnerabilidad e incertidumbre que se fue transformando en coraje y responsabilidad con la sociedad. Por un lado estaba el hecho de saber que lo mejor que podíamos hacer todos era quedarnos en casa y, por el otro, el pensar que podríamos ser muy útiles para un pequeño sector de la población que pudiese necesitar nuestros servicios».

Así lo indica Rosa Ortega, óptica en León. Ella trabaja para una empresa que tiene dos tiendas y seis empleados, además de la jefa, y asegura que «no se ha obligado a nadie a ir a trabajar, yo me presté voluntaria». Han seguido atendiendo durante estos días, eso sí, adaptando su forma de trabajar a las circunstancias. «Acordamos condiciones especiales que pudiesen garantizar tanto la seguridad de los clientes como la nuestra». Entre ellas, cita el «tener un único efectivo en cada tienda, la reducción del horario de apertura, la atención bajo cita previa o el seguimiento de un protocolo de actuación que impida descuidos a la hora de la desinfección».

Señala que son pocos los clientes que han acudido, lo que considera que es una «señal del compromiso con las medidas actuales», aunque también les han hecho peticiones que a su juicio «se podían posponer».

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