Mas y Puigdemont pactaron en Waterloo y a espaldas de Torra

El acuerdo para entregar la Diputación de Barcelona a la socialista Nuria Marín lo cerraron Artur Mas y Carles Puigdemont hace 15 días en Waterloo, a espaldas de Quim Torra, que se enteró por la prensa cuando la noticia fue filtrada.

Para Puigdemont, esta decisión responde al odio que siente por Esquerra en general y por Oriol Junqueras. También el factor personal influye en la política. Además, los socialistas le ofrecieron mantener y eventualmente ampliar el contrato de 6.000 euros mensuales con su esposa, Marcela Topor, por presentar un programa semanal en la red de televisiones locales que dependen de esta institución. Con esto le ha bastado a Puigdemont para «romper la unidad del independentismo», lo que tanto reprochó a ERC cuando los republicanos querían presentarse a las elecciones con su marca electoral y no bajo el paraguas de una candidatura conjunta.

Para Artur Mas, el pacto con los socialistas es el principio de una estrategia de más largo alcance. La Diputación será un banco de pruebas para futuros acuerdos que pueden afectar a la Generalitat. En su regreso a la política —de partido—, Mas quiere recuperar la centralidad política de Convergència y para ello juzga imprescindible cambiar a Esquerra por el PSC como socio de referencia.

Tanto para Puigdemont como para Mas, Quim Torra es un empleado menor que además no entiende de política, y consideran que su cometido no es entender las cosas sino obedecer las órdenes.

Si Ada Colau en el Ayuntamiento tuvo la justificación de continuar siendo alcaldesa para «matar» a Esquerra y aceptar los votos de Ciudadanos, en la Diputación, los convergentes ni siquiera pueden usar la obtención de la presidencia como excusa por haber marginado a Esquerra. Ha sido puramente un cambio estratégico de aliados.

La unidad independentista siempre ha sido más un deseo que una realidad. Fue una necesidad para Convergència y un sometimiento para Esquerra. De la CUP nunca más se supo, porque pese a que existe una mayoría de diputados independentistas en el Parlament, se trata de una mayoría numérica, retórica, que no se ha articulado políticamente desde la declaración de independencia del 27 de octubre de 2017.

La actual brecha entre los dos grandes partidos no presupone un anticipo electoral que no interesa a nadie —salvo tal vez al PSC— pero constituye, por cómo se ha producido, una humillación para Torra, al que ya sólo le queda una asonada de inevitable destino carcelario para saciar ni que sólo sea con un simulacro su ansias de pasar a la Historia.

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