May descarta convocar elecciones para desbloquear el Brexit

Uno de los comentarios que hizo entre sus colaboradores el negociador europeo Michel Barnier después de su comparecencia el pasado 3 de septiembre ante el Parlamento Británico fue que durante esta visita había constatado que cualquiera que fuese el desenlace de las negociaciones sobre el Brexit, en sus filas no habría una mayoría para ratificarlo.

La clase política británica está tan fragmentada que en estos momento ninguna de las opciones posibles, ni el plan de Chequers, ni un Brexit traumático, ni anularlo todo e ir a segundo referéndum, llegaría a sumar un bloque mayoritario. Los rumores sobre una convocatoria electoral que ayer publicó el «Sunday Times» y que fueron inmediatamente desmentidos por el negociador británico, Dominic Raab, se corresponden exactamente con esta situación enrevesada. Sin embargo, ayer Raab descartó totalmente la posibilidad de que la primera ministra tenga planes de acudir a las urnas para buscar un respaldo claro a sus posiciones, que han sido consideradas como insuficientes por el bloque comunitario e insistió en que lo que ha pasado en Salzburgo ha sido «una piedra en el camino» y que a pesar de las circunstancias seguirán «negociando de buena fe». El problema es que desde Bruselas le responden siempre que han sido ellos, los británicos, los que han decidido unilateralmente salir de la Unión y que no se sienten obligados a hacer concesiones que puedan perjudicar la integridad del mercado único.

Teatralización de May

Pero según Raab los negociadores europeos deberían hacer una nueva propuesta antes de la crucial reunión del Consejo Europeo en Bruselas el 18 de octubre. No lo ven igual desde Bruselas, donde piensan que le corresponde a May modificar su propuesta, sobre todo en el capítulo de las garantías respecto a la frontera en la isla de Irlanda. En todo caso, no es de esperar ya ningún movimiento estratégico europeo hasta después de la conferencia del Partido Conservador, los primeros días de octubre, en la que la primera ministra deberá luchar por conservar su puesto ante las distintas conspiraciones que pueden descabalgarla de su puesto.

Si hubiera que apostar por una razón para explicar por qué May decidió teatralizar tanto su disgusto ante la respuesta de los europeos en Salzburgo, probablemente ganaría la tesis de que lo hizo para poder presentarse como la víctima de los pérfidos continentales y despertar así una corriente de apoyo nacionalista entre los conservadores. Y probablemente los que se quedan en la UE pensaron, por su lado, que lo mejor que le puede pasar ahora a todos es que se convoquen elecciones anticipadas, para desbloquear una situación política en Londres.

De momento, esta semana es la Asamblea General de la ONU y buena parte del centro de gravedad de las discusiones se va a trasladar a Nueva York. Barnier, que ha permanecido en un segundo plano en los últimos días, podría dar una sorpresa de talla si anunciase que también opta al puesto de candidato del Partido Popular Europeo a la presidencia de la Comisión, para disputárselo al alemán Manfred Weber, para lo que se vería obligado a dimitir . Ello tendría una repercusión directa en el desarrollo de esta fase crucial de las negociaciones. Pero sobre ello, Barnier permanece mudo. Implacablemente mudo.

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